
Acabar con el analfabetismo
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En ocasión de cumplirse el primer año del Programa Nacional de Alfabetización, se realizó una ceremonia presidida por el presidente de la Nación, Néstor Kirchner, y se entregaron certificaciones a egresados de distintas provincias. Fue entonces cuando el ministro del área educacional, Daniel Filmus, expresó el firme propósito de lograr, antes del término del mandato presidencial, que la Argentina sea "un país libre de analfabetismo".
Las políticas tendientes a superar esa lamentable situación dieron impulso a nuestro sistema educativo desde que la organización formal de la enseñanza estableció la obligatoriedad y, en ese sentido, se lograron avances tempranos y muy firmes que otorgaron prestigio internacional al país. Ahora bien, la lucha por la alfabetización masiva requiere continuidad y renovación de planes y recursos para asegurar su éxito a través del tiempo, ahora que se plantean otros problemas al país y a su población.
A esta altura de nuestra experiencia educativa sorprende e inquieta saber que hay casi un millón de analfabetos puros, es decir, tantos como graduados universitarios. A ese conjunto se pueden sumar los que habiendo iniciado un aprendizaje escolar luego lo abandonaron y no se encuentran hoy en condiciones de responder a demandas cotidianas que requieren un grado de alfabetización; éstos son los analfabetos funcionales y su número se calcula en cinco millones. Es importante señalar que el analfabetismo puro es típico de los países subdesarrollados, mientras que el funcional también se observa en países del Primer Mundo.
Erradicar el analfabetismo equivale a reducir formas de exclusión social. Si este problema ha crecido en magnitud en los últimos años es porque desdichadamente han aumentado la pobreza y la indigencia que influyen en la deserción escolar. Reducir ese mal es algo más que enseñar a leer, escribir y conocer las operaciones matemáticas elementales. Hoy la alfabetización reclama, además, cierto nivel de información, habilidad para interpretar indicaciones o señales, entender el formulario que se firma, interpretar las instrucciones de un manual y tanto más, entre lo cual hay que contar técnicas de uso corriente.
Así como la deserción escolar temprana lleva al analfabetismo, la repitencia suele ser antecedente de la deserción. De ahí la importancia de atender precozmente estos problemas que no son sólo educativos, ya que afectan el porvenir social y económico de las personas y en última instancia el del país. Repetir el grado implica para el alumno y la familia una frustración, que puede superarse sin duda, pero reclama buena orientación. Aquí también se observa que la pobreza y la desocupación de los padres acompañan al 27 por ciento de los repetidores.
El objetivo de concluir con la rémora del analfabetismo, enunciado por el titular de Educación, y uno de los objetivos de la ley de financiamiento educacional, es muy plausible. Planes y programas emprendidos por distintos organismos estatales se conocen con frecuencia. No obstante, queda mucho por hacer y lograr. Asimismo, es valiosa la información de los resultados alcanzados en cada experiencia y el mantenimiento de políticas dirigidas a reducir el analfabetismo con un sentido de lucha permanente, pues la declinación de los esfuerzos en años cercanos ha dado oportunidad de que el mal se acentuara.




