
1999, el voto y el bolsillo
En mayo de 1995, Carlos Menem logró su reelección presidencial con el 50 por ciento de los votos en plena recesión económica, consecuencia del efecto tequila derivado de la crisis mexicana.
Si las últimas proyecciones económicas realizadas a la luz de la presente crisis económica internacional se cumplen, para cuando se realicen las próximas elecciones presidenciales, en octubre de 1999, el escenario económico en la Argentina registrará muchas semejanzas con aquel de 1995.
En el justicialismo no faltan quienes piensan que si en los comicios efectuados tres años atrás el electorado optó por el oficialismo porque aparentaba ser la fuerza más capaz para garantizar la estabilidad económica, esa situación podría repetirse dentro de un año.
En 1995, el lema "Menem o el caos", tanto como el "voto cuota", que aludía a aquellas personas que se habían endeudado en dólares y para quienes el mantenimiento de la convertibilidad y la paridad cambiaria 1 a 1 era vital, tuvo efectos contundentemente positivos para el PJ.
En la medida que renazca en la opinión pública el temor a una devaluación del peso o a un colapso financiero, ¿aumentan las probabilidades de que el escenario político electoral de 1995 se repita en 1999?
La respuesta debería ser no, aunque todo dependerá del camino que, al andar, están haciendo hacia 1999 los principales líderes de la alianza UCR_Frepaso.
Dos sociedades
¿Por qué decimos que la respuesta debería ser no? Sencillamente, porque han habido cambios profundos en la sociedad y en sus percepciones sobre la economía y la política.
Algunos de esos cambios sociales podrían sintetizarse de la siguiente manera:
- El impacto de la clase media urbana. Durante los años ´70 y ´80 este sector estuvo acostumbrado a convivir con la inflación, contra la cual desarrolló sofisticados anticuerpos. Pero el ajuste en el Estado y en las cuentas fiscales desde comienzos de la década del ´90 golpeó duramente a la clase media, especialmente a trabajadores del Estado y docentes, del mismo modo que la transformación económica y la creciente necesidad de competitividad sacudió a los pequeños comerciantes y a no pocos profesionales.
Las privatizaciones mejoraron sensiblemente los servicios, pero las más elevadas tarifas contrastaron con el deterioro de los ingresos de los sectores medios. Entonces, la necesidad de equilibrar la economía hogareña llevó a muchas familias a dejar de lado viejos privilegios, como podían ser la mucama por horas o el colegio privado para los chicos.
- El crecimiento de la corrupción y de la inseguridad como cuestiones sustantivas.
- La revolución de las aspiraciones crecientes. Derrotada la inflación, ya la gente no vota a quien sólo le garantice que la inflación no volverá. En cambio, reclama soluciones al desempleo, a la inseguridad y a la corrupción.
Estos cambios en las percepciones de la sociedad explican la derrota del PJ en las elecciones de octubre de 1997 y permiten pronosticar que, si la Alianza no dilapida el cheque en blanco que recibió entonces de la ciudadanía, tendría las mayores probabilidades de llegar al poder en 1999.
Pero no dilapidar ese apoyo implica varios desafíos: el primero es demostrar que radicales y frepasistas pueden gobernar juntos la Nación a partir de una suerte de cogobierno en la ciudad de Buenos Aires que hoy dista de la realidad y del conventillo en que se ha convertido la Legislatura porteña.
El segundo desafío pasa por exhibir una propuesta de gobierno coherente. La Carta a los argentinos fue vista en su momento como un avance; sin embargo, a la luz de la crisis económica internacional, varios economistas de la Alianza admiten hoy que, sin duda, habrá que rectificar algunas de las proyecciones que allí se formularon. "Parece difícil pronosticar que el país pueda crecer a un ritmo del 6% anual, cuando hay perspectivas de que difícilmente podamos crecer más del 3% en 1999", razonan.
Para el radical Jesús Rodríguez, "uno de los principales activos que tenemos para enfrentar la crisis es la seriedad de una oposición que no sólo no tiene como candidato a un Chávez (por el militar venezolano) sino que tampoco va a recorrer el mundo pidiendo que no le presten dinero a la Argentina".
Duhalde, Cavallo y el bolsillo
Esta última precisión apunta claramente a Domingo Cavallo y alude a sus supuestas gestiones en los Estados Unidos, en las postrimerías del gobierno de Alfonsín, en pleno proceso hiperinflacionario.
La alusión a Cavallo tal vez no es casual, en momentos en que Eduardo Duhalde no descarta ofrecerle al padre de la convertibilidad argentina un papel protagónico en su camino hacia 1999, quizá pensando que será el mejor piloto de tormentas y que le podría arrimar algunos apoyos de quienes, como en 1995, en medio de una crisis económica que ya está entre nosotros, podrían votar con el bolsillo.





