
Autonomía de la Universidad
Por Humberto Quiroga Lavié Para La Nación
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El proyecto de recorte al presupuesto de las universidades nacionales, anunciado por el ex ministro Ricardo López Murphy, vulneraba la autonomía que aquéllas tienen por imperio de la Constitución nacional. Y no solamente por razones jurídicas. Resulta impensable que las universidades puedan colaborar en el crecimiento económico del país si se pretende lograrlo con una "imposición" del Gobierno para limitar sus recursos sin haberlo consensuado antes con sus autoridades y al margen de un plan racional de gestión de calidad.
Lo que debe quedar en claro es que, tanto en la vida universitaria como en otras áreas, no se puede instalar el crecimiento con prescindencia de la paz social. Sin paz social no es posible el crecimiento ni tampoco la justicia. Valores ambos ineludibles si no se quiere instalar el caos.
Sin embargo, no se trata sólo de "paz y justicia". Se trata de que el Gobierno entienda que no hay crecimiento posible sin ingeniería organizacional en las relaciones de trabajo. Se buscaba recortar cuatrocientos millones de pesos al presupuesto universitario sin tomar en cuenta que si se aplicara en el área un programa de gestión de calidad -tanto en la actividad interna como en el aprovechamiento de la inmensa capacidad creadora que tiene el sistema científico y tecnológico de las universidades-, bastaría con decidir transferirlo a la actividad productiva para incrementar la economía del país en varios miles de millones.
Gestión de calidad
Dos simples ejemplos son suficientes para ilustrar este argumento.
* Si en la lucha contra la aftosa hubiera intervenido el sistema universitario con procedimientos de gestión de calidad, no habríamos perdido los quinientos millones de pesos que la exportación de carnes argentinas puede hacer ingresar en la economía del país.
* Si el sistema científico y tecnológico de las universidades nacionales fuera utilizado para luchar contra la evasión impositiva, en términos de gestión de calidad y de organización eficiente, no serían necesario recortes presupuestarios a sectores sensibles de la actividad nacional, ni habría que afectar el federalismo argentino; cerca de veinte mil millones de pesos podrían ser recuperados en favor del crecimiento económico de la Argentina.
Un plan de gestión de calidad integral para ser motorizado desde las universidades, que vaya certificando sus realizaciones -internas en su administración y externas en el crecimiento de las exportaciones de bienes y servicios- es un camino que nos resistimos a recorrer en la Argentina, sin tomar conciencia de que ése fue el recorrido por el Primer Mundo para convertirse en competitivo. Con equilibrio fiscal no alcanza si no hay aparato productivo competitivo.
Hacia el crecimiento
La autonomía universitaria implica la autonomía de gestión. El trabajo que no gestione su propia labor es siempre infructuoso. Y si los recursos económicos no les alcanzan a las universidades para atender las retribuciones de sus docentes e investigadores, no se respetará la autonomía universitaria constitucional. La Corte Suprema ha sostenido que la autonomía institucional, en el caso de los municipios, no es respetada si el Estado no presta los recursos suficientes para el funcionamiento del ente autonómico (caso Municipalidad de Rosario).
Como sostiene Mario Bunge en La Nación del 19 del actual, en su nota "Estudiando problemas argentinos": "La economía es sólo uno de los subsistemas de la sociedad"; hay que incorporar otros estudios para poner en equilibrio las cuentas fiscales: la sociología de las organizaciones del trabajo, a partir de reglas de gestión de calidad, hace síntesis, genera progreso, atiende a la dignidad de los trabajadores, toma en cuenta los requerimientos sociales y de los mercados.
Es posible otro rumbo y el sistema universitario puede ayudar a seguirlo, no a partir de limitaciones presupuestarias impuestas con autoritarismo, sino de una gestión conjunta y consentida entre gobierno, universidades y sistema productivo. ©





