
A caballo de un cronista inglés
Observaciones críticas tras 4300 kilómetros en dos viajes galopados en 1847
1 minuto de lectura'
La travesía sureña de William Mac Cann comenzó en Buenos Aires el 29 de abril de 1847 rumbo a Quilmes y retornó al punto de partida el 11 de junio tras recorrer doscientas leguas y llegar hasta la Piedra Movediza de Tandil. Casi inmediatamente sumó otro viaje -norteño- de 570 leguas más, siempre a lomo de caballo (el total equivalió a 4300 kilómetros) y que concluyó en los primeros días de 1848. A esas proezas, el comerciante inglés las dividió en etapas desiguales de 12 a 22 leguas diarias (unos 66 a 122 kilómetros) descriptas en un detallado informe del país recorrido.
Había llegado a la capital del Plata en 1842 con la idea de establecer sus negocios -no tan buenos, al decir del historiador José Luis Busaniche- y quizá devino observador espontáneo -o tuvo doble misión- si se considera que retornó a Londres en 1846, donde el editor Thomas Bain le publicó su primer trabajo: The Present Position of Affairs in the River Plate , folleto que llegó sin traducción a estas orillas.
Las motivaciones que el propio Mac Cann señaló para justificar el regreso indagador al Río de la Plata en 1847 y las dos travesías que emprendió son tan simples y sensatas que resultan una ingenuidad: "En Inglaterra -dijo Mac Cann, transcripto por Busaniche- había visitado yo una comarca de donde partiera un gran número de inmigrantes a Buenos Aires y a la que me sentía íntimamente vinculado por diversos motivos. La alarma era grande allí por la suerte que hubieran podido correr dichos compatriotas y con insistencia me pidieron parecer sobre el asunto". Como consideró que sus conocimientos no eran suficientes, se creyó obligado, "para mi propia satisfacción y la de mis amigos", a recorrer las provincias y por eso volvió a Buenos Aires.
Aquí había conocido el bloqueo anglo-francés y la dictadura a la que consideraba inevitable ante la incapacidad popular para elegir gobierno. Pero los seguimientos de la época sobre sospechosos de toda laya y sobre las andanzas insólitas como las de este inglés, su informe publicado en Londres y la travesía sureña motivaron la sospecha de un diputado de la Cámara de Representantes sobre la posible utilización de los informes de Mac Cann por parte de lord Howden, arribado en busca de un acuerdo con Rosas. Mac Cann suspendió una de sus travesías apenas se vio mencionado en La Gaceta por aquella sospecha ("rumor tan infundado como ridículo [... por el que] vine a ser mirado como una especie de espía". Pero no dudó en acudir a Palermo cuando el más tarde derrotado de Caseros lo invitó a sus tertulias de antesala para lucimiento de Manuelita ("que posee muchos atractivos"), seguidas de una llovizna de lisonjas, sugerencias y negociaciones. Hay que deducir que todos estos personajes -incluido Howden- cambiaron informaciones para posibles ventajas de cada uno. Lo cierto es que Mac Cann consiguió cartas credenciales para viajar al norte y poco después el almirante Herbert levantó el bloqueo.
Apuntes al trote
En buena parte de sus travesías, el comerciante inglés se hospedó en estancias de británicos. Abundaban: es que 49 entre los 50 extranjeros que lo acogieron eran de habla inglesa. Por esa razón, las inclemencias y la soledad de las llanuras, el peligro salvaje y las penurias de la vida al aire libre se mitigaron en esos modestos cascos, modestas réplicas de las casas rurales, por ejemplo, de las afueras de Sheffield.
Entre las valiosas descripciones del siglo XIX de viajeros británicos -anteriores, como las de los hermanos Juan Parish y Guillermo P. Robertson y las de Charles Darwin; o posteriores, como las de Roberto Cunninghame Graham, el gran amigo del argentino Guillermo E. Hudson-, los apuntes del comerciante inglés William Mac Cann resultan de los más valiosos, aunque a fuerza de sensato aparezca impiadoso para describir al gaucho. Lo describió en su libro ineludible Viaje a caballo por las provincias argentinas , editado en 1853 por la londinense librería Smith, Elder & Co. Gaucho, dijo, es una palabra "ofensiva para la masa del pueblo", que lo entiende como un individuo nómada, aunque aclara que sus críticas no consideraban los motivos que originaron su situación (de paria perseguidos por la leva y la Justicia, como lo justificarían los versos martinfierristas). Dice que "es hombre moroso y su vida transcurre en un eterno mañana", además de describir su resistencia a trabajos de a pie, la distancia que le pone a la agricultura, y el desinterés "por la caza y la pesca" y también de cualquier labor mecánica.
El sur también existe
El cúmulo de descripciones costumbristas fue el resultado de dos viajes cumplidos de a caballo y con amigos británicos: en el primero con José Mears y una tropilla que perdió y recuperó en los primeros días, y en el segundo por su compatriota William Barton, pero usando las caballadas de remuda de las postas.
El primer viaje al sur incluyó el paso por Magdalena, Chascomús, Dolores, Azul, Tapalqué y Tandil. Salió de Buenos Aires por el puente de Barracas tras comprar dos caballos y atisbó desde las barrancas de Quilmes el lugar donde desembarcaron sus connacionales mandados por William Carr Beresford en 1806. Estuvo sobre los pasos de la siguiente y fatal incursión del general John Whitelocke por un camino que "corría entre montecillos de durazneros, sauces y álamos" y que, cuarenta años después, Mac Cann usó para llegar a la estancia del súbdito británico Clarck. Así, el rosario de cascos británicos -mayoría irlandeses- visitados a través de una llanura poblada de ovejas le aseguraron guisos para la nostalgia de la vieja Albion. También convocaba recuerdos y citas cultas, desde referencias a Lord Byron para aludir a la Buenos Aires venida a menos (por aquello de que "Venecia muere diariamente") y hasta la canción I know a Bank , de Shakespeare, que él balbuceó feliz y acostado en la gramilla silvestre de la inmensidad.
Cruzando el Samborombón paró en la estancia que tuvo el primer y grueso alambrado de la Argentina, importado desde Birmingham por Richard Black Newton (cuyas muestras y hasta un piano del estanciero se ven ahora en el Museo Pampeano de Chascomús). Luego llegó a la estancia de Mr. Thwaites, que fue oficial inglés en las Invasiones Inglesas y más tarde abuelo materno de Francisco P. Moreno, el famoso perito.
Curiosamente, el viajero comió un excelente roastbeef rematado por un punch de coñac servido por un estanciero criollo -un tal Martínez- mucho más allá de Chascomús, lugar que acababa de hallar bastante despoblado desde que el alzamiento contra Rosas de 1939 le había provocado una diáspora de perseguidos políticos.
El viajero inglés hizo descripciones precisas sobre su paso por Azul, Tapalqué y Tandil. Estuvo, entre arrieros y carreteros, frente a la virgencita de Luján. Conoció Rosario, el convento de San Lorenzo, la gran Córdoba, Concordia, Salto, Gualeguay y Gualeguaychú. Describió en detalles el porteño cementerio de disidentes (hoy plaza 1º de Mayo) que reemplazó a su igual de Retiro, y consultó sobre economía y trabajo en el país al infatigable capellán de los irlandeses Anthony D. Fahy, después que este clérigo recorrió la provincia en cuatro años: "Jamás -le aseguró a Mac Cann- encontré a un hombre que no pudiera hallar trabajo", le dijo satisfecho.




