Verónica Kato: "Un perfume empodera"
Enamorada de la floresta amazónica, hace un culto de los aromas vegetales, que usa de manera sustentable. Desde hace una década está a cargo de las creaciones olfativas de la cosmética Natura
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Es la única perfumista latinoamericana, nariz de una firma de cosmética. Brasileña con ascendencia japonesa, marca la diferencia entre la clásica perfumería que se promueve mediante el marketing y otra más personal y sustentable, que crea una paleta olfativa sólo a partir de óleos extraídos de la vegetación, y pretende que el perfume sea un vínculo entre las personas. Orgullosa de lo que hace, el bienestar está entre sus objetivos. Dice que la perfumería es como la medicina o la cocina, porque te formás y vas especializándote a gusto, y creás cual alquimista con una mano que elabora mágicamente aromas que hechizan. Le encantan los diseños de Gloria Coelho o llevar creaciones de su país, como el anillo y los aros del joyero carioca Antonio Bernardo, con que se la vió en la entrevista.
–¿Por qué la perfumería?
–El aroma cambia el ánimo. Que sientan algo especial, y poder incidir en algo en la vida de las personas, me entusiasma. Lograr que alguien se sienta bien, relajado, está bueno. Y el perfume tiene el poder de hacer que una persona se sienta o sea lo que quiera. Muchas veces cuando salimos por la noche usamos un perfume más sensual y nos sentimos poderosas. Una fragancia tiene ese poder, de hacer, de transformar nuestras citas, nuestros encuentros, nuestros momentos, y hacer que podamos ser y vivir lo que queramos.
–El perfume tiene un poder especial, entonces. ¿Cuál es?
–Un perfume empodera. Con uno de rosas nos sentimos femeninas, románticas, sofisticadas. Con una fragancia frutada, más alegres, felices; con un cítrico, fresco o marino, tenemos más energía, ganas de hacer actividades físicas. Y combinar esos jugos para generar ese poder me encanta.
–¿Se nace perfumista?
–Desde chica me encanta el olor de las flores. Cuando era pequeña mi mamá coleccionaba rosas y en Bastos, una ciudad de granjas, en el interior de San Pablo, teníamos jardín con muchos rosales, dalias y margaritas, flores que hoy son más difíciles de ver. Siempre buscaba aromas de flores, que me generaban sensación de placer.
–¿Qué habilidad o don tenés para crear perfumes?
–Las flores por sí solas ya son perfumes. Y esa pasión por el olor de las flores me introdujo a la perfumería, que te permite trabajar con los sentidos no sólo el olfato, sino la vista para descubrir colores, el tacto para sentir la textura de un pétalo, el gusto para probar frutas o especias. Me encanta degustar, comer y eso suma. Disfrutar y combinar sensaciones es fascinante. Y para crear un perfume necesitás de todo esto. Por ejemplo, para hacer fragancias más sólidas, espesas, como las amaderadas, u otras en las que predominan las texturas, como las de hierbas o cítricos. Tener en cuenta el color también es importante, la flor con color por excelencia es la rosa. Para esta combinación de sentidos, que intervienen en la creación de un perfume, creo que tengo especial debilidad, o fortaleza.
–¿Qué hay que tener para ser perfumista?
–Un perfumista tiene que entender mucho a las personas, conocerlas, porque para ellas hacemos perfumes. También es importante tener cultura general, viajar, conocer lugares y costumbres diferentes, ingredientes nuevos, tendencias recientes; siempre estar atenta a novedades, abierta a probar porque todo puede permitirte enriquecer un perfume.
–Más sensibilidad que técnica.
–Sí, la técnica es importante para hacer que dure por bastante tiempo, que tenga aura, que deje rastro. Pero lo intuitivo o lo instintivo hace que un aroma encante a otra persona.
–¿Cómo empezaste?
–Como asistente del maestro francés Jean Luc Morineau, a fines de los 80, después de estudiar tres años en San Pablo y entrenar otros tres en Inglaterra y Francia, para aprender a hacer construcciones clásicas, luego pequeños proyectos y aprendí a perfumar detergentes, suavizantes, productos de limpieza, jabones, de todo. Es que la perfumería es como la medicina, uno tiene que tener un conocimiento general para luego especializarse. Tengo más de 25 años en la perfumería, como proveedora de Natura 20 por lo menos, y como perfumista exclusiva, una década.
