Adriana Puiggros: "El docente tiene que enseñar y exigir"

La pedagoga considera que la Argentina, con la mirada puesta en el futuro, debería convertir a la educación en una gran política de Estado con escuelas exigentes que salgan del circuito de reproducción de la pobreza
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29 de febrero de 2004  

Tres cosas le preocupan a la pedagoga Adriana Puiggrós cuando mira el sistema educativo argentino: los adolescentes sin contención ni idea de futuro, la deficiente alimentación de los más chicos y la escasa relación entre la educación y el trabajo.

A punto de iniciarse un nuevo ciclo lectivo en el país, el diagnóstico de crisis --subrayado por índices de fracaso escolar, abandono en la universidad y reclamos salariales de los docentes-- se ha ido extendiendo sobre la educación, un campo que los argentinos habíamos logrado mantener hasta ahora a salvo del caos como símbolo de la igualdad de oportunidades y con un sello casi indeleble de calidad.

Ante el panorama, Puiggrós propone preocuparse tanto por el problema inmediato como por su proyección en el largo plazo. Cree que es tan urgente reforzar la formación de los docentes de primer grado como convertir a la educación "en una gran política de Estado", tan perentorio asegurar la alimentación de los chicos como diseñar un proyecto productivo para el país al que la escuela y la universidad puedan hacer sus aportes.

Investigadora principal del Conicet, especialista en historia de la educación y actual asesora en la Dirección general de Educación bonaerense, Puiggrós defiende en diálogo con LA NACION el controvertido Polimodal --que muchos señalan como responsable de la deficiente formación de los chicos-- porque "introdujo por primera vez la idea de trabajo y vinculación con la producción en el sistema educativo argentino". Sin embargo, explica su fracaso por una implementación fallida e incompleta y por la ausencia de un proyecto productivo nacional que le sirviera de marco.

Puiggrós, ex diputada nacional por el Frepaso y ex secretaria de Ciencia y Tecnología, considera que el ministro de Educación, Daniel Filmus, está haciendo "una gestión digna", pero tiene un listado de tareas pendientes para sugerirle, entre ellas, conducir a los ministros de Educación provinciales en el trabajo de hacer una escuela exigente, que salga "del circuito de reproducción de la pobreza". "Más que decir que las nuevas generaciones saben menos, habría que estudiar qué es lo que saben y cómo aprenden", afirma.

--¿Qué es lo que más le preocupa cuando mira el sistema educativo argentino?

--Me preocupan tres cosas: los adolescentes, la estimulación de la alimentación de los chicos pequeños y la relación de la educación con el trabajo y la producción. Creo que son puntos centrales y de los cuales se puede derivar el conjunto de lo que habría que hacer.

--¿Por qué le preocupan los adolescentes?

--La generación del 80 fue muy coherente con diseñar un perfil de niño: el alumno de primaria. Es muy urgente que en la Argentina se tomen decisiones con respecto al adolescente. Durante todo el siglo XX, los adolescentes tuvieron la contención de la escuela secundaria, a la que se sumaban los clubs donde se podían asociar y la convocatoria de los partidos políticos y de la Iglesia. Los chicos tenían dónde estar. Durante la década del 90, con una situación muy crítica y una fuerte pérdida de valores, se produjo una descomposición del espacio de contención y de vida de los adolescentes, acompañada por una crisis de la familia. Reconstruir un perfil del adolescente y proyectarlo al país que se quiere no sólo es una urgencia, sino que se inscribe en el legado indispensable que la Argentina le debe a las próximas generaciones.

--¿Qué papel jugó en esta situación la educación media?

--Aunque he sido muy crítica de la ley federal de educación, haber establecido el Polimodal fue un acierto, porque introdujo por primera vez la idea de trabajo y la vinculación a la producción en el tronco central del sistema educativo argentino. Creo que la Ciudad de Buenos Aires y Neuquén deberían sumarse al sistema educativo argentino e incorporarlo. La educación media nunca estuvo vinculada a un proyecto productivo de país, porque siempre se supuso que la renta agraria iba a derramar sobre el conjunto de la sociedad. Esto explica el fracaso sucesivo de todos los proyectos que vinculaban educación y trabajo entre mediados de la década de 1880 y 1916. Y fue además un fracaso social, porque el conjunto de la sociedad quería tener hijos doctores.

--¿Por qué ha dado tan malos resultados el Polimodal, entonces?

--Porque no se terminó de implementar. Porque se lo separó del tercer ciclo de la Educación General Básica (7°, 8° y 9°) y así, en las provincias, los dos ciclos quedaron ubicados de maneras distintas y desarticulados. También porque, en el actual sistema, el Polimodal significa que el adolescente pasa tres años sin orientación. Lo que hace falta no es volver a la vieja escuela secundaria sino encontrar formas de articulación entre el tercer ciclo de la EGB y el Polimodal, recuperar un espacio de enseñanza-aprendizaje en el cual el adolescente pueda hacer deportes, relacionarse con el arte, con la música y donde pueda recibir enseñanzas indispensables para insertarse en el mundo del trabajo y la educación superior. La reforma educativa es muy difícil de evaluar porque fue cruzada por la crisis.

--¿Cree que los docentes están preparados para llevar a cabo estas reformas?

