
Borrascosas cumbres del triunvirato
Celebro que Cristina, Alberto y Massa estén tomando la costumbre de reunirse, porque hablando es como se entiende la gente; incluso ellos. Me dicen que esos encuentros por primera vez siguen un protocolo muy estricto. El comienzo está reservado para el pase de facturas, que nunca debe extenderse más de dos horas, y conservando las distancias entre los contendientes; si queda alguna cosita por decir, automáticamente se la incorpora a la agenda del próximo cónclave. Concluido ese vaciamiento de la recámara, tan terapéutico, llega el tramo neurálgico: analizan los problemas del país y las posibles formas de hacerles frente. En la reunión del miércoles, por ejemplo, desfilaron los siguientes temas: la acción de los especuladores que provocan inflación, trepada del dólar y caída de las reservas; la ola de protestas (chacareros, organizaciones de izquierda infiltradas por el kirchnerismo, organizaciones afines al Gobierno, la CGT); los ajustes en las tarifas de luz, gas, agua y aire; el desabastecimiento, la escasez de gasoil, café y papel higiénico, y la escasez de carne en las parrillas. Dedicaron al estudio de estas cuestiones el tiempo que habían previsto: 10 minutos.
Otros 10 minutos se fueron en repasar las últimas cifras de la inseguridad en el conurbano, fenómeno que abordaron desde una perspectiva electoral. Les llevó más tiempo, una media hora, tratar el punto que les genera mayor preocupación: la manía de los argentinos de viajar al exterior. “Duro con ellos”, ordenó Cris, que en sus vacaciones con la familia en Estados Unidos (Nueva York en invierno y Orlando en verano), cuando Néstor era un gobernador exitoso, llegaban a gastar 20.000 dólares solo en alojamiento; como hicieron ese doblete varios años seguidos, de los ahorros de los Kirchner salieron no menos de 200.000 dólares. “Duro con ellos: los dólares hay que usarlos acá”, insistió en Olivos la empresaria hotelera.
Estas cumbres del triunvirato son muy resolutivas: se decidió que ningún funcionario de alto rango puede tomar vacaciones fuera del país, a excepción de los que logren montajes de cobertura, tipo una reunión bilateral o la asistencia a un seminario. “Y si no hay seminarios ni bilaterales, que los inventen”, propuso el Presidente, ingenioso.
En los temas económicos prevaleció la voz de Cristina; en los sociales y políticos, la de la vicepresidenta. A Sergio le atribuyen un aporte fundamental: estuvo contenido. De Alberto se comenta que desplegó, como en sus gloriosos tiempos de jefe de Gabinete, el arte de escuchar y hacer que tomaba notas.
Del pase de facturas solo trascendió que la vice y Massita le reprocharon al profesor pereza, inconstancia, improvisación, desórdenes en su estilo de vida, descuidos en la dieta, contradicciones en el discurso, falta de autoridad e inoperancia. Alberto replicó: “¿En qué sentido me lo están diciendo?”.
Como prenda de buena voluntad, Cris prometió mediar ante Fernanda Vallejos para que no filtre a la prensa los chats escandalosos que revelan vínculos íntimos del Presi. En reciprocidad, el Presi dijo que no contribuirá a alimentar la carga probatoria de los expedientes que azuzan a la jefa en los tribunales. Massita coincidió en que los trapos sucios se deben lavar en casa, “y los roñosos, mucho más”.
Algo extraño es que se comprometieron a mantener la cumbre –o las cumbres– en reserva. Extrañísimo, porque ninguno de ellos es capaz de guardar un secreto; el profesor y Sergio, menos que menos. Además, ¿qué tiene de malo que se reúnan para hablar de cómo llevar alivio a los hogares argentinos? ¿Acaso les da vergüenza que se los vea juntos? ¿O pasan allí cosas que conviene ocultar? Qué gente rara: esa foto por sí sola calmaría los mercados; bueno, quizás haga falta un álbum.
A todo esto, Silvina “Flowers” Batakis no entiende cómo su credo ortodoxo del lunes no causó los efectos esperados. El derrumbe continúa su marcha, imperturbable. Probablemente nadie cree en su credo, que acompañó con la admisión de que le rinde culto a José Ber Gelbard, el ministro peronista responsable sin discusión de la catástrofe económica de comienzos de los años 70. Con ella pasa también algo singular: ha hecho saber que consulta absolutamente todo con Cristina, que no prende la luz de su despacho sin pedirle permiso; pero Cristina sigue ignorándola, no la cubre debajo de su paraguas en medio de la tormenta, y además algunos de sus francotiradores han empezado a hacer blanco. Da la impresión de que Cris, picarona, aprueba en privado y toma distancia en público. La tenía fácil con Guzmán, que jugaba para el otro equipo, y todo se le complicó con Batakis, que besa la foto de la vice que lleva en la camiseta. Cabe preguntarse cuánto faltará para que la gran estratega le dedique una carta, un tuit o un discurso.
Pobre Flowers, qué desamparo. Apenas la protege Alberto; flor de desamparo.ß







