Ahorrar o consumir, esa es la cuestión
En esta vorágine de gastos, hay lugar para que unos cuantos se salgan del rebaño y busquen su propio camino
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Dado que todos están consumiendo, creeríamos entonces que esa es la única alternativa posible. Es normal pensar que lo que hace la mayoría está bien, e incluso es muy común creer que si todos están yendo en la misma dirección, no tiene sentido que uno encare para otro lado. Instinto de manada, que le dicen, pero esto tiene también su explicación científica, basada en nuestro instinto animal de supervivencia: una liebre sola es una liebre muerta.
La política económica en la Argentina, en estos momentos, es más que clara: se trata de mantener la economía recalentada cueste lo que cueste. Para ello, se necesita que la gente gaste, consuma, compre y pida prestado (aunque no necesariamente en ese orden).
Esto es bueno para el país: un ciclo de consumo creciente trae aparejado aumento de la demanda, que a su vez genera aumento en la producción, mayor actividad industrial, mejora de empleo, etcétera, hasta entrar en un círculo virtuoso.
De la vereda de enfrente tenemos la paradoja del ahorro. El ingreso total de la población es igual a la suma de los ingresos de sus individuos. Dado que el ingreso personal puede ser destinado al consumo o al ahorro, y que el consumo forma una parte esencial de la demanda agregada — que financia el ingreso global a través de rentas y salarios — si aumenta el porcentaje de ahorro, lógicamente el consumo disminuirá, por lo que disminuirá aún más la demanda agregada y, consecuentemente, el ingreso global, lo cual hará que caiga el ingreso personal. Al caer el ingreso personal, cada individuo habrá de dedicar un mayor porcentaje de su renta a ahorrar para poder seguir ahorrando lo mismo en términos absolutos. Ello reducirá aún más su consumo (ya de por sí reducido por la caída de la renta) por lo que los ingresos serán aún más reducidos y así sucesivamente al punto que algunos o muchos deberán utilizar sus ahorros a fin de solventar la disminución en ingresos.
El Gobierno parece abonar esta teoría y toma en base a ello una decisión un tanto controversial: al prohibir la compra de dólares (principal moneda utilizada para canalizar excedentes de dinero en términos históricos por parte de los argentinos) se corta el puente principal de ahorro y con ello de alguna manera se obliga a caer en el consumo indiscriminado de lo que sea, con tal de que los pesos que se cobran no pierdan valor rápidamente.
¿Dónde está el problema? A mi juicio, en un aspecto muy sutil, algo polémico tal vez pero que es necesario entender: muchas veces, lo que es bueno para la sociedad en su conjunto no es bueno para uno mismo.
Y aunque esto suene como una contradicción (al fin y al cabo, alguien podría argumentar que la sociedad no es ni más ni menos que la sumatoria agregada de los comportamientos individuales de cada uno de nosotros), es de vital importancia para la salud de nuestras finanzas personales y nuestros anhelos de independencia financiera percatarse de ello.
Los fantasmas y el estímulo: inflación y cómodas cuotas
Que la inflación es un tema importante en nuestros días, no cabe duda. A la inflación la sentimos en la piel, cuando vamos al supermercado o en cualquier otra transacción comercial.
Tenemos las publicidades que nos incitan a comprar en 50 cuotas sin interés (no se ilusionen, acá nadie regala nada, la expectativa de inflación está metida en el precio que terminan pagando por el nuevo electrodoméstico si lo comparan con su valor en efectivo) o los descuentos de las tarjetas de débito en shoppings y supermercados. Todos los caminos conducen a Roma: consumir, consumir y consumir.
Eso es lo que necesita la economía, es lo que necesita el país. Y el efecto manada hace que la gente entre en este juego de comprar, aún sin necesidad, para acceder a cuotas y descuentos o para que la inflación no se "coma" los ahorros.
Ahora bien, ¿dónde quedó la libertad del ser humano en cuanto a su poder de elección? En esta vorágine de gastos, préstamos y consumo, hay lugar para que unos cuantos se salgan del rebaño y busquen su propio camino, resistiendo la presión de un marketing agresivo que nos quiere hacer creer que el dinero quema y que no queda otra que gastarlo.
Ahorrar = invertir (haz lo que yo digo pero no lo que yo hago)
Mientras el Gobierno nos incita a gastar, se dan a conocer cifras acerca del nivel de reservas en dólares del Banco Central, que se encuentran en valores históricamente altos.
Si se logra asomar la cabeza sobre el agua, se verá que existen opciones de inversión que van desde el 7 al 35%, en pesos.
Entre las inversiones de menor rendimiento tenemos los plazos fijos, y entre las que más rentabilidad nos dejan encontramos préstamos privados a Pymes respaldados por contratos de mutuos. En el medio existen fondos de fideicomisos y bonos del gobierno nacional con vencimientos largos, junto con otra gama interesante de opciones (departamentos amueblados para alquilar a turistas que se cobran en dólares y muchas otras más).
Claro, nadie nos va llamar a nuestra casa para decirnos que existe una Pyme muy sólida que necesita dinero y paga un 35%, pero las oportunidades están y es solo cuestión de buscarlas, instruirse, averiguar, preguntar, ser curioso.
Pero para llegar a esto, primero hay que tomar la decisión de no entrar en la manía de consumo y pensar antes en cada peso o dólar que entra en nuestro poder como un empleado que trabajará junto con otros para nuestro beneficio. Prueben pensar en cada 10.000 pesos de ahorro como $150 pesos más de dinero por mes, que corresponde a los ingresos pasivos que podríamos obtener invirtiendo ese capital al 18% anual en un mix de las opciones antes citada. Eso es lo que se llama poner el dinero a trabajar para uno.
Para los que extrañen la seguridad de la divisa americana, es bueno saber que existen alternativas legales para comprar dólares, como emisiones de bonos del propio gobierno que paga sus cupones (intereses) en dólares físicos que se retiran de la sociedad de bolsa con la cual se decida operar. Algunos ejemplos son: A17 (Bonar 10), RO15 (Boden 2012), TBPA (cupón atado al PBI en dólares legislación argentina), RG12 (Boden 2012), RA13 (Boden 2013).
Hoy, más que nunca, es necesario diferenciarse y comenzar a construir el futuro de una manera más "outsider". La disyuntiva es trabajar para consumir productos que nos dan una felicidad frágil y efímera o trabajar para disfrutar de otras cosas a tiempo.
No hay margen para errores y lo que está en juego es, ni más ni menos, la tranquilidad y el devenir económico personal.




