Un vestuario para no arrepentirse
Natalia Oreiro y su vestuarista, Julio Suárez, adelantan cómo armaron el look que definió a Gilda, la cantante de cumbia homenajeada en el film que se estrenará en septiembre, a 20 años de su muerte, con la dirección de Lorena Muñoz
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Natalia Oreiro y Julio Suárez, actriz y vestuarista de la película que revela la vida de Gilda, cuentan cómo es meterse en la piel y en el guardarropa de la cantante de cumbia que se transformó en un mito popular. Un compromiso que asumieron para recrear la película sobre la vida de esta artista, a 20 años de su muerte. Con dirección de la documentalista Lorena Muñoz, Gilda, no me arrepiento de este amor, que se estrenará en septiembre próximo, muestra su paso de maestra jardinera a cantante, un sueño hecho realidad que la hizo famosa. Oreiro y Suárez –también vestuarista de El Clan y Revolución– detallan cómo fue recrear el look, estilo, fetiches y la energía de un personaje único.
“Gilda era muy angelada, si la escuchás hablar en sus recitales transmitía mucha paz, esperanza; todo el tiempo hablaba de creer en los sueños”, dice Natalia Oreiro, que se metió en el papel después de mucha investigación junto a la directora. Ambas se reunieron con la familia, los amigos y músicos de su banda para lograr un relato lo más cercano a la realidad. Es la primera vez que Oreiro interpreta a una persona real.
“Todos creemos conocer a Gilda, tenemos una imagen definida por su forma de vestirse, hablar y de cantar, pero muy pocos sabemos cómo era en lo personal; cómo era Miriam Alejandra Bianchi mamá, maestra jardinera, amiga, y en descubrirla estuvo, también, el desafío de interpretar a alguien que existió, de captar y transmitir su esencia, su energía”, describe la actriz.
La forma de vestir de Gilda fue fundamental en la construcción de su personaje. Y los protagonistas de esa recreación dan detalles desconocidos. Dan cuenta de que siempre le gustó arreglarse, y pasó de un look más naïve, en su etapa de maestra jardinera, a otro más estridente y llamativo, para subirse al escenario.
Natalia resultó una estudiosa de Gilda; hoy una de las que más saben de ella. “Usaba mucho minifaldas y botitas Reebok. Tenía una campera cortita de leopardo, que hasta parecía que no se la sacaba nunca. No le faltaban los flecos de la época, tops bien cortos, vestidos bobos y, pantalones de tiro alto y jumpers. El vinilo, lúrex, encaje y cuero son las texturas que más se encontraron en su guardarropa. Le gustaba superponer telas y tramas, algo que no se usaba tanto en ese momento”.
Una creativa que hasta se hacía su propia ropa, ya que intervenía a más no poder. Customizaba prendas que compraba en la calle Avellaneda, y les daba un toque personal con sus bordados de lentejuelas y piedras; todo para darles brillo. Y precisan su gusto por los accesorios: “Además, le fascinaba la bijou y también arreglarse el pelo. Usaba aros de perlas de distintos tamaños, relojes de todos los colores y gomitas para el pelo”.
Estás igual
Para la composición del vestuario, Julio Suárez logró muchos looks iguales a los que usaba la cantante, como el vestido blanco de lúrex, al que –según cuentan sus músicos–, decidió agregarle un alambre en el ruedo para que le quedara “supersónico”. Otra copia, es el vestido violeta de la canción Corazón valiente o la pollera corta roja.
El resto de lo que se verá en la película es una interpretación de su forma de vestir. El vestuario de trata de sumar en la composición del personaje, así como se reprodujo el ambiente de los shows de bailanta.
Pero el rol de Suárez fue más allá, y cuenta su experiencia. “Mi tarea consistió en ayudar a que la actriz vea porqué va a usar algo y cómo le sirve para interpretar. No se trata sólo de ponerse algo, sino de que esa ropa tenga un significado o sentido. Si se trata, de una escena dramática, el vestuarista intenta que la ropa no interfiera, y no usa prendas con tonos llamativos que pueden distraer de lo que se quiere transmitir, por ejemplo.
“En un set de filmación la ropa implica un trabajo de constante adaptación; ya sea porque un mismo traje aparece en una escena y a las dos semanas se usa de nuevo –y puede que haya cambios en el cuerpo que hacen necesaria una adaptación–o porque se muestra de otra manera distinta y hay que hacerle cambios, para que se vea su uso, por ejemplo”. Retoques y ajustes a la figura y genio del intérprete en manos de un experto. “La ropa está viva en el set de filmación”, agrega Oreiro.
¿Gilda marcará tendencia?
La vestimenta para el film es variadísima en prendas, con texturas y una paleta subida de tono, bien Gilda.
Para Oreiro, la interpretación de la cantante y el haber tenido que involucrarse tanto en su caracterización le dio ganas de hasta tener una muñeca con todos los cambios de ropa: el top cortito, la mini y el chaleco, “que seguro van a marcar tendencia”, afirma.
Las prendas con que Gilda se subía al escenario estaban muy intervenidas. Los dueños del personaje explican que, cuando recién empezaba con los shows, se calzaba un par de jeans ajustados de tiro alto con los que se aseguraba lucir sus piernas, porque advertía que ese era su fuerte y podía atraer aún más la atención. “Lo primero que piensa con detenimiento es en su calzado: un par de botas. Y en cómo se va a parar para bailar. Eso la lleva a elegir una minifalda, pero en los materiales que tiene a su alcance, como el denim o el cuero. Era muy coqueta con telas básicas, clásicas; lo más jugado que usó era el vinilo. Utilizaba lo que tenía a su alcance. Obviamente, no era una chica que iba a Miami a comprarse ropa”, precisa Suárez.
“Claramente incorporaría muchas cosas de su look, además porque también los 90 están de moda. Desde el pantalón ajustado de tiro alto, que me gusta mucho; las zapatillas tipo botitas; las camperas cortas de cuero con flecos, que también me encantan; hasta los tops supercortos”, comenta Oreiro.
La prenda que define a Gilda, para Oreiro, es la falda de látex roja. Y para Suárez, la manga acampanada, además de texturas como el denim y el vinilo.
En cuanto al estilismo del pelo, primero optó por la permanente y, después, prefirió un corte en capas, bien de los 90. “Como Miriam, siempre estuvo a cara lavada, más apagada podría decirse, pasaba inadvertida. Después en su papel de Gilda, todo fue color”, explican.
¿Se viene el boom Gilda? “Siempre la vida de alguien atrae, y más con el final trágico que tuvo siendo tan joven. Tuvo una carrera corta, a los 30 decide cantar, la pega sus últimos dos o tres años, y después muere; se convirtió en un ícono”; aseguran. Para ambos la experiencia fue enriquecedora. “Fue el vestuario más divertido que hice”, asegura Suárez, y para Oreiro “fue ponérmelo y ser Gilda, sin maquillaje ni peinado; y eso para la composición del personaje ayuda un montón, porque ya te sentís como ella sólo con el vestuario”.Natalia Oreiro y su vestuarista, Julio Suárez, adelantan cómo armaron el look que definió a Gilda, la cantante de cumbia homenajeada en el film que se estrenará en septiembre, a 20 años de su muerte, con la dirección de Lorena Muñoz.
Gilda, el mito
“Muchos se le acercaban pidiéndole cosas, pero ella nunca se hizo cargo. Siempre dijo que si su música servía para algo y traía alegría, bienvenida, pero nunca se atribuyó algún tipo de don místico ni algo parecido. Sí, es cierto que la gente le asignó ese poder luego de su muerte”, dice Oreiro.

