
¿Adiós a la literatura trivial?
Por Jakob Augstein Süddeutsche Zeitung
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FRANCFORT
El escritor griego Petor Markaris no es un hombre feliz. Escribió una novela de suspenso protagonizada por un detective de la policía ateniense. Eso fue todo. ¡Pobre Markaris! Ahora se ve obligado a soportar el asedio de entrevistadores que le formulan todos la misma pregunta recriminatoria: "¿Cómo puede seguir escribiendo sobre temas tan triviales, después del terror del 11 de septiembre?" Y se siente obligado a darles alguna respuesta: "Creo que ningún escritor o cineasta, ningún artista en general, puede seguir por sus viejos carriles".
Es una teoría de alto riesgo. Durs Grünbein también escribe pero, a diferencia de Markaris, es un hombre muy feliz. Hace poco más de un año, escribió una novela sombría e incluso siniestra, titulada Herbst des Terrors ("Otoño del terror"). Su visión parece mucho más acorde con la actual situación mundial. En consecuencia, hoy lo vemos revolotear de una entrevista a otra, parloteando sobre la melancolía y el sexto sentido.
Francfort acaba de celebrar su 53» Feria del Libro bajo la influencia evidente de los acontecimientos mundiales. Dicen que después del 11 de septiembre el mundo nunca volverá a ser el de antes; lo mismo cabría decir de la literatura. Una ristra de publicaciones serias, entre ellas Die Welt y Der Spiegel , anunciaron la apertura de la feria y, a renglón seguido, la muerte de la literatura hedonista y light . Por su parte, Frankfurter Rundschau informó que el "tema central tácito" de este año sería el islam, como si éste fuese, en realidad, sinónimo de terrorismo.
La marea de la historia
Evidentemente, los sucesos del 11 de septiembre dejaron su impronta en la feria. El canciller Gerhard Schroeder, que debía pronunciar el discurso inaugural, lo canceló a último momento para viajar, en cambio, a los Estados Unidos. El ministro de Cultura y Medios, Julian Nida-Rümelin, se ofreció como sustituto: hablaría de "la política orientada hacia los valores y el estado actual de la cultura". Con la inocultable intención de abordar todos los interrogantes que ocupan la atención mundial en esta coyuntura especial.
Entre las editoriales, 54 decidieron no concurrir (incluidas 31 de los Estados Unidos, una de Paquistán y una de Turquía). Tampoco participaron varios invitados norteamericanos, ahora reacios a viajar en avión. Una presencia policial mayor que la habitual veló por la seguridad de todos cuantos pasaron por la feria hasta su clausura, el lunes 15, aunque nadie explicó por qué razón la Feria del Libro de Francfort habría de ocupar necesariamente una posición alta en cualquier lista de objetivos del terrorismo internacional.
El indicio más patente de que la de este año no se pareció a ninguna otra es el hecho de que, en toda Francfort, los hoteles no colmaron su capacidad disponible: todo un fenómeno, por cierto, en esta época del año. Se habla de una caída del 28 por ciento en las reservas, comparadas con las del mismo período de 2000.
Estas cosas no hacen mella en la Feria de Francfort. Con 6661 expositores, mucho más de 400.000 títulos (entre ellos, unas 100.000 publicaciones nuevas), sofware , información por Internet, libros parlantes y videos, sigue siendo la mayor del mundo en su especialidad.
Y no deja de crecer. La de este año desmintió las afirmaciones de innumerables críticos culturales fatalistas, para quienes el libro tiene los días contados e Internet marcará el fin de su forma de venta tradicional. El índice de crecimiento de la industria es del 1,5 por ciento y, de hecho, la venta electrónica apenas si representa entre un 3 y un 5 por ciento de las ventas totales.
No obstante, persiste el problema de Markaris y los compatriotas que lo acompañaron a Francfort: la marea de la historia los ha dejado en seco. El tema central previsto para la feria de este año era Grecia y su literatura pero, ¿quién iba a querer concentrar su atención en Grecia, en un momento como éste?




