Un Jet
La historia de Lazaro, firma argentina que apuesta al diseño en carteras para todas las mujeres, desde hace 60 años
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Aunque fabrica cientos de modelos por temporada, tiene una sola cartera de cabecera. "Es clásica, blanda... me entra todo", dice Lía, a quien nadie la conoce por su apellido. Se pasea por los locales, revisa las carteras, mira el depósito... Lía Nielawicki es la dueña de Lázaro, una firma que acaba de cumplir 60 años en el mercado. Su marido, Lázaro Nielawicki, entró a trabajar cuando tenía 14 años en lo que fue inicialmente una fábrica de guantes. "El hizo mi primer par. Me lo regaló en 1948, cuando cumplí 14 años y ya estábamos de novios. Está hecho a mano", cuenta mientras los saca, orgullosa, de un estante-museo de su fábrica de la calle Nicasio Oroño.
De los guantes, por esas cosas de la moda, pasaron a las carteras. "Es que hubo un tiempo en que fueron un accesorio imprescindible. Yo usaba guantes blancos para andar en colectivo. En los años 70 pasaron de ser una moda a un utilitario. Y tuvimos que cambiar el rumbo", se ríe. Así llegaron las carteras y pasaron otros cuarenta y tantos. Hoy Lía; su marido, Lázaro, y su hijo, Jorge, trabajan en familia, como siempre, con un equipo de diseño comandado por Carolina Ainstein.
-¿Cuál es el sello Lazaro?
-Lo artesanal. Siempre respetamos el cuero, éste es un país de cueros. No sólo para nosotros, sino para quienes venían de afuera buscando nuestros productos. La esencia de Lázaro es mantener el artesanato y la hechura combinados con moda y diseño. No es sólo una casa marroquinera artesanal.
-¿Te acordás de la primera cartera Lazaro?
-Una cruza entre una cartera y un guante, eran bomboneras, muy blandas. Había cantidad de colores. Las pusimos en la vidriera de nuestro local de la avenida Santa Fe al 2200. Hicimos una pirámide con esas carteritas, cerca de 160 colores, y se vendían como pan caliente. No quedó ni una... Fue hace 43 años. Creo que la cartera fue un suceso cuando abrimos un local en Alto Palermo, hace dos décadas. Cuando mi hijo Jorge entró en la empresa la pegamos con el modelaje. El joven tiene buen gusto.
-Y sumaron diseñadores nuevos...
-Con Araceli Pourcel nació la marca Jet. Ahora la sigue Carolina Ainstein, que también desarrolla Lázaro.
-Es una marca que atiende a todas las edades...
-Exacto. Jet es más diseño puro y Lázaro, diseño y tradición. No descuidamos la moda. Pasa mucho que entra la abuela, la madre, la hija...
-Hay un estilo Lazaro...
-Sí, tiene que ver con lo clásico y lo más tradicional. Hay tendencia y tiene que ver no sólo con lo que pasa en la moda, sino con el arte, la calle, lo que pasa en general. Y un poco la visión del equipo, lo que la clienta necesita, lo que pide.
-¿Qué piden?
-A la gente le gusta mucho lo blando, lo cómodo, lo que se pueda usar de la mañana a la noche. Que la cartera sea de color, que se diferencie del conjunto. No buscan nada engamado. Trabajamos para que la gente se dé cuenta de que la cartera define el conjunto. Así como entiende que los zapatos con buen diseño te visten, tratamos de que pase lo mismo con la cartera.
-¿Se encontraron con alguna cartera Lazaro por el mundo?
-Sí, en Italia... Eran dos italianas que las habían comprado acá. Fue en la feria del mueble, en Milán. En Israel veo cualquier cantidad. Es una sensación muy agradable. Uno piensa: llegamos hasta acá...
-¿Los copian?
-Muchísimo. Hacen el mismo modelo en plástico. Los mandan a hacer a China. Hay una marca que clona las carteras. Mandan a hacer nuestros diseños idénticos.
-¿Cuántos modelos hay por temporada?
-Más o menos 30. Siempre vamos agregando nuevos a lo largo de la temporada. Incluso, en el momento previo a la liquidación hay alguna novedad.
Albertito aparece en escena. Hace 25 años que trabaja en la empresa. Es modelista. Y abraza a Lía con todo cariño. "Es un amor... Yo crecí acá. Cuando empecé iba a cumplir 13. Los quiero mucho", dice emocionado. El arma los modelos, les va dando forma. Prueba colores, cortes. "Lo que dibuja Carolina con su equipo me lo dan a mí. Y yo hago magia", se ríe.
-¿Qué guardan las argentinas en la cartera?
-¡La vida! El celular, el libro, el peine... Yo creo que es una cuestión de género. Ahora salís a la mañana y volvés a tu casa a la noche. Piden que la boca sea grande y cómoda, una tira para las llaves, el bolsillo para el teléfono, otro para la plata.
-La cartera siempre es un buen regalo...
-Sí. No tiene calce, es un producto neutro. Hay modelos desde $ 200 hasta $ 700.
-¿Eligen rápido o lo piensan bastante?
-Todo depende el local. Es impresionante la diferencia. En Unicenter es más relajado, la mujer se toma su tiempo... En cambio, en Galerías Pacífico, va a la hora del almuerzo y toma la decisión más rápido. Los turistas se llevan todo enseguida.
-¿A qué edad comienza una mujer a comprarse carteras?
-Cuando la madre se cansa de que usen la de ella (risas).
-Uno a veces siente que cuando compra un regalo es una reina, pero cuando va a cambiarlo no es bien recibido...
-Exacto. Nosotros hablamos de la buena atención. El cliente empieza a funcionar como cliente cuando está bien atendido. Para cambios no hay día ni hora. Respondemos en todo sentido, siempre. Muchas veces los cambios son regalos. ¡Y cómo le vas a decir a alguien que ese día no lo puede cambiar!
-¿Cómo se hace para sobrevivir frente a tantas crisis?
-Somos una empresa familiar. Mi marido, mi hijo y yo. Mi marido es un excelente administrador. No damos un paso más largo de lo que nos da el pie. Somos muy medidos. Creo que es eso. Jamás nos tiramos a una pileta vacía. Mi hijo se ocupa de todo, piensa en la empresa las 24 horas. Y el diseño siempre acompañó cada época. Creo que pasa por eso