--La preparación de los docentes en el país es muy desigual. El Ministerio de Educación y los ministros provinciales tienen como tarea acordar un plan nacional de formación docente que tenga en cuenta las particularidades regionales. En realidad, es indispensable que haya una planificación regional de la educación, es decir, que los ministerios de Educación, los organismos de ciencia y técnica, las universidades y los institutos de educación superior hagan acuerdos sobre los cuales se asiente el plan educativo para las próximas décadas. No hay un único punto de inicio de la recuperación argentina. También es necesario que se avance en la renegociación de la deuda y que haya un esquema productivo para la Nación, porque en ese esquema se tiene que inscribir la educación, si no vamos a formar gente para una nación que no va a existir. Se requiere que el país tenga un camino productivo con una mirada de aquí a diez años para decidir qué orientaciones tendrá el Polimodal o una reforma de la educación superior. En parte, el Polimodal fracasó porque la idea de relacionar educación y trabajo sólo puede prosperar si hay un esquema productivo y si lo que se quiere transmitir no es sólo una capacitación inmediata para trabajar en una empresa sino una formación general, humanística, conocimientos básicos y un concepto de trabajo.

--¿Cómo se hace esto cuando las diferencias económicas, políticas y educativas entre las provincias son tan profundas?

--Es una tarea nacional. Cuando hay que decidir políticas, hay que solucionar el problema inmediato y al mismo tiempo plantear políticas por las cuales formemos sujetos productivos. Por eso, por un lado el Gobierno nacional, con el Consejo Federal y las universidades, deberían llegar a un acuerdo sobre programas nacionales que mejoren la equidad, por ejemplo en la alimentación de los chicos. Hay que reforzar al docente de primer grado, que es el que inicia en la escuela al chico, que va a sellar en él la situación de escolarización, y al mismo tiempo hacer una reforma importante de la educación superior, que en la Argentina lleva 30 años de atraso. Los docentes se forman en la educación superior y los niveles de desigualdad también tienen que ver con el aporte que los docentes pueden dar en las aulas. Hay que sacar a la escuela del circuito de reproducción de la pobreza. Con buenos maestros y profesores, y con una infraestructura como se debe, la escuela tiene que retener a los chicos, garantizar que se les enseñe, integrar, calificar y ser exigente. Es un error creer que porque los chicos son pobres, porque son los más castigados, hay que tener una política de promoción y no exigirles. No puede ser. El docente tiene que enseñar y exigir. Que se llegue a hora, que se cuiden los útiles, que alguien de la familia se vincule de un modo responsable a la escuela es un trabajo que tienen que hacer los docentes. No es un trabajo extra, es lo que los docentes argentinos hicieron siempre.

--En el imaginario de la Argentina, siempre se percibió la educación pública como una educación de calidad. ¿Cree que eso se está perdiendo?

--Más que decir que las nuevas generaciones saben menos, habría que estudiar qué es lo que saben y cómo aprenden. Es un momento de crisis de las viejas formas de aprendizaje y de los viejos saberes, y no hay articulaciones sistemáticas entre saberes formales y no formales, es decir, todo lo que aprenden los trabajadores en su actividad y aquellos que han cursado materias de diferentes carreras pero no tienen título. El sistema educativo argentino es muy limitado y muy antiguo en este reconocimiento, tiende a desacreditar. Hay que avanzar en un sistema que acredite saberes formales e informales.

--Mencionó antes la necesidad de reformar la educación superior. ¿En qué sentido?

--En primer lugar, hay que crear un sistema de educación superior, como dice la ley. Debería haber formas de articulación entre terciarios y universidades. Habría que multiplicar los institutos terciarios de distinto tipo (técnicos, de formación docente, de comunicación) y generar un sistema de reconocimiento de títulos intermedios, con mayor flexibilidad curricular entre instituciones y entre carreras. Además, la educación superior debería vincularse mucho más al sistema de ciencia y tecnología.

--¿Cómo ve la gestión del ministro Daniel Filmus?

--Creo que es una gestión digna. Y me parece que, de aquí para adelante, es importante que el ministro conduzca al Consejo Federal en la rearticulación del sistema, por ejemplo, con el establecimiento de equivalencias de la educación entre las provincias. Hay que pensar en el restablecimiento de la justicia social en la educación en términos de gran política de Estado y no de políticas parciales. Hay que actuar por arriba y por abajo: empezar por una gran modificación del sistema de educación superior, reforzar la alimentación de los chicos y ocuparse de los adolescentes, todo a la vez, pero, para que esto suceda, tiene que haber una política educativa nacional, un gran diseño.

--¿Cree que ya existe?

--Creo que se empieza a tener conciencia de que debe existir. En el tiempo que lleva el actual Gobierno, el país ha avanzado en la solución de problemas estructurales, de orden económico-social. Ahora hay que diseñar un sistema productivo. Las empresas empiezan a requerir gente más capacitada y comienza a haber cierta conciencia, en el sector público y en el privado, de que hay que invertir en educación. El Ministerio de Educación también tiene que trabajar para sensibilizar más al sector privado, para que entiendan que, si no hacen los aportes correspondientes al sector público, vía impuestos y de manera directa, no pueden vivir de sus recursos.

El perfil

Educadora

Adriana Puiggrós se graduó en la UBA y es doctora en pedagogía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue secretaria de Ciencia y Tecnología (2001), además de diputada por el Frepaso (1997-2001).

UBA y Conicet

Actualmente es profesora titular de Historia de la Educación Argentina y Latinoamericana en la UBA e investigadora del Conicet. Dirigió la Historia de la educación argentina, en ocho tomos. Su último libro es El lugar del saber.

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