
"Buenos Aires no es sólo Puerto Madero"
Según el historiador, el discurso que ha instalado al inmigrante como elemento peligroso parte de la manía de la Capital de creerse europea y rechazar sus rasgos latinoamericanos. El Estado, dice, debería intervenir y transmitir un mensaje de confraternidad.
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"ESTA ciudad tiene la manía de creerse europea y rechaza todo lo que la marca como latinoamericana", dice el historiador Félix Luna y se sienta en el sillón de su coqueta oficina. Por la ventana se cuela una voz. Es una voz de radio que asciende desde el pasillo externo y se superpone levemente con sus palabras. Luna no le presta atención a esa interferencia azarosa cuando se refiere a la falta de capacidad que existe en parte de este país para reconocer una realidad que está más allá de las veinte manzanas del microcentro, en los barrios periféricos y no tanto.
Mientras, el comentarista radial habla de un múltiple crimen de la mafia china. "Vaya a Villa Lugano. Buenos Aires no es Puerto Madero. Eso es muy lindo, sin duda, pero no agota a la ciudad", añade Luna, en un curioso contrapunto.
El locutor, en tanto, informa que a la Policía Federal le es difícil esclarecer estos hechos porque cuando detienen a un presunto implicado, señala, se encuentra con que no habla castellano. Que ése es, a veces, un artilugio, dice, un ardid para burlar la ley. Pero suele suceder que estos chinos apenas saben articular un torpe "no entiendo" que desconcierta a los indagadores. Todo lo demás que reciben es pura mímica y frases en un incomprensible mandarín.
La escena que relata el locutor y que se va disipando a medida que, abajo, el dueño de la radio se mueve, parece deudora de la película Manhattan Sur . Sin embargo, tiene lugar en Buenos Aires, en una ciudad donde la figura del inmigrante vuelve a provocar ecos de oscuras controversias. La "cuestión china" es tan solo un dato excéntrico. Una trampa de la lengua. Los fantasmas convocados giran en torno de otros estereotipos y reciclan viejas aprensiones. A Luna, por cierto, lo preocupan, más que circunstanciales incidentes policiales, ciertos discursos que dibujan un perfil del inmigrante como factor de peligrosidad.
-Eso -advierte el historiador- potencia un chauvinismo de muchos sectores.
-¿Es un mal extendido socialmente?
-No, se trata de expresiones marginales, larvarias.
-De todas formas, ¿cómo se enfrenta ese problema?
-Es entonces cuando la política de Estado debería hacerse notar y transmitir un mensaje de confraternidad, en particular con nuestros hermanos latinoamericanos. Este asunto me inquieta. El grado de tolerancia de una sociedad estriba en su capacidad para comprender al otro y no a uno mismo. El otro, con su lenguaje, su cultura y sus costumbres diferentes.
-Hace un siglo hubo una política de Estado respecto de la inmigración que puede resumirse, con sus claroscuros, en Las Bases , de Juan Bautista Alberdi, y la sentencia "gobernar es poblar". ¿Qué paralelo se puede trazar entre aquella postura de Alberdi y las actuales consideraciones en la materia del ministro del Interior, Carlos Corach?
-Alberdi, así como Domingo Faustino Sarmiento y tantos otros de esa generación, suponían que los inmigrantes que vendrían a la Argentina serían del tipo anglosajón.
-¿Presuponían que eran únicos portadores del progreso?
-Estos inmigrantes eran, a su juicio, quienes tenían mayor habilidad mecánica, hábitos de ahorro, respeto de autoridad y formas sociales superiores.
-La expectativa no se cumplió...
-Se había soñado con una inmigración ideal: anglosajona, o franceses de clase más o menos alta, casos que fueron excepcionales. En cambio, los que vinieron fueron en su inmensa mayoría inmigrantes pobres, personas provenientes de zonas más atrasadas de Europa, de España e Italia, fundamentalmente, que huían de la miseria. Por eso, el tipo de inmigración provocó alguna resistencia y, diría, determinados rezongos en gente como Sarmiento, que en algún momento se manifestó con criterios antisemitas.
-¿Cómo leer hoy, en medio de las nuevas controversias, aquello que se señala en Las Bases : "Poblar es apestar, corromper, degenerar, envenenar, cuando en vez de poblarlo (a nuestro país) con la flor de la población trabajadora de Europa, se le puebla con la basura de la Europa atrasada o menos culta"?
-Esas palabras son propias del estilo de una época, un estilo en el que no cabían las metáforas. Nunca se tradujeron en una política discriminatoria. Más aún, no la hubo. Las puertas siempre estuvieron abiertas y con facilidades para los que llegaban. Al arribar al puerto se los alojaba una semana gratis en los hoteles que había en la ciudad. Es cierto que no encontraron aquí muchas tierras cultivables porque estaban en poder de los grandes latifundistas, con lo cual muchos se quedaron en las ciudades. Pero también es cierto que se desparramaron por todo el país.
