Talles y detalles de una ley que genera controversia
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"Con la ley de talles de la provincia de Buenos Aires, a partir del próximo miércoles, alguien que fabrique minifaldas estaría en infracción y sería multado." Con esta frase Héctor Kolodny, director ejecutivo de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), destaca algunos de los absurdos que plantea esa legislación y la disposición 478 del Ministerio de la Producción que la reglamenta. Una norma en la que las partes involucradas no tuvieron voz ni voto, y que la industria textil se resiste a cumplir.
"Reglamentar una actividad privada está en contra de las normas constitucionales porque es cercenar el libre ejercicio de una actividad lícita en la Argentina", remarca Kolodny. El 21 de junio último, la provincia de Buenos Aires publicó la disposición N° 478, que estableció un plazo de 180 días para que fabricantes, distribuidores y minoristas pongan en la cadena de comercialización las nuevas medidas de ropa para adolescentes (talles del 38 al 48). También fijó las normas para la marcación de pantalones, camisas, remeras y blusas, por lo que los fabricantes tendrán que reemplazar las actuales denominaciones S, M, L y XL por la numeración que corresponde a las medidas antropométricas establecidas según las normas IRAM (entidad encargada de crear las normas técnicas de todo lo que se fabrica en el país), y que figura en el anexo de la citada ley.
"Esas medidas no se corresponden con las chicas de nuestro país", asegura el dirigente. Para los talles máximos de un pantalón, entre 60 y 80 centímetros de cintura, y entre 86 y 106 de cadera. Las remeras o camisas tendrán que medir entre 62 y 102 centímetros de contorno de busto, y las polleras, 59 centímetros de largo en el talle 38 y hasta 64 para el 48.
Carlos Bosaldúa, vicepresidente de la fundación Protejer, coincide con Kolodny y agrega: "Como fundación y como textiles creemos que es importante hacer un buen relevamiento antropométrico de las áreas geográficas porque una persona de Buenos Aires no tiene las mismas medidas que del norte o sur del país". Pero esta falla no es la única. La tardía reglamentación hace imposible la puesta en práctica de esta ley: "Cuando se conoció, la mayoría de las fábricas tenían definida la temporada primavera-verano porque las líneas de producción se ponen en marcha al promediar el otoño y se entregan en agosto", detalla Kolodny.
Estas desprolijidades, sumada a la crítica de los industriales por no haber sido consultados al momento de pensar en esta reglamentación, auguran un futuro poco feliz. Los empresarios adelantaron que preparan un reclamo judicial. "La CIAI presentará un recurso de amparo habiendo unanimidad de criterio de la inconstitucionalidad de la medida", asegura Mony Rivas, de la firma Chocolate.
No tan simple
La ley de talles -una iniciativa impulsada por la ex diputada María del Carmen Banzas- fue aprobada en marzo de 2001, y busca modificar los hábitos de consumo para evitar la proliferación de enfermedades como la bulimia y la anorexia. "El fundamento es inadmisible -dispara Rivas-. Culpar a la industria de la indumentaria de ser uno de los responsables de algo tan delicado es demasiado simplista, ya que dichas enfermedades esconden causas más profundas que no tienen que ver con encontrar o no un talle o modelo acordes con la figura."
En este sentido, la psicoanalista Silvia Fendrink agrega: "Las supuestas buenas intenciones sólo sirven para difundir prejuicios basados en moldes uniformes de pensamiento, como lo demuestra el que hoy ya no se pueda pensar en la moda sin anorexia y en la anorexia sin la moda; de ahí que se apele a una ley que prohíba o regule la venta de talles XS, o que pretenda uniformar lo mismo para todas".
Soluciones, según los involucrados, muchas, sólo es necesario sentarse a dialogar para buscarlas en conjunto. "Es importante respetar la inteligencia media del empresario que sabe a qué consumidor está apuntando. Creo que lo importante sería sincerar los talles: que un 42 sea un 42 y no en una marca un 38 y en otra un 44." Para la diseñadora Mirta Armesto este punto es fundamental: "Detrás de un S, M, o L se esconde cualquier cosa: un M no es un talle 40. Por eso creo que hay que reeducar, pero a todo el sistema: desde el que fabrica hasta la empleada que a veces incurre en maltrato involuntario hacia la clienta para la que no tiene prendas que ofrecerle".
Otras voces
Alvaro Pérez Esquivel, gerente de marketing de Portsaid: "No se puede obligar a una marca a trabajar determinadas prendas que no van con el espíritu de su colección. Además, el impacto económico es importante porque la empresa tendría que desarrollar una moldería especial para diseñar talles progresionales, lo que demanda recursos humanos, inversión en telas y stock de productos. Lo digo desde la experiencia de nuestra firma que trabaja con talles grandes y que sabe lo que cuesta mantener una amplia curva de talles".
Carolina Ainstein, de UMA: "Sería muy lindo poder cumplir con lo que pide la ley, pero no es probable porque tenemos un determinado presupuesto para producir, y si yo vendo mucho talle 1 y 2 no talle 4, no lo produzco porque me va a quedar de remanente. Es una cuestión de saber administrar los recursos de la mejor manera posible. Si el Estado me subsidia podría hacer talles desde el 00 hasta el 5".
Mony Rivas, de Chocolate: "No es lógico que nos obliguen a producir algo que no tiene demanda. Creo que hay muchas marcas que se dedican a vestir a mujeres que usan talles más grandes, y que cada una sabe en dónde encuentra los modelos que le quedan bien".
Mirta Armesto, de la firma Mirta Armesto: "Esta ley no me afecta porque apunto a un target de mujer grande, entonces tengo todos los talles por un tema de producción; pero creo que es arbitrario obligar a una marca a producir talles que no entran en su estilo".
Ezequiel Salgado, gerente comercial de Olga Naum: "Nosotros tenemos talles hasta el 48, pero no veo bien que la ley obligue tener esa medida en toda la producción porque hay determinados diseños -como blazers entallados- y colores -como el blanco o los más claros- que no los hacemos en ese tamaño por una cuestión de que la mujer más rellenita no quiere usarlos porque no la favorece".

