Tinturas
Sobre cómo elegir un buen colorista
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Nada como un buen colorista. Una frase que cualquier mujer aprueba antes de poner los pelos en su tinta. Por estos días, en las peluquerías porteñas asoman las cartas de verano: nada de colores planos. Sí a los bitonales o tritonales, las mechas sutiles, degradée y transparencias. Los rubios en todas sus gamas. Chocolates y castaños; y colorados más suaves, las tendencias. "Gana un look natural. Sobre esa base se hacen iluminaciones. Nada de grandes cambios", afirma Beatriz Sposaro, colorista de Pino.
El menú es amplio, pero la gran inquietud es cómo dar con un buen profesional. "Es un oficio que requiere de mucha técnica, gran sentido de la estética y otro tanto de sentido común. Cualquiera en un año puede aprender la técnica, pero el gran tema es saber qué color poner y por qué en cada caso. Ahí juega el potencial de cada uno, por eso el 99% queda en el camino", remarca Alberto Sanders.
Para poder hacer color, lo ideal es que el empleado de peluquería avance paso a paso: ingresan como asistentes de salón, después se convierten en ayudante de colorista, colorista junior y colorista. "Durante todo ese tiempo los observo y según cómo se desenvuelven decido cuándo están preparados", cuenta Sergio Lamensa. Se evalúa cómo aplica el color, si es detallista, el depósito o cantidad de producto que pone en la raíz, el criterio para combinar colores y cómo trabaja la tintura.
"Me acerco cuando preparan el producto y les pregunto cómo lo van a hacer, cómo lo van a combinar, y si veo que no están en el camino correcto doy mi sugerencia. Es un trabajo en equipo", destaca Silvana García, encargada de color de Barcelona Peluqueros.
Los cursos en los laboratorios de las principales empresas de tinturas aportan la formación técnica. Allí les enseñan a saber cuáles son los equivalentes de colores en diferentes marcas, técnicas de aplicación de color, estilos de mechas, colores y trucos para corregir tonos. Una formación que se completa en los salones. "A la noche doy clases individuales de peinado y color, y les muestro libros que los nutren de material de moda, de información de estilos en las distintas décadas, de por qué se usa o se pone de moda un color, últimas tendencias", cuenta Diego Lacassagne, de Barcelona Peluqueros.
Una práctica que les permite sumar a su sello personal el que adquieren en la peluquería donde trabajan. "El 70% de mis coloristas está formado con nuestro estilo sobre la base de una técnica que traje de Londres -dice el peluquero Claudio Cerini-. La forma de aplicar y el contraste de color es lo que marca la diferencia."
Víctor Bastías, colorista de la peluquería de Roberto Giordano, coincide con esa última afirmación: "Existen técnicas como el degradé -un tono en la base y pinceladas en el medio y las puntas-, pinceladas de color o mezclas de colores. Hay que saber realizarlas".
Técnicas, límites
Otras técnicas: el balayage (mechas más claras esparcidas de una manera casual por la cabeza y que se hace al mismo tiempo que el color), reflejos con papeles (de aluminio, de corcho o de telgopor), con peine, gorra y el degradé bitonal (un tono en el medio y otro en la parte inferior) o tritonal (tonos con diferencias sutiles en la raíz, el medio y las puntas). "El límite para la creación es el que le permite el color de la piel", destaca Cerini. Algunos ejemplos: Jennifer Lopez y la cantante Beyoncé tienen el color en la barrera de lo permitido y lo llevan muy bien.
La cantidad de tonos que existe en la carta de colores y la creatividad son las que permiten satisfacer lo más cercanamente posible el pedido de la clienta. "Cuando empecé había muy pocos colores (4 o 5) y estabas más limitado para crear -cuenta Sanders-. Hoy, por ejemplo, hay 20 tonos dentro de la gama de los rojizos". Lacassagne agrega: "De una carta de 60 colores se crean hasta 200".
En esa mezcla está la impronta de cada colorista: "Es una magia que tenés adentro, y el pelo se convierte en una tela sobre la que hay que diseñar un estampado", define Bastías. El secreto para lograr un buen trabajo: "Un 60% de intuición de manejarse con la calidad del pelo y un 40% de técnica, de utilizar el producto indicado y saber bien cómo mezclar colores", destaca Lamensa.
No sólo la técnica y el estilo son importantes: el entender a la clienta, interpretar lo que pide, no acceder a todas sus demandas si no están acordes con su estilo, edad y color de piel son valores que hacen a un buen colorista. "Debe saber que a veces las clientas quieren cambios porque pasan por un mal momento y tiene que estar preparado para convencerla para que no lo haga, porque reparar una cabellera lleva más de un año", remarca Tony Albo, de Andrea peinados. Para Ariel Palazzo de la peluquería de Roberto Giordano, la autoridad que da el conocimiento es fundamental para ser creíble: "Hay que saber explicarle a la clienta con detalle los pros y los contras, y esa solidez es lo que influye en su decisión".
Quizás esa capacidad para tratar de comprender es la que crea lazos de fidelidad y dependencia indestructibles entre el colorista y la clienta. "Me siento mal cuando dependen tanto de uno. Tengo clientas de hace 35 o 37 años. Pero lo bueno es que confían en tu trabajo", confiesa Albo. Una satisfacción que se completa cuando se ven los resultados: "Es bárbaro ver que se van contentas. Es disfrutar de la obra terminada", concluye Lamensa.
Errores frecuentes
* "Aplicar color en un pelo maltratado o envejecido, y hacerle un platinado a una morocha" (Segio Lamensa).
* "Los reflejos con agua y decolorante muy fuerte dejan el pelo como cortado. Llegan con el pelo naranja porque se aplican solas un henna -no es tan simple como dice en el envase- y degenera el tono" (Tony Albo).
* "Ir tan lejos con el contraste porque se atenta contra la calidad del pelo. Lo ideal es no más de uno o dos tonos" (Claudio Cerini).
* "Usar productos que en la publicidad dice que se van con el lavado. Es mentira, la primera vez puede no afectarlo, pero luego de la segunda, la tercera, la cuarta aplicación el pelo termina en una catástrofe. Llegan con el pelo manchado pidiendo soluciones, y nada es mágico" (Alberto Sanders).
* "Hacer un color sin escuchar a la clienta, sin saber dónde trabaja, en qué ambiente se desenvuelve, cómo viste, qué actividades realiza. El color debe acompañar la imagen de la mujer" (Diego Lacassagne).
* "Las barreras de tonos, es decir, las raíces oscuras y el resto claro" (Beatriz Sposaro).
* "Las cabezas verdes producto de mechas mal hechas y cabellos naranjas por una mala tintura que da aspecto oxidado" (Ariel Palazzo).

