35 años de integración en el Mercosur
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Mañana el Tratado de Asunción, el acuerdo fundacional del Mercosur, cumple 35 años. Durante sus más de tres décadas, el proceso de integración regional se mantuvo como pieza clave de la inserción de Argentina en el mundo —una proeza inusual si se tiene en cuenta la pendularidad de las políticas de nuestro país. En la coyuntura reciente, sin embargo, se han suscitado cuestionamientos respecto del valor estratégico de la pertenencia al bloque.
Por un lado, debido a la dificultad para abordar las históricas asimetrías entre los estados partes del Mercosur, para cumplir con acuerdos relevantes o para consensuar agendas en temas centrales del escenario internacional actual. Por otro lado, también, debido a los cambios globales acelerados del escenario post pandemia, que han llevado a poner en tensión las funciones, objetivos y diseños institucionales previos de los procesos de integración. Sucede en el Mercosur, pero también en la Unión Europea o en la ASEAN, entre otros esquemas relevantes. Sin embargo, la particularidad del lugar periférico de América del Sur debe llevarnos a buscar respuestas que, sin desconocer los debates de la época, se anclen en nuestros propios intereses y mirada.
En un mundo en el que el fortalecimiento de la geopolítica, las nuevas políticas industriales y la fragmentación del orden internacional crecen de forma acelerada, para Argentina el Mercosur sigue siendo un activo estratégico.
En el contexto emergente creemos que el Mercosur revalida su relevancia en clave del sostenimiento de la autonomía de nuestra política exterior y del desarrollo de nuestros territorios. Su valor excede lo comercial: reducirlo a la evolución del comercio intrazona sería perder de vista los cambios en curso en la economía global y la dimensión geopolítica del análisis.
Es, justamente, en ese cruce entre economía y geopolítica donde el Mercosur adquiere densidad estratégica: no como un fin en sí mismo, sino como una plataforma para articular agendas clave. Cuatro vectores estratégicos ejemplifican este valor del bloque para Argentina:
En primer lugar, el desarrollo hoy tiene nuevos protagonistas, sectores que en 1991 no tenían el mismo peso. A modo de ejemplo, la inteligencia artificial, la economía digital, los minerales críticos. El Mercosur puede ser más que un mercado ampliado. Puede potenciar las capacidades locales mediante el desarrollo de marcos regulatorios que se ajusten a las necesidades de nuestros territorios, la transferencia regional de tecnología y de capacidades comunes, así como la defensa conjunta de nuestros intereses en los foros internacionales. En particular, en el caso de los minerales críticos, existe una tensión global latente entre países productores y quienes procesan y controlan los eslabones superiores de las cadenas de valor. El Mercosur puede contribuir a un orden más justo y sostenible en ese sector.
En segundo lugar, el Mercosur también desempeña un papel importante en la transición energética y la integración de las energías verdes. La región tiene una ventaja competitiva a nivel global gracias a su matriz energética verde. La integración potencia esa capacidad, permite suplir las intermitencias e impulsar una marca regional distintiva del Sur Global en la transición energética.
En tercer lugar, en un contexto global en el que los países buscan diversificar sus mercados y construir mecanismos de amortiguamiento frente a shocks externos, el Mercosur se configura como una plataforma estratégica para la proyección de negociaciones internacionales. La acción conjunta no solo amplía el poder de negociación, sino que también permite alcanzar acuerdos en condiciones que difícilmente podrían lograrse de manera individual, en la medida en que la voluntad de los países sea preservar instrumentos de desarrollo y espacios de política y no solo abrir sus economías o acceder pasivamente a mercados extrazona. La integración, además, podría contribuir a una implementación inteligente de estos acuerdos.
En último lugar, pero centralmente, la Cuestión Malvinas. Es fundamental que nuestro esquema de integración continúe sosteniendo en todos los planos la defensa del legítimo reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes. El destino de unidad y desarrollo para nuestra región solo será posible en un territorio que no reconozca ningún tipo de colonialismo, como punto de partida para la concreción de los demás objetivos planteados. La posición y acciones del bloque con respecto a este tema darán cuenta de si se escoge continuar siendo periferia de un polo en declive o por fin constituirse en un verdadero poder sudamericano, con voz y proyecto propios, sin enclaves coloniales. El fortalecimiento del Mercosur es una condición y, a su vez, una consecuencia de esta definición.
Estas cuatro agendas pueden convertirse en la brújula del Mercosur en el nuevo contexto global. Al sostener la integración del bloque en estos nuevos términos, se estructuraría un polo de poder en nuestra región, que es la condición que nos permitirá abonar un sendero de soberanía, autonomía y desarrollo.
*Julieta Zelicovich es docente de la Universidad Nacional de Rosario y Mariana Vazquez es docente de la UBA y de la Universidad Nacional de Avellaneda




