Una historia puertas adentro del placard
A veces me pregunto cuánta ropa me gustaría tener. Cuál sería mi límite. Como toda mujer que disfruta de la moda, confieso que tendría muchísima. Y de la mejor calidad, por supuesto. Incluso entraría a locales donde compraría con los ojos cerrados, en especial, en algunas zapaterías.
Recuerdo que en una época, una de mis amigas se compraba ropa todo el tiempo, de calidad dudosa si soy buena, pero que colmaba esa necesidad de llevar siempre algo nuevo. Jamás tuve esos impulsos. Siempre fui de las que prefieren tener poco, pero bueno. ¿Pero qué pasaría si pudiera tener acceso a todo lo que me gusta? ¿Sería mucho más feliz al abrir mi placard? No lo sé. Empecé a dudar cuando visité a una de mis tías, que vive en Estados Unidos. Ella es fanática de las compras de calidad premium. No porque el dinero le sobre, sino porque en el lugar en que vive, en el estado de Nueva Jersey, las rebajas son importantísimas, de un 70%, que si le suma un cupón, o la tarjeta de fidelidad del mall, consigue más rebaja. "Me lo regalan, casi", exclamaba. Y marcas de primera calidad.
Al invitarme a cruzar la puerta de su guardarropa empecé a curiosear todo lo que tenía. Estaba invitada a ver cuáles habían sido sus grandes hallazgos de cazaofertas. Había lindos vestidos, tapados, pero lo que más me llamó la atención fue el montón de zapatos sin estrenar y vestidos con las etiquetas colgando. Algo que en lugar de envidia femenina, me dio una sensación de vacío. No puedo explicarlo. "Lo compré porque estaba barato, pero no sé si es muy de mi estilo, y le dejé la etiqueta por si me arrepiento, ya que si lo devuelvo me reintegran la plata." Así, un montón de cosas, que parecían sin dueño.
Su guardarropa era muy diferente al mío. Y no es consuelo del que tiene menos. La ropa que llevo la compro con entusiasmo. La uso bastante y eso hace que tenga algo que ver conmigo, porque son vividas . Representan momentos, tienen historia. Por algo las marcas hacen ropa con procesos vintage y hasta algunas le ponen etiqueta en su interior para grabar el nombre de uno. No obstante, un poco más de consumo de buena ropa no nos vendría mal. En especial esos días de angustia o de celebración que queremos agasajarnos con un lindo par de zapatos o ese vestido que nos saluda desde la vidriera. Ni mucho ni tan poco.

