
A los saltos y en caída libre
Las cataratas más atractivas del planeta atronaron el sector argentino durante cien años con proyectos frustrados y obras inconclusas. Es el parque nacional más redituable de los 30 que posee el país. Pero los trabajos de renovación para visitar sus imponentes cascadas están prácticamente paralizados. Las licitaciones adjudicadas en 1995 presentan un sinnúmero de irregularidades y la ciudad cabecera sufre las ventajas cambiarias que ofrece Brasil.
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PUERTO IGUAZU.- COMO sucede durante cada Semana Santa, no menos de 10.000 visitantes diarios -desde el Jueves Santo hasta hoy- habrán registrado su paso por el portal del Parque Nacional Iguazú. Esos turistas incansables, peripatéticos y artillados con cámaras y hasta grabadores (para escuchar apoltronados en el living hogareño el atronador bramido del salto Bossetti, por ejemplo) se habrán extasiado frente a un paisaje sin par.
Pero los viajeros más experimentados tendrán también quejas, ya que esta temporada se pudo disponer de una mínima parte de las obras tan ruidosamente anunciadas en 1995 y en sucesivas arremetidas promocionales. Las nuevas pasarelas del circuito inferior -es decir, ni siquiera un tercio del total licitado y por renovar- constituyen la única novedad a la vista y a un año de su estreno.
Para colmo, los recorridos faltante que todavía se transitan con las precariedades conocidas, no sólo suman la mayor extensión: son los de más compleja construcción. Las obras están prácticamente paradas y derivan de un proceso de licitación complicado y litigioso. Para decirlo con las palabras del secretario de Turismo de la Nación e interventor, desde hace poco, de la Administración de Parques Nacionales, Hernán Lombardi: "Se trata de una grosera falta de transparencia y escasa eficacia. No estamos contra el proyecto, que deberá concluirse, y mejorará a Iguazú, pero nuestra propuesta tiende a demostrar que con transparencia se puede ser eficaz".
Antes de sumergirse en detallados análisis, Lombardi sostuvo: "Cataratas merece un impulso que atendemos con una primera etapa de poner prolijidad en donde hay desorden, mientras se alistan planes que deben atender el impulso de Puerto Iguazú y todo lo que atañe a la complejidad turística zonal, con el fin de armonizar y optimizar toda el área".
El rostro de Lombardi se desmorona por el fastidio provocado al encontrar el caos administrativo que le precedió, con vacío legal y desmantelamiento técnico en Parques Nacionales (APN), curiosamente una forma de depredación en simultánea invasión de la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable -que no pudo con los fuegos sureños, pero sí contra la autarquía de Parques-, y que "resultó deliberadamente inhabilitada como organismo de supervisión de áreas protegidas".
Hacer un seguimiento de los manejos verificados durante estos últimos años requiere una habilidad kafkiana; laberinto donde a cada paso aparecen los malos ejemplos y no pocas desidias. La falta de control está proporcionada a manejar otros intereses. Así los concesionarios en los diferentes parques (hay 170, pero sólo se registraron 82) pagan cánones irrisorios, y aún en esas condiciones adeudan dos millones de pesos.
Del hervidero de 84 expedientes que los auditores husmean -perdiendo a cada paso la capacidad de sorpresa- emergen los desatinos que delatan la acción impuesta por María Julia Alsogaray, en menoscabo y abuso generalizado -en el caso señalado- del control y cobro a concesionarios o propietarios. Más del 70 por ciento de las obras en la APN se llevó a cabo en forma clandestina. Lo más urticante fue desentrañar las graves irregularidades en el marco de las concesiones y en el manejo de los créditos internacionales.
Analizar los detalles de la licitación 4/95 del Parque Nacional Iguazú y las irregularidades detectadas aburriría al más entusiasta de los lectores. Pero basta señalar que, según la indagación oficial, tanto el adjudicatario de las obras y explotación de Iguazú, Carlos Enríquez y Otros UTE, como quien cuestionó la licitación, el Centro Empresarial Cataratas del Iguazú SRL y Asociados UTE, estaban impedidos de participar en el llamado, como deudores del fisco, según un informe de los abogados que analizaron el caso (también trascendió que el primero adeudaba seis millones de pesos al momento de la adjudicación).
Hubo juicio del Centro Empresarial contra el Estado y contra la APN. Incluso se detuvieron las obras por orden judicial. En 1997, la licitación había otorgado 18 meses para la ejecución de las obras, y 12 años de explotación una vez concluidas. Pero con los trabajos inconclusos y, curiosamente, cuando se acercaba el cambio de gobierno, la UTE cuestionada y su contrincante se asociaron. El 29 de noviembre último el directorio de APN le alargó el plazo de concesión de 12 a 18 años, propuesta que obtuvo la rúbrica de Carlos Menem un día antes de la asunción del presidente De la Rúa.
Pero la vida sigue. La naturaleza ignora la necedad de los hombres -aunque padece sus secuelas- y los torrentes siguen su espectáculo sin intervalos, el preferido de muchos turistas de todo el planeta, incluso de aquellos que conocieron el africano salto Victoria y las cataratas del Niágara.
Las bellísimas aguas del Iguazú que decoraron la epopeya jesuítica (tal como se ve en el film La misión ), cumplieron 258 años de deslumbramientos. Por lo menos desde que fueron descubiertas -para el mundo civilizado- por el adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca y sus afiebrados seguidores, y bautizadas como Saltos de Santa María. También se cumplió una centuria desde que los norteamericanos la llamaron Octava Maravilla del Mundo y la mostraron en fotografías durante la Feria de Saint Louis.
Exactamente un siglo de abundantes frustraciones argentinas. Es que ya entonces resultó inútil postular a este enclave geográfico como el primer parque nacional argentino, audacia progresista y ecológica ensayada aun antes de la donación de tierras que Francisco Pascacio Moreno hizo en 1903 para la futura reserva de Nahuel Huapi. Durante décadas -y aún hoy-, las 765.000 hectáreas de lo que primero se llamó Parque Nacional del Sud (1922) resultaron una reserva considerada erróneamente como el primer hito parquista del país.
La protección para Iguazú, sin embargo, comenzó a urdirse a fines del siglo XIX. El pequeño hotelito del puerto que utilizaba la firma y aserradero Núñez y Gibaja (más tarde se llamó Puerto Aguirre y, finalmente, Puerto Iguazú) recibió los primeros turistas oficialmente registrados el 1º de mayo de 1901 (los hermanos neozelandeses Teschemaker, la esposa de uno de ellos y el señor J. H. Sparroro).
Inmediatamente llegó Octavio Pico, de la Dirección de Tierras del Ministerio de Agricultura, y poco después, el gobernador de Misiones Juan José Lanusse. Este fue un verdadero pionero; inmediatamente implementó el estudio de los saltos y lanzó la idea del parque. Con ese impulso, el 8 de septiembre de 1902, el presidente Julio Argentino Roca pudo presentar al Congreso Nacional el proyecto de ley elevado por el gobernador para que "las cascadas" del impetuoso río y los terrenos por expropiar formaran "el Parque Nacional Iguazú" , según el informe y planos -ascensor incluido- que entonces desarrolló in situ nada menos que el parquista parisiense Charles Thays.
El plano agregado al expediente -y una fotografía panorámica de los saltos- encabezaron la página cuatro de la edición de La Prensa del día siguiente. Todos los diarios siguieron el tema, y La Nación lo hizo hasta la culminación de los problemas de frontera que en la zona nordeste había arbitrado el presidente norteamericano Theodore Roosevelt.
Pero aquel esfuerzo resultó inútil, aun con la reiteración elevada en 1905 (expediente 2821 del Ministerio del Interior que se conserva en el Archivo General de la Nación), en la que el gobernador Lanusse clamó con argumentos contundentes la aprobación del proyecto: "...En agosto próximo -se alarmaba-, el Brasil habrá llevado el telégrafo hasta inmediaciones del Iguazú". Adormilado, como muchos otros, al expediente le llegó el tiempo del "archívese", compulsiva esdrújula y mortaja habitual para muchos sueños argentinos.
La historia se repite en un túnel del tiempo con idénticas resonancias para el desengaño. Porque cuando el periodista Emilio B. Morales, uno de los fundadores de La Razón, llegó en 1913 al casi inaccesible tesoro natural, no pudo despachar desde allí sus notas por falta de comunicaciones. Pero más tarde, en su libro Hacia el Iguazú (Talleres J. Peuser, 1914) apuntó que, río de por medio, el telégrafo brasileño sí comunicaba a los visitantes cariocas directamente con Río de Janeiro.
Los turistas llegados esta semana también habrán tropezado con el desencanto de comprobar que sólo fue renovada una parte de las pasarelas del sector argentino, renovación insistentemente prometida desde 1995. No se avistan otras mejoras en uso. ¿Dónde están el tren y las demás obras?, preguntan sin obtener respuestas satisfactorias. La nueva área comercial y de servicios generales, que incluye un anfiteatro, restaurantes, un edificio de interpretación de la naturaleza y otros, está avanzada, pero no inaugurada. Esas obras resultan, por ahora, de ninguna utilidad sin las vías y el tren de gas que figuran en el proyecto, si faltan las pasarelas del circuito superior y las que llevarán a la Garganta del Diablo. Son las más costosas y de mayor dificultad de construcción. Falta acondicionar el sendero que baja para el cruce a la isla San Martín, donde debe construirse una pasarela y renovar el circuito de senderos. Es decir, muchísimo.
Algunas críticas son internas y surgen reservadamente de boca de algunos guardaparques y guías. Una de ellas objeta las pasarelas por ser metálicas, nada acordes con el ambiente selvático, y además angostas, lo que impide, por ejemplo, trasladar adecuadamente en sillas de ruedas a turistas discapacitados o descompuestos, minusválidos, etc. También el diseño tiene pocos lugares de reposo (es decir, descansos amplios y con bancos), necesarios por registrarse un alto porcentaje de visitantes de la tercera edad. "Está hecho con un fin económico en el doble sentido; menor costo y circulación más urgida y taquillera", aseguró un guía. Otros sostienen que fue desatinado proyectar un trencito de gas, "un fluido no conectado por red a ningún rincón de la Mesopotamia".
