
Apogeo del género bazofia
YA no basta que dos señoras se agarren de las mechas y se digan de todo ante las cámaras, ofendidas ambas porque se niegan a compartir novio, máxime desde que el galán admitió que en realidad ama a la abuela de una y que, débil de carácter, alguna vez cedió a los flirteos de una tía de la otra, aun a sabiendas de que ella encuentra contención afectiva en cuanto muchacho le trae la pizza a domicilio. Tribulario Peribáñez, productor de Detritus de la vida , considera ya insuficiente la puesta en pantalla de crudas reyertas domésticas y se devana los sesos en procura de ideas todavía más escandalosas, que le permitan cosechar la audiencia de tanto otro programa del género bazofia.
El gerente de Procacidades Audiovisuales tiene poca paciencia y acaba de conminar a Peribáñez en términos perentorios: o encuentra la manera de elevar el rating o Detritus desaparecerá ominosamente de la grilla del canal, en beneficio de una tira de dibujos animados japoneses en la que el superhéroe es un simpático déspota que impone su voluntad a golpes de cimitarra o bien inyectando a sus adversarios la estricnina que mana de sus colmillos. En los chequeos de entrecasa, el nivel de aceptación de la tira fue óptimo: cientos de chicos disfrutaron a rabiar las divertidas andanzas de este justiciero, una mezcla de Rambo, Drácula y Mister Hyde.
Abrumado, Peribáñez inició ya una ronda de consultas a expertos en el género bazofia, con resultados hasta ahora desalentadores. Uno de ellos pretendía que las riñas entre matronas fueran reemplazadas por las de carácter político, con participación de senadores fieramente trenzados en la arrebatiña de privilegios, prebendas y emolumentos bajo cuerda, vulgarmente llamados curros.
TV, infierno grande
Otro le dijo: "Mirá, Tribulario, la gente está curada de espanto y se cansa rápidamente de programas como el tuyo. Deberían servirte de ejemplo esos monigotes profesionales que ventilan miserias propias y ajenas, que se insultan con frívola impudicia, que corren de canal en canal porque, afortunadamente, integran una fauna muy escasa y son siempre los mismos. Más valdría que probaras suerte enfrentando a esos periodistas cortesanos que llevan agua al molino de tal o cual precandidato presidencial. A no dudarlo, se inferirían agravios de altísimo nivel intelectual y pondrían en el aire un refinado repertorio de injurias descalificadoras, en provecho de la cultura de los televidentes".
Sin embargo, Peribáñez recibió una propuesta todavía más descabellada. Anteayer, sobre su escritorio encontró un mensaje anónimo, de alguien que sugería mixturar los vicios de la chabacanería con las virtudes del altruismo. Decía lo siguiente: " Detritus debería conceder a cada ciudadano el derecho a despotricar contra quien quisiera, pero a cambio de un kilo de alimento no perecedero. En este país brotan como hongos los chicos famélicos y desnutridos, y a ellos estaría destinado el producto de tanta desvergüenza. Así, por una vez, la televisión bazofia cumpliría una finalidad loable, solidaria".
Peribáñez arrojó el papel al canasto. No admitía proyectos que rozaran la carcaza de su conciencia. Podrían despertarla y no pararía de sollozar.






