Un caso brillante
Rodrigo Otazu, el argentino al que Holanda también ama
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AMSTERDAM (Especial).- Esta es la historia de un argentino que triunfó acá, en Holanda, donde Máxima es la máxima expresión argentina. Y él, Rodrigo Otazu, lo máximo.
No es una exageración. En la ciudad de los diamantes, es el diseñador estrella de Gassan (una de las casas de brillantes más grandes de Europa). Cada temporada sorprende con sus megashows con lanzamientos de alhajas. Tiene su propia fábrica de accesorios en Bali (trabajan cerca de 200 personas). Sus diseños adornan tanto a multimillonarias ignotas, como a chicas fashion y a megaestrellas: Britney Spears, Pink y Madonna, entre otras. Diseñó un edición limitada del auto Nissan Micra (300 vehículos) y la lista sigue... Como dice su madre, la puntana Titi Otazú, la historia de Rodrigo es un "caso de escopeta". Y da en el blanco.
Alto vuelo
Desde la salida de Ezeiza para volar a su último show de alhajas prêt-à-porter (diseños de 300 a 3000 euros, en oro blanco y brillantes), en compañía de Titi, todo es una anécdota. Titi Otazu, una conocida periodista puntana, con gafas Chanel, saca de su cartera Gucci un anillo de brillantes e-nor-me (otro regalo de Rodrigo): "Se lo llevo para que me lo arregle, me lo diseñó él y se le desprendió una piedra".
Ya en pleno vuelo se acerca hasta la fila 30 con la revista del free shop de a bordo para mostrar, orgullosa, más de lo que hace Rodrigo: ofrecen los coloridos collares en plata y piedras de Otazu por 89 euros. Al lado, el collar de Swarovski por otros tantos.
¿Cómo llegó este argentino también puntano a alcanzar esta altura crucero? Todo empezó cuando dejó su provincia a los 18 años. En Buenos Aires trabajó una vez (sólo una) como modelo (una gráfica para Calvin Klein) y fue vendedor de una casa de ropa masculina, en Callao y Santa Fe. Como muchos, en busca de aventuras y futuro, se tomó el avión a España. Hasta acá, uno más.
Buscavidas, en España y en Grecia empezó a vender a los turistas juegos didácticos, que él fabricaba. Pero había un problema: no le parecían "lo suficientemente artísticos". Un día pateó una chapita de Coca Cola. Y ése fue, literalmente, el puntapié inicial: empezó a hacer collares y pulseras con... chapitas de Coca.
"Me fue bien y empecé a viajar. Llegué a Australia (1989) y quise mejorar. Compré perlas de plástico e hice mi primer collar formal. En el mercado Padington, donde van los más vanguardistas -un escalón arriba de los hippies-, que se arma los sábados, una editora de Vogue vio lo que hacía, me invitó a la editorial y me hizo una nota. Hasta ese momento nadie me había dicho: ¡Guau!, lo que vos hacés es bueno... Entonces, como nunca, me concentré en el diseño y seguí haciendo bijouterie, vendía a negocios. La línea se llamaba Lola, como mi abuela. Soy autodidacta."
Marquero como pocos (la cucha de sus gatos es de Louis Vuitton y el baño felino está recubierto en cristales Swarovski), Otazu quería llegar más alto, competir con marcas grandes, y en Australia no encontraba lo que quería. Con sus ahorros se mudó a Amsterdam. Pero pagando alquileres y vendiendo poco se quedó sin un dólar. "Pensé que iba a ser fácil, pero la vida me dio un cachetadón". Cosas que pasan.
Globos y un poco de aire
Entonces, su gran amigo Frank (en ese momento, en el mercado inmobiliario; hoy, su mano derecha) le consiguió una renta lógica en la cotizada Amsterdam: cuidar un edifico vacío y pagar sólo 60 dólares. Mientras lo cuidaba, Otazu empezó a inflar globos para eventos (fiestas, colegios, hospitales...)
"Llegué a inflar 300 por día. Así, durante un año, junté unos mangos y armé un taller en la casa. Primero con 2 personas y después con 6, 8, 10... más de 20 (más tarde, llegó la fábrica de Bali, allá cada sueldo es de 120 euros). No fue fácil. Pero todo se fue dando. En Amsterdam adopté el apellido Otazu de mi mamá, más fuerte que el Correa de mi padre. Y con mi equipo producía mis collares con canutillos, piedras, cristales... lo que se te ocurra, vendía mis diseños en todos lados", recuerda. En otro cuarto, se encerraba y, mientras escuchaba a María Callas, día y noche diseñaba grandes piezas, bien cargadas. "Con esos diseños armé mi maletín. Y llamaba por teléfono a Londres y a París, pedía appointments con diseñadores y periodistas, y me tomaba el tren: llegué a periodistas de Vogue, Elle, diseñadores como Lacroix, Ungaro, Gaultier... Yo le ponía onda a todo. Y sabía que lo que tenía en mi valija nadie lo hacía en ninguna otra parte, era original y tenía algo que yo sabía que era bueno."
