
Blanqueo de capitales simbólicos
El kirchnerismo sueña con un jubileo moral en el que infractores grandes, medianos y pequeños sean igualados y perdonados; para eso intenta instalar la idea de que en todo proceso de expansión económica hay corrupción
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Tuve un sueño. Hernán Brienza (autor de "la corrupción democratiza la política") y José Ottavis (creador del reciente hit "de político no vive nadie que sea honesto") visitaban el penal de Ezeiza y le llevaban a Lázaro una nueva Biblia, La fábula de las abejas. De cómo los vicios privados hacen a los beneficios públicos, del médico y filósofo holandés Bernard de Mandeville. Báez se mojaba el dedo y por primera vez en años, en vez de contar, leía: "Había una colmena que se parecía a una sociedad humana bien ordenada. No faltaban en ella ni los bribones, ni los malos médicos, ni los malos sacerdotes, ni los malos soldados, ni los malos ministros. Por descontado tenía una mala reina. Todos los días se cometían fraudes en esta colmena; y la justicia, llamada a reprimir la corrupción, era ella misma corruptible. En suma, cada profesión y cada estamento estaba lleno de vicios. Pero la nación no era por ello menos próspera y fuerte. En efecto, los vicios de los particulares contribuían a la felicidad pública; y, de rechazo, la felicidad pública causaba el bienestar de los particulares. Pero se produjo un cambio en el espíritu de las abejas, que tuvieron la singular idea de no querer ya nada más que honradez y virtud. El amor exclusivo al bien se apoderó de los corazones, de donde se siguió muy pronto la ruina de toda la colmena. Como se eliminaron los excesos, desaparecieron las enfermedades y no se necesitaron más médicos. Como se acabaron las disputas, no hubo más procesos y, de esta forma, no se necesitaron ya abogados ni jueces. Las abejas, que se volvieron económicas y moderadas, no gastaron ya nada: no más lujos, no más arte, no más comercio. La desolación, en definitiva, fue general. La conclusión parece inequívoca: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado. Fraude, lujo y orgullo deben vivir si queremos gozar de sus dulces beneficios".
A Báez la lectura le resultaba reveladora. En ese párrafo escrito en el 1700 cabían todos los fajos. "Toda la década", pensó.
La secuencia onírica nos invita a una sospecha bien fundada: acorralados por la Justicia y por el impacto de las imágenes de La Rosadita y la máquina contadora de billetes (el electrodoméstico que más se ensambló en el Sur en la última década) algunas voces que fueron muy representativas del kirchnerismo se están acogiendo al blanqueo. ¿De dinero no declarado? No, de ideas no declaradas. Cuando el periodista K dijo hace unos días que "la corrupción democratiza la política", no hizo otra cosa que sacar del colchón la frase que funcionarios y militantes tienen "encanutada": para hacer política hay que tener plata. ¿A qué fenómeno asistimos? A la exteriorización de capitales simbólicos del kirchnerismo.

Como se vuelve imposible negarla o refutarla, a la corrupción hay que reformularla y generalizarla. Para eso los voceros del anterior gobierno cuentan con la involuntaria ayuda del actual presidente, que sigue enredado en los Panamá Papers y que pronto se verá obligado a aclarar que los 18 millones de pesos a repatriar de Bahamas son para inversión productiva y no Lebacs. El kirchnerismo sueña con un jubileo moral, donde todos los infractores -chicos, medianos y grandes- sean igualados y perdonados. Para eso está en marcha la obra pública más ambiciosa: pavimentar miles de cabezas con la idea de que en todo proceso de expansión económica hay corrupción. Mandeville ironizaba: "Un libertino vive con vicio, pero su prodigalidad da trabajo a los sastres, servidores, perfumistas, cocineros y mujeres de mala vida, quienes a su vez dan trabajo a panaderos, carpinteros, etcétera". Una especie de teoría del derrame a partir de lo ilícito. Hay una frase que se le atribuye a Winston Churchill: "Un mínimo de corrupción sirve como lubricante benéfico para el funcionamiento de la máquina de la democracia". El problema es que la Argentina, el país de la hipérbole, confundió lubricante con nafta. Obsérvese el salto en la escala: en 1990 el presidente Menem generó un escándalo por una Ferrari supuestamente mal habida. Un cuarto de siglo después, un constructor de obra pública, amigo de otro presidente, atesora una flota de 900 vehículos, 300 propiedades y cientos de miles de hectáreas, algunas de ellas en El Chaltén, incluso dentro de un parque nacional (y popular).