-¿Y la ley de residencia que expulsaba a extranjeros "indeseables" sin debido proceso judicial?
-Bueno, esa ley se aplicó más por cuestiones políticas, contra anarquistas, por ejemplo.
-En un prólogo a Las Bases, Carlos Pellegrini parece superar algunos de los temores de su autor. Sugiere que los mismos carecen de fundamento y cita el "ejemplo práctico de los Estados Unidos". Habla de "fusión", incluso, sobre la base de la experiencia norteamericana...
-Es que la generación del ochenta tenía una gran confianza en la capacidad del país para absorber ideas, capitales, mercaderías y modas.
-Pellegrini imaginaba una Argentina de cien millones de habitantes...
-A lo mejor no hubiera sido conveniente tanto de un tirón. Llegaron los que llegaron y, a pesar de las protestas, más o menos sordas, de algunos prohombres, los inmigrantes se instalaron acá y formaron parte de la fragua de lo que es la sociedad argentina actual. Así lograron un rápido ascenso social y económico, y sus hijos más todavía. No veo por qué no puede pasar lo mismo con los bolivianos y paraguayos.
-¿Observa en estos días una política de Estado para repeler al inmigrante?
-Creo que hay una política que en el fondo esconde prejuicios contra los inmigrantes de los países vecinos. Y esto es un error. Como si las resistencias de hace cien años se convirtieran ahora realmente en política de Estado.
-¿Cree probable en este contexto una nueva ley de residencia?
-No, no lo creo. El adelanto de la Argentina hace imposible sostener un proyecto de esa índole. Es un disparate pensar que los males de este país tienen que ver con el flujo migratorio.
-¿Cuál es el cimiento histórico del prejuicio? ¿Cómo establecer su genealogía?
-El racismo no es un invento nuestro: existe en todos lados. En Francia, por ejemplo, hay políticos claramente xenófobos. Y en Italia, también. En la Argentina, claro, la intolerancia se siente mucho más en Buenos Aires. Porque si vamos a ver en detalle, en el norte, por citar un caso, el tipo de argentino común es bastante parecido al de los inmigrantes que vienen de Bolivia y Paraguay. Y en el sur se asemeja al chileno.
-¿En qué otro momento del siglo se manifestó lo que usted llama racismo larvado?
-Bajo el gobierno de Perón, cuando se habla de "cabecitas negras" para hacer referencia a la migración interna que se establecía en los cordones industriales de la grandes ciudades. Eran contingentes que traían no solamente su capacidad de trabajo sino su folklore, sus modalidades, sus creencias, sus festividades y comidas. Ellos conectaron a Buenos Aires con la parte más latinoamericana del país.
-Buenos Aires no se resigna a preservar un imaginario autorreferencial...
-Pero se olvida de que de Córdoba hacia arriba en realidad el país tiene características muy latinoamericanas, en lo bueno y en lo malo, por supuesto.
-¿Cómo se implementó hace cien años la política de atracción de inmigrantes?
-Hubo diversas formas y ninguna demasiado lograda. Pero, por lo menos, eran intenciones del Estado de atraerlos. Se abrieron oficinas en Europa, verdaderos centros de propaganda y reclutamiento. Se gastó bastante dinero.
-Una tentativa política de seducción.
-Podría considerársela de esa manera. Pero no era muy diferente de la que implementaban los Estados Unidos, Brasil o Australia en medio de un mundo que favorecía la gran movilidad de personas.
-¿Qué se les prometía concretamente?
-Un país muy liberal y abierto, un país en ascenso que se había convertido en leyenda en Europa por su capacidad para dar oportunidades a todos.
-Esa promesa coexistió con manifestaciones de rechazo, y hasta miedo...
-Es verdad. Hubo intelectuales como Ricardo Rojas y Manuel Gálvez que alertaban sobre el peligro de hacer un país demasiado cosmopolita.
-¿Qué es lo que los atemorizaba?
-Que el país perdiera sus esencias criollas y quedara sumido en el magma de los nuevos pobladores.
-¿En qué lo fundamentaban? Recién se estaba atravesando el centenario y, a falta de pasado mítico, había que imaginarlo en la literatura.
-Lo que los preocupaba, pienso, eran las escuelas de las colectividades, escuelas donde se hablaba el idioma de origen y se formaba a los chicos en los valores de las patrias a las que habían pertenecido sus padres. Por lo tanto, prevenían sobre el peligro de que se fueran formando nuevas generaciones de ciudadanos totalmente ajenos al país.
-La escuela pública fue entonces un gran factor de integración. ¿Tiene acaso hoy la misma capacidad?
-La tiene, aunque está bastante destartalada, por la situación misma de la educación. La escuