¿A quién le importa la fortuna del Indio Solari?

Un amigo escritor me prestó una pieza importante de su memorabilia personal: el número 8 de la Cerdos & Peces, de enero de 1987. Ahí está la primera nota que él firmó para la mítica revista que fundó en 1984 el escritor y periodista Enrique Symns (los más jóvenes pueden no saberlo pero esta fue, tal vez, la publicación contracultural más importante de la argentina posdictadura. Hace poco se editó un libro que recoge muchos de los mejores artículos de sus veinte años de interrumpida existencia: Cerdos & Peces. Lo mejor ). En ese ejemplar, además, Symns presenta con pocas palabras un disco clave: Oktubre, el segundo trabajo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Pero no sólo eso: en la página 58 aparece un texto de ficción titulado El monstruo de Panamá, firmado por "El Indio Solari". El ex cantante de los Redonditos de Ricota escribía, desde el primer número de la Cerdos &; Peces, ese tipo de viñetas retrofuturistas que, cuentan, guarda agrupadas en algún lugar de su casa bajo el nombre de El delito americano (y cuyo estilo no difiere demasiado del que terminaría aplicando a las letras de las canciones de la banda). Casualidad o no, al otro día de leer aquel viejo número me enteré que la versión local de la revista Forbes había publicado un ranking con los músicos más ricos del país: Carlos "Indio" Solari figuraba en la cima de la lista, con una fortuna de 13 millones de dólares.
Fui a mi primer recital de Los Redondos en noviembre de 1991, en un lugar llamado Autopista Center, y casi diez años después, en abril de 2000, los vi en vivo por última vez. Una noche, a la salida de los shows en la cancha de Huracán (1993), nos pusimos a calcular con un grupo de amigos el dinero que la banda habría facturado mutiplicando el precio de los tickets por la cantidad de entradas vendidas, y llegamos a la conclusión de que, luego de descontar los enormes gastos de organización (la banda se autofinanciaba, de acuerdo a su política de organización independiente), al menos el trío que comandaba el grupo (Solari, el guitarrista Skay Beilinson y la manager, Carmen Castro, alias La Negra Poly) debía ser millonario en dólares en la Argentina de la convertibilidad. Fue una diversión que nos llevó apenas unos minutos y que olvidamos al instante. Pero dos décadas más tarde, una revista económica hacía las mismas cuentas, y la noticia se viralizaba rápidamente.
Especulaciones periodísticas al margen, se sabe que Solari hizo de la autogestión y la producción independiente su modo de crear música, espectáculos y emociones
Muchos se sorprendieron, otros se indignaron, y al final el propio Solari (como se sabe, una persona fóbica en general y muy particular con los medios de comunicación) salió a decir que todo era una locura. "Debo aclarar que en distintos mails (que conservo), cruzados entre mi manager y responsables de Forbes, estos me fueron haciendo 'precio', puesto que arrancaron hablando de veinte millones. Julio Sáez, mi manager personal, les dio todas las explicaciones de por qué esa cifra era disparatada y me rebajaron a trece millones. Supongo que la verdad los dejaba sin artículo, y me pregunto: ¿desaparecieron siete millones de dólares de la información lograda con su 'investigación profesional', así como así? Esto demuestra la seriedad del informe. Los datos sobre mi 'fortuna' son un total dislate y me sorprende que no tenga, dicha revista, un 'informante' en la AFIP que los proteja de cometer semejante error". Pero pese a las desmentidas, la publicación (del Grupo Veintitrés, propiedad de Sergio Szpolski y Matías Garfunkel), hasta entonces casi desconocida, había logrado llamar la atención sobre su existencia.
Supongamos que una de las tareas del periodismo serio sea la de investigar la fortuna de los ricos y poderosos, y sobre todo indagar si, detrás de ellas, se esconden transacciones y métodos de capitalización ilegales o fraudulentos. ¿Empezaría uno por poner el foco en músicos como Solari, Diego Torres, Gustavo Santaolalla, Mariano Mores, Andrés Calamaro, como lo hizo Forbes? ¿O investigaría a estrellas como Marcelo Tinelli, Susana Giménez, Mirtha Legrand, políticos como Julio De Vido, Amado Boudou, Máximo Kirchner, empresarios como Daniel Hadad, José Luis Manzano y el propio Szpolski? ¿No es acaso menos arriesgado teorizar sobre la facturación de un grupo de músicos en base a datos sobre sus presentaciones, que revisar las cuentas de dueños de medios, formadores de opinión y políticos de primera línea? La segunda opción, por lo pronto, demanda una ingeniería de investigación más compleja y sostenida en el tiempo: más periodistas, más tiempo, más dinero. Y no asegura, por sí sola, la misma repercusión.
Narrar la paradojal trama de una banda como Los Redondos llevaría demasiado tiempo y espacio. La carrera del grupo, nacido a fines de los 70 y disuelto a principios de los 2000, es sinuosa y corre en paralelo a la historia de la Argentina, con su primavera democrática, su neoliberalización, su empobrecimiento y el estallido social del nuevo siglo. Hay razones que podrían explicar el por qué una banda de culto, a la que iban a ver periodistas, críticos, escritores y artistas en general terminó por convertise en la más convocante del rock nacional. Tantas explicaciones y teorías que ninguna terminará siendo cierta si no contiene las debidas dosis de azar y sociología: el éxito arrollador de una banda como Los Redondos podría ser al mismo tiempo un caso de estudio universitario como empresarial, y seguir siendo un misterio. Pero quizá en la nota de Forbes haya un enfoque más ideológico del que se advierte a simple vista. Y el metamensaje podría decir algo así como: ¿vieron chicos que aquel personaje enigmático y esquivo, que cantaba canciones de líricas crípticas sobre el aura de la revolución rusa, era en verdad un burgués apenas disimulado tras su imagen de músico intelectualizado?
Especulaciones periodísticas al margen, se sabe que Solari hizo de la autogestión y la producción independiente su modo de crear música, espectáculos y emociones. Que sin gestos de demagogia, populismo ni autocomplacencia, sin el divismo ni el malditismo tan característicos en la industria de la música, sin la ayuda de la publicidad, el marketing y los medios de comunicación de masas, tocó con su trabajo el nervio de varias generaciones, generó sentido y estados de ánimo, y entregó un legado estético e intelectual que hicieron del mundo un lugar más atractivo y complejo. Hizo negocios, claro, pero guiado por sus deseos y convicciones. ¿Que bebe whisky importado, se mueve en un automóvil con chofer, vive en una quinta en las afueras de la ciudad y vacaciona en Nueva York? No es algo que haya ocultado nunca. ¿A cuánto asciende su fortuna personal? La verdad, no creo que sea algo que a nadie le interese demasiado.