La pregunta es por qué las abejas del panal se escandalizan ahora por la corrupción y no lo hacían por ejemplo en 2011, cuando ya sobraban evidencias.
Para responder esta inquietante duda vamos a apelar a la ayuda de un fisiólogo ruso, Iván Pavlov, y de un psicólogo estadounidense, Abraham Maslow.
En 1999 y por contraste con la figura ostentosa y sospechada de Menem, De la Rúa se propuso como el presidente austero y honesto. La crisis de 2001 fue demoledora y nos dejó un efecto traumático: se quiso sacar a un presidente acusado de corrupción con otro que proponía honradez. Pero resulta que, en el inconsciente colectivo, quedó inscripta la idea de que el honrado nos llevó a la peor crisis. El reflejo condicionado que descubrió Pavlov unió la palabra "honesto" con otra palabra: "incapaz". Sobre esa idea se instaló un pensamiento casi feudal e inconfesable, un pacto implícito entre votante y presidente: "Si garantiza la gobernabilidad y cierto nivel de bienestar económico, frente a algo non sancto yo podría hacer la vista gorda". (Al menemismo se le toleró la guiñada de ojo y la sonrisa pícara del presidente hasta el Efecto Tequila). Una encuesta de 2013 de la Universidad de Belgrano nos coloca un espejo incómodo: el 55% de los porteños tolera la corrupción si se mejora la economía.
Abraham Maslow nació en Brooklyn en 1908 y vivió hasta 1970. Fue un psicólogo estadounidense conocido como uno de los fundadores y principales exponentes de la psicología humanista. Maslow inventó la famosa "pirámide de la autorrealización", que grafica y jerarquiza las necesidades de los seres humanos. En la base de la pirámide se encuentran las necesidades más básicas, como las fisiológicas, que incluyen la alimentación. Inmediatamente más arriba, las de seguridad, donde sobresale la necesidad de un empleo, columna vertebral y ordenador de la vida de una persona, generador de autoestima. De allí para arriba las necesidades se van haciendo más sofisticadas. ¿Y dónde están las preocupaciones morales y el eje "honestidad-corrupción"? ¡Recién en el vértice de la pirámide! ¿Qué conclusiones nos permite obtener Maslow? Que por las sucesivas crisis económicas (Rodrigazo, "tablita de Machinea", híper, devaluaciones, desocupación) en los últimos 40 años los argentinos casi nunca pudieron superar los dos primeros segmentos de la pirámide. Sólo cuando está en riesgo la base, los argentinos (también los brasileños y siguen las firmas) se permiten cuestionar la corrupción en la colmena y la consideran un sobreprecio que ya no quieren pagar.
(Es justo no olvidar a un segmento no menor de argentinos que sí vienen denunciando y condenando los ilícitos, aun en tiempos donde la bulimia de consumo o la fascinación con un discurso emancipatorio tenía entretenida a gran parte de la población).
En una escena improbable, Lázaro amanece en su celda con La fábula de las abejas contra su pecho e inspirado en Mandeville redacta un escrito que le envía a Casanello (esto sí es real) donde, para defenderse, apela al recurso de la generalización: "Los actores centrales del sistema de contratación de obra pública no somos nosotros sino los máximos responsables del Poder Ejecutivo Nacional, los funcionarios de las carteras más importantes, los distintos actores del Congreso, incluidos diputados y senadores nacionales y provinciales, y los demás funcionarios de la administración pública de todos los partidos políticos sobre quienes reposaba el deber de control".
Había que esperar un tiempo para conocer el eslogan completo del kirchnerismo: "La Patria es el otro. La corrupción somos todos".