–¿Qué tiene la perfumería de Natura a diferencia de otras?
–Es una perfumería de relaciones, que invita a las personas, las estimula, busca su bienestar. Por ejemplo, con la línea Kaiak se invita a las personas a hacer deportes, a moverse; con Mamá y Bebé se busca que se genere una relación más afectiva, tan básica e importante para ambos. En Humor es evidente, pretendemos levantar el ánimo. Con Ilía incentivamos a que la mujer multifacética, por su rol de mamá, trabajadora, estudiante, deportista, etcétera, se arregle, cuide, se ame, se ponga en primer lugar.
–Metas muy pretenciosas, ¿y lo logran?
–Sí, son metas de vida que se construyen a diario y nos sentimos orgullosos de incentivarlas con nuestros aromas. Trabajamos a diario en eso y nuestras consumidoras también nos entusiasman a seguir y descubrir aromas que las empoderen.
–Una alquimia mágica.
–Sí, la perfumería es como la cocina, te permite elaborar, mezclar, probar ingredientes, experimentar, provocar sensaciones, para un resultado subjetivo, intangible, mágico. Muchos cocinan, pero pocos emocionan. Un buen perfumista genera emociones.
–¿Cocinás?
–Sí, me encanta. Sobre todo cocinar con hierbas, especias; con todo lo que provoque, desate los sentidos; así también lo intento en la perfumería.
–¿Trabajás con óleos esenciales?
–Sí, naturales y exclusivos, y son 18, con los que integro el conocimiento científico y la sabiduría de las comunidades, para hacer un uso sustentable de la biodiversidad botánica brasileña. Así, las creaciones resultan no sólo originales, sino de calidad, a la altura de otras perfumerías. No todos los activos son de origen brasileño, hay otros; algunos provenientes de América latina: la paramela, por ejemplo, que es de la Patagonia, una flor amarilla que huele riquísimo, que al mismo tiempo tiene una nota frutal de cassis, y una fresca de menta. Además contamos con la flor del árbol de donnell de México, y el haba tonka del bosque tropical amazónico, de Venezuela, Perú, Brasil, entre otros.
–De esas esencias, ¿cuál es tu preferida?
–Me encanta la priprioca, una planta aromática tipo junco del Amazonas, cuyas raíces proveen un aceite amaderado, picante, con cierto dulzor; una suerte de tubérculo que esconde unas florcitas pequeñas.
–No faltan las flores.
–Infaltables, me apasionan.
–¿Cultivás?
–Estudié paisajismo y me dedico a las plantas y flores, en particular.
–¿Y al ikebana?
–Y sí, no podía eludir al arte japonés del arreglo floral, ¿no? Se basa en la armonía de una simple construcción lineal y la inclusión de flores o elementos de la naturaleza. Una actividad zen, que relaja; otra manera de buscar el bienestar personal.
–El bienestar es importante para vos.
–Es fundamental. Y busco alcanzarlo también a través de la perfumería, para otros.
–¿Cómo armás la paleta olfativa?
–Es un proceso que dura tres años e involucra un gran equipo. Podemos llegar a estudiar más de un centenar plantas, flores y frutas en busca de aromas nuevos, para descubrir que sólo 6 o 5 tienen potencial. Si los detectamos, generamos una plantación con la comunidad local, cuidamos la forma en que se extraen los activos, respetamos la biodiversidad y promovemos la justa remuneración por el trabajo.
–¿El uso de activos botánicos de manera sustentable hace la diferencia?
–Sí, eso distingue. Y también la manera de comunicarlos. En otras perfumerías se destaca el poder de seducción, se refiere a celebrities, se posiciona al perfume como un objeto de lujo. Nosotros preferimos poner el acento en las relaciones entre las personas, en el respeto por el medio ambiente, y también el respeto por las comunidades del Amazonia que trabajan la tierra y cultivan las plantas de donde se extraen de manera sustentable los aceites.
–¿Pesa el marketing?
–Sí, en algunos más que en otros. Todo perfume tiene su marketing; el nuestro destaca valores que creemos esenciales.
Pasión por las flores
Esta flor es la última creación
de Verónica Kato. “Es monotemática. Una nueva línea que contiene un único ingrediente: la rosa damascena”. Una fragancia desarrollada en alianza con la casa Symrise. “Una interpretación más contemporánea de un ingrediente clásico”