Así fue subiendo escalones. Y llegaron los artistas internacionales, su debilidad. Hizo los Tres Mosqueteros (obra de teatro), Moulin Rouge (el video), trabajó con Britney Spears, Kelis, Lauren Hill, Aretha Franklin y muchas cosas más (ver www.rodrigootazu.com ).
"Trabajar con Britney Spears me abrió muchas puertas. Con el primer artículo que salió en la mano me dirigí a Gassan, una de las firmas de diamantes más grandes de Europa, pedí una entrevista y, después de un año, lancé mi primera colección de alta costura de diamantes: piezas que van de los 30 mil euros (como el anillo de Titi) a los 500 mil euros", resume, mientras se saca la foto al lado de su gigantografía, en la central de operaciones de Gassan.
Para entrar al cuartel de Gassan hay que pasar por un operativo de seguridad. Si Otazu acompaña, el pase es libre. "Con Gassan somos socios. La idea es mía; los brillantes de ellos. Vamos 50 y 50", aclara.
Con su bufanda blanca Chanel y su traje Helmut Lang, Otazu no para de hablar desde su celular (ni siquiera mientas navega por los canales con su lancha blanca con asientos de cuero negro). "Me encanta la estética moderna, lo limpio, pero con personalidad", dice. Sin embargo, sus diseños son irregulares, coloridos (no faltan nubes, corazones, ni estrellas, sus fetiches), exuberantes, discretos, hay un mix complejo.
Y llega el día de la presentación de alhajas prêt-à-porter Dream, en la disco Jimmy Woo, a dos cuadras del palacio donde se casó Máxima ("No la conozco personalmente, pero me encantaría. Acá la aman -me incluyo-. Ella se mueve con el protocolo de la corona. Siempre me llaman para que hable de ella", dice), y hay periodistas, cámaras de televisión, llueven lentejuelas y están presentes los hombres más brillantes de la ciudad (joyeros, claro), que venderán las piezas -con firma- de Otazu.
"El ha hecho mucho por nosotros. Trajo aire fresco a este rubro, muy tradicional", dice un rubio con apellido irrecordable (quinta generación de familia de joyeros). Otazu firma autógrafos, da notas y se mueve como pez en el agua. "Es una colección para gente joven, sexy... Y se llama Dream... sueño, porque a mí se me hizo realidad el mío." Es verdad.
La historia sigue. Al día siguiente Alexa, su secretaria, le confirma que, a las 16, tiene que pasar por el Amsterdam Fashion Institute, la escuela de diseño más importante de la ciudad: a Otazu lo eligieron los alumnos para descubrir la piedra fundamental del nuevo edificio (el Amsterdam Fashion Institute se acaba de mudar a una vieja fábrica de cerveza, de 1932, y el diseño se respira en todos lados).
Los chicos lo saludan por los pasillos. Después de la visita protocolar, se olvida del speech que le mandaron por e-mail y -con soltura envidiable- da impresiones de su recorrido por el superfashion edificio, habla del diseño y felicita a todos. Gran aplauso y ramo de flores para el diseñador-estrella.
Y el ramo va a parar, a la hora, a las mano de una amiga, que lo invita al entierro de su perro. Bien lo dijo su madre, y con buena puntería, el de Otazu es "un caso de escopeta".
Dicho & hecho
A Otazu lo paran por la calle, para decirle cosas así: Hey, Otazu, I love your designs...
"No me olvido cuando miraba la esquina de un techo de casa, en Villa Mercedes, y soñaba con hacer un montón de cosas."
"Mis diseños se venden en Holanda, Bélgica, Francia, Japón, Australia, Indonesia, México, Brasil, Canadá..."
"La Argentina no me hizo fácil las cosas. Me gustaría conocer gente de allá y hacer algo..."
"En accesorios tengo todo cubierto: bijouterie y joyería, en ambas hago todas las líneas (prêt-à-porter y alta costura). Hay relojes Otazu. En agosto voy a hacer un gran lanzamiento de joyas en Londres, para la prensa internacional. Presentaré zapatos de 6000 o 10.000 euros; carteras con diamantes, todo de lujo."
"El público de gran poder adquisitivo es el que me seduce. El resto es más fácil de complacer. Llegar más arriba es más difícil."
"Una de las cosas que más me gustó fue trabajar en la entrega de los Grammy: en el backstage estaban todos los grandes y, de repente, Patty Labelle se comía un sándwich al lado mío..."
"Me encantan los libros. Vivo comprando libros visuales, con fotos, de moda, arte, pintura, decoración... Me cautivan las imágenes. Leo poco."
"Cocino si tengo tiempo. Mi vida está rodeada de música en todo momento. Y nunca me faltan velas y candelabros cuando diseño. Vivo con las velas prendidas, en verano e invierno, día y noche."
"Internet me abrió una puerta al mundo. Por eso llegué a Bali, pude comprar materiales en China..."
"Viajo para encontrar materiales, por reuniones... Este viernes me voy a Londres. Después me voy a Tailandia y a Nueva York."
"Ahora estoy por hacer la versión cabriolet de Nissan, con sillones de mink, detalles de cristal..."
"Lo más díficil de esto es mantenerse bien arriba."
"¿La pieza más cara que vendí? Un collar de 350 mil euros. A la mujer que se lo puse le cambió la cara."

