Altos estudios en "la Soborna"

Por Alicia Dujovne Ortiz Para La Nación
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31 de octubre de 2000  

HACE unos años, en uno de mis periódicos regresos a la Argentina, mi gran amigo el escritor Isidoro Blaisten me invitó a tomar un cafecito en el bar de la esquina y le dijo al mozo: "La señora vive en París". "¡Ah! -contestó el mozo con aire de conocedor-, debe ser profesora de la Soborna ". Recientes acontecimientos vividos en nuestro país, que involucraron a ministros y senadores, me trajeron a la memoria la célebre frase, grabada en ella hasta el extremo de que nunca más atiné a pronunciar como se debe el nombre de esa antigua universidad francesa. Pero los últimos acontecimientos franceses también me la han refrescado. Ya lo sabíamos, claro. Y sin embargo, con el mismo candoroso esnobismo de aquel mozo porteño, seguimos asombrándonos al comprender que también a pocos pasos de la Sorbona se producen sobornos.

La historia comienza en 1994, cuando el severo, delgado y pelirrojo juez Eric Halphen ordena la encarcelación de Jean-Claude Méry, apodado Méry de Paris. ¿Por qué? No a modo de homenaje, como se hacía con Edith Piaf al llamarla cariñosamente "gorrión de París", sino más bien de burla: Méry suena igual que Mairie, alcaldía, y el incriminado había sido uno de los financistas ocultos del RPR, el partido de Jacques Chirac, en la época en que el actual presidente de Francia era el alcalde de la Ciudad Luz.

Durante su encarcelación, que duró cinco meses, Jean-Claude Méry no abrió la boca. El juez Halphen lo interrogó sobre los negociados que también comprometían al actual intendente, Jean Tibéri, y a su esposa Xaviére. Al ser igualmente interrogado en junio de 1999, este matrimonio de origen corso dio a entender con un tonito de amenaza y el índice hacia arriba, como señalando el techo: "No lo vamos a hacer porque somos leales, pero si nosotros hablamos, alguien importante caerá". Los negociados que se les reprochaban se referían a los HLM de la ciudad de París: departamentos de alquiler modesto destinados a familias de pocos medios y que Jean Tibéri había distribuido entre familiares y amigos, sin ir más lejos su propio hijo. En 1996, el juez Halphen dio por cerrado el caso Méry por falta de pruebas.

La dama y su modisto

Ni él ni nadie podía imaginar la existencia de la bomba que acaba de estallar. El 24 de mayo de ese mismo año, Méry llamó a un productor de TV, Armand Hamelin, y le dijo que deseaba grabar un video. Hamelin no conoció el contenido hasta que no estuvo enteramente grabado. Méry le dejó el cassette con instrucciones para que lo depositara en lugar seguro y se fue. Tres años después, murió. Reconstruyendo los hechos se llega a la conclusión de que Hamelin le dio el cassette, que le quemaba las manos, al abogado de Méry, Maître Belot, que a su vez se lo entregó al entonces ministro de finanzas de Lionel Jospin, el socialista Dominique Strauss-Kahn.

Era una moneda de cambio: el cassette denunciaba a Jacques Chirac, cosa siempre útil para un adversario político, y el abogado lo ofrecía como contrapartida de un favorcito: que el ministro hiciera la vista gorda con los impuestos que adeudaba el modisto Karl Lagerfeld. Este último ha implicado en la historia a una de sus clientas favoritas, Bernadette Chirac, pidiéndole su ayuda.

Pero, entretanto, Dominique Strauss-Kahn, familiarmente llamado DSK, tuvo que renunciar a su puesto porque también a él se lo acusó de algunos negociados, y sólo en septiembre último se le ocurrió acordarse del video y darlo a conocer. Inútil aclarar que los partidarios de Chirac acusan a los socialistas de utilizar ese medio con vistas a la próxima campaña presidencial. Por otra parte los jueces están interrogando a DSK sobre los motivos de su demora en entregar "la prueba de la infamia", como dice el tango, y estudiando el video a ver si es falso. A todo esto, Lionel Jospin contesta frunciendo el ceño que la cosa no le concierne, le aconseja a DSK arreglárselas solo y a la Justicia, ocuparse de lo suyo sin intervención del gobierno.

Actos fallidos

El contenido del video fue revelado por el diario Le Monde . Días después algunas cadenas de televisión lo transmitieron en parte. Es "abracadabrante", para retomar la expresión de Chirac que por supuesto lo desmiente. El difunto aparece sentado, en mangas de camisa y con corbata roja. Habla sin vacilar. Dice que graba este video "por si le pasa algo". Lentamente va revelando las trampas de los mercados parisienses que alimentaban el circuito del financiamiento de los partidos políticos. No sólo el del RPR: el de todos. Pero lo dice sin ambages: el 5 de octubre de 1986, él mismo le entregó cinco millones de francos en la mano a Michel Roussin, ex director del gabinete del intendente, en presencia de Jacques Chirac. Al juez Halphen deben habérsele parado los encendidos cabellos: poco antes, también por falta de pruebas, había cerrado el caso de monsieur Roussin.

Lo de las cuentas helvéticas también tiene lo suyo: siempre para financiar el RPR, Méry confiesa en el cassette haber creado una sociedad-pantalla panameña, la Farco Enterprise, en un banco de Ginebra. Todo parecido con el viaje de Evita en 1947 para encontrarse con los banqueros suizos es meramente casual.

Si el mozo del bar porteño cometió un acto fallido al designar de ese modo a la universidad parisiense, los políticos franceses no le van en zaga por estos días. Gérard Courtois, de Le Monde , analiza varios. Para ello se apoya en una cita de Freud sobre la "enunciación en forma negativa de un pensamiento reprimido, que a menudo representa el único modo posible de que lo reprimido regrese". Ejemplos: DSK, que jura por su madre no haber visto el zarandeado video cuando se lo entregaron, pregunta por televisión: "Imagínense lo que habría pasado si, al verlo de nuevo , se lo hubiera entregado a la Justicia". Y Chirac: "Se discute sobre hechos inverosímiles que ocurrieron hace catorce años". La forma correcta, que el presidente, según Courtois, acostumbra utilizar, habría sido el potencial y no el indicativo.

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