
Arlt, un clásico incómodo
Silvia Hopenhayn Para LA NACION
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Arlt es un clásico incómodo. No es como otros autores abonados al canon literario, de Shakespeare, Flaubert y Rulfo al propio Borges. Arlt se mueve entre el reconocimiento y el desdén. Durante mucho tiempo, se lo consideraba un escritor imperfecto, por sus faltas de ortografía y permanente consulta al diccionario. Sus novelas eran mal vistas (o mal leídas). Arlt mismo se encargó de desdeñar la "excelsa" literatura, despotricando en contra de Joyce. Pero como señala Luis Chitarroni, ¿hay algún escritor argentino más joyceano que Arlt? O como se esmeró en señalar Abelardo Castillo, "el vocabulario de Arlt es mucho más prolífico que el de Borges", y en el decir absolutista de César Aira: "Lo que en la novela europea se hizo a lo largo de 500 años y mil escritores, en la Argentina lo hizo Arlt solo, en cinco años".
Por todo esto, siempre es bueno leerlo. Su condición de clásico incómodo, o conflictivo, lo vuelve sumamente atractivo. Siempre hay más. Y el más puede estar del lado del odio o la piedad.
El libro Arlt f undamental, aparecido este año, exhibe lo mejor de su producción, entre novelas, cuentos, teatro y aguafuertes. Es una buena muestra de una escritura única, que prolifera, se expande, contrae y siempre sorprende, por rara sintaxis o esforzado léxico.
Con buen tino, su antóloga, Analía Capdevila, incluyó, para empezar, las autobiografías humorísticas del autor, en las que se describe como un canalla, cuya "personalidad política, criminal, donjuanesca y poética" irrumpe a los nueve años de edad. Desatado el torbellino de la intensidad, la escritura es la salvación. Pero, como señala Ana Silvia Galán en el prólogo, citando al narrador de El amor brujo , "el hombre, en cualquier extremo de la pasión, es un espectáculo extraordinario".
De eso se trata. De asistir a ese espectáculo, por más miserable que parezca. Yo diría, al espectáculo del varón. Los tres varones de Arlt son varones para amar y odiar, comprender y rechazar. Personajes incómodos, o más bien, inasimilables. Lo notable es la incomodidad que tienen con ellos mismos, como si quisieran mudarse de cuerpo para cambiar de vida. Para ello es necesario mejorar las condiciones de existencia y quitarse las pasiones de encima. Los tres están a la espera del famoso "suceso extraordinario" arltiano. Podríamos pensar que conforman un mismo personaje que va creciendo en las distintas novelas. Silvio Astier, el adolescente de El juguete rabioso ; Remo Erdosain, el protagonista de Los siete locos, y Estanislao Balder, el más maduro y cínico, de El amor brujo . Seguir a estos personajes es asistir al "espectáculo" del varón argentino. Y a una escala de valores tan rotunda como frágil. En Astier, la esperanza se torna traición; en Erdosain, el afán de inventar se convierte en atentado, y en Balder, el amor es condición necesaria de la decepción.
El libro permite conocer a estos personajes desahuciados, desmedidos, geniales. Para completar la experiencia, se recomienda el tomo de Losada Roberto Arlt - Novelas, con el estudio preliminar de David Viñas.
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