Asia, primer objetivo para la política exterior argentina

A pesar de la percepción de que Occidente es la prioridad de la diplomacia del Gobierno, la región asiática -con su mercado y potencialidad de inversión- atrae más interés y esfuerzos
Gino Pauselli
Andrés Schelp
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28 de agosto de 2016  

Ilustración: Alejandro Agdamus
Ilustración: Alejandro Agdamus

La Argentina siempre ha mostrado dificultades en la elaboración e implementación de su política exterior en momentos de transición global de poder. Ha sucedido durante el declive de Gran Bretaña, el ascenso de Estados Unidos, los años de bipolaridad de la Guerra Fría y, en los últimos años, lo observamos con el ascenso de China.

Esto puede ser resultado de lo que Roberto Russell llamó desmesura de la dirigencia política. Los excesos se vislumbran en la necesidad que parecen tener los distintos gobiernos del país de demostrar y hacer evidente la posición de la Argentina frente a las grandes potencias. Las relaciones carnales de Menem fueron la sobreactuación del acercamiento a Washington. La confiscación de armas y equipos estadounidenses en Ezeiza en 2011 y el acercamiento a los "rebeldes" de la sociedad internacional durante los años del kirchnerismo fueron las señales que se buscó dar para despegarse del alineamiento automático a Estados Unidos, una potencia en declive según la cosmovisión de los dirigentes en ese momento en el poder.

Autores como Andrés Malamud mostraron que la sobreactuación no se reflejó en posturas antagónicas de política exterior. Sin embargo, y casi con la misma recurrencia que tiene la élite política argentina a sobreactuar sus políticas exteriores, con la elección de Macri como presidente se volvió a discutir la orientación de la política exterior del país en esta nueva etapa. ¿Vuelve la Argentina a alinearse con las grandes potencias occidentales? ¿Dejará el país de privilegiar su estrecha relación con Brasil, su principal socio comercial? ¿Cuál será el nuevo rol de China en esta supuesta reorientación internacional del país que privilegia a Estados Unidos y Europa?

Cuando el gobierno habla de su política exterior hay dos ideas que se repiten: reinsertar al país internacionalmente y explotar oportunidades comerciales y de inversión. Con respecto a la primera idea, es discutible si la Argentina no estaba inserta en el mundo durante el gobierno anterior. Con respecto a la segunda, no se puede afirmar que la "vuelta al mundo" pasa estrictamente por lo económico: la Argentina sigue posicionándose como un país que promueve la acción multilateral en organizaciones internacionales, continúa con su habitual rol en las misiones humanitarias, es miembro del G-20 y tiene un influyente rol en las discusiones sobre cooperación en materia nuclear.

Sin embargo, es claro que como motor de la inserción prima la maximización de los incentivos que surgen de oportunidades comerciales y de inversiones brindadas por las transacciones económicas internacionales. Desde Alberdi, la política exterior argentina estuvo muchas veces guiada por la búsqueda de maximizar el bienestar económico del país sin fortalecer vínculos políticos. Por ello, y a diferencia de la gestión anterior, la administración Macri no busca discriminar las relaciones internacionales en términos ideológicos, y pone énfasis en los intereses económicos compartidos a la hora de cooperar en el sistema internacional.

En esta estrategia, el continente asiático cumple un rol fundamental. A diferencia de la noción bastante divulgada de que la administración de Macri se plegará a Occidente y volverán las relaciones carnales con Estados Unidos, el polo de poder emergente en el mundo es sumamente atractivo para la nueva administración. Tanto o más que durante los años del Frente para la Victoria en el poder. Sobre todo cuando Asia es la principal fuente de inversiones del mundo, por encima de Estados Unidos y Europa.

Una puerta de salida

El interés de Cambiemos en Asia no es nuevo, y no debe sorprender. Asia es un mercado enorme y no completamente explotado. Además, el surgimiento de nuevas potencias económicas junto a las ya tradicionales (Japón y Corea del Sur) abre nuevas fuentes de financiamiento para un país que necesita inversión pero que carece de los recursos para ello.

En cuanto a las recientes actividades internacionales del país, gran parte del interés de Macri en acercarse a la Alianza del Pacífico (AP), que suele interpretarse generalmente a nivel interno como un acercamiento a Estados Unidos, responde más bien a su intención de convertir la AP en una puerta de salida más ágil para el comercio con Asia. Estas posturas muestran que, mediante el ingreso a la AP, se trata de tender un puente hacia Asia como mercado de exportaciones y fuente de inversiones.

Cuando la vicepresidenta Gabriela Michetti afirmó en Tokio "Nosotros miramos la política exterior como una herramienta de política interna, de desarrollo interno", enfatizó la influencia alberdiana en la política exterior al destacar que, en pos de la búsqueda de inversiones para el desarrollo nacional, no se discriminarán los vínculos externos en términos ideológicos. Es justamente por la potencialidad de inversión de los mercados asiáticos por lo cual esta región es considerada fundamental. Además, Asia podría ser el destino de un mayor volumen de productos exportados. De hecho, a mediados de julio, la Cancillería realizó una misión diplomática a China con el objetivo de mejorar el acceso de los productos nacionales a este mercado, trabado por cuestiones sanitarias y fitosanitarias.

Si bien las acciones actuales no se orientan de forma absoluta hacia Occidente, Oriente o, dentro de América Latina, el Mercosur y la AP, el discurso del gobierno respecto de su inserción económica internacional continúa siendo el de acercar los países del Mercosur a los del Pacífico. La pretensión sería iniciar un proceso en el que la Argentina, a través de una política exterior mesurada que evite los excesos y esté atenta a las oportunidades presentes en el sistema internacional, logre posicionarse como una potencia media en camino al desarrollo.

El punto de partida de esta estrategia sería el Mercosur: la relación con Brasil no se discute. El objetivo, Asia, en donde la AP cumple un rol de puente hacia los cada vez más relevantes mercados asiáticos. Se busca abrirse a Asia, pero no solos: juntos es mejor.

Los autores son expertos en política internacional de la Universidad de San Andrés y de la UBA respectivamente

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