En la peregrinación hasta las 67.500 hectáreas selváticas donde, a 23 kilómetros de la desembocadura del río Iguazú y la cada vez más controlada triple frontera, está la falla geológica que provoca el abanico de dos kilómetros con 275 saltos. Ante su estrépito también caen las preguntas muchas veces sin respuesta que los turistas descargan ante sus cicerones. También disparan unos treinta millones de fotografías anuales, pero ignoran seguramente la abundancia de frustraciones autóctonas. En uso de su sentido común, claro, se hospedan -mayoritaria y alegremente- en Brasil. Alrededor de 22 mil plazas (más económicas) se brindan en la vecina Foz de Iguazú, de 270.000 habitantes. No más de 2300 camas, comparativamente más gravosas, aguardan en la estancada Puerto Iguazú.
Cada uno de los 550.000 visitantes anuales de Iguazú paga cinco pesos por traspasar su portal, por lo que resulta el más taquillero de los 31 parques y reservas de la APN: deja en caja más de 2.500.000 pesos por año. La cifra llega casi a triplicarse para las arcas del conjunto de prestadores turísticos de navegación, excursiones y flotamientos.
Para los visitantes, las nuevas obras parecen inertes. Tampoco hay respuestas que satisfagan la breve curiosidad de los viajeros que regresan de Foz mediante el puente Tancredo Neves. Se quejan por el estancamiento de Puerto Iguazú y no pueden evitar aludir a las ventajosas tarifas de hotelería, comidas y taxis, entre otros servicios, brindados en Brasil.
Del lado argentino no puede evitarse el lúgubre paisaje que ofrecen, desde hace muchos años, algunos esqueletos de hormigón que componen el plantel de media docena de hoteles inconclusos. Son el símbolo monumental de la ineficacia nativa.
La invasión de Semana Santa siempre agota las plazas disponibles a ambos lados de la frontera. Allí comienzan las diferencias. El trabajo zonal se incrementa y el puente internacional Tancredo Neves registra el mayor tráfico. La estadística de movimiento e ingresos marca las diferencias medidas en traslados en taxis y en remises (costo diferente), y el ejemplo se extiende a las demás actividades.
Esa realidad se agrega al viejo dicho que sostiene: Brasil tiene la platea y la Argentina el espectáculo. Pero es una verdad a medias. Del otro lado sólo hay 700 metros de pasarela, mientras que el sector argentino tiene gran riqueza de recorridos, de selva, fauna y espectacularidad.
La sensación generalizada de operadores turísticos, dirigentes y generadores de servicios, es que deben sincerarse los términos de los intereses contrapuestos o meramente nada compadecidos con una realidad que puede sepultar a los más distraídos. Hay fervorosos y descreídos. En Posadas, la capital de Misiones, se asegura que el grupo norteamericano Ogden se retira del Casino Iguazú.
"Nosotros apostamos a la Argentina y creemos que hemos acertado", se gratificó Jorge Stein, gerente del Sheraton Internacional Iguazú Resort, el privilegiado hotel frente a los saltos. La afirmación tiene un significado especial, descargada nada menos que en medio del agasajo que hace una semana se brindó al Buy Argentina, este año con Iguazú como lugar por promocionar ante la legión de agentes de viaje que anualmente relevan nuestras mejores estampas naturales.
"Mi paisaje es de este lado", concluye el arquitecto Estanislao Kokoureck, que tanto tiene que ver con ese hotel a un paso de los saltos. No sólo por eso. En su primera juventud anduvo a los saltos; fue un destacado atleta argentino en 110 metros con vallas y la anécdota vale, sobre todo para demostrar que no importan los obstáculos, sino superarlos.
Un panorama lleno de obstáculos
- Semana Santa: unos 10.000 turistas diarios, del país y del extranjero, visitan el paisaje único del Parque Nacional Iguazú y sus privilegiadas cataratas desde el Jueves Santo hasta el domingo de Pascua.
- Irregularidades: la falta de control sobre los manejos licitatorios ha provocado que los concesionarios paguen cánones irrisorios y, aun en esas ventajosas condiciones, adeudan unos dos millones de dólares al fisco.
- Inadecuado: los guardapaques y guías especializados, reservadamente, se hacen eco de las críticas que surgen a raíz de las nuevas y escasas pasarelas metálicas (sólo hay construidos 700 metros). Estas no están acordes con el ambiente selvático. Además, son tan angostas que no permiten la circulación de discapacitados en silla de ruedas. El diseño de las mismas no presenta lugares de reposo, necesarios para cobijar a un alto porcentaje de visitantes de la tercera edad.
- Riqueza: cada uno de los 550.000 turistas anuales que pasan por Iguazú paga cinco pesos por traspasar el portal del parque, por lo que resulta la más rentable de las reservas nacionales. Deja en caja más de 2.500.000 de pesos. La cifra llega a triplicarse con los demás servicios, como los de navegación, excursiones y flotamientos.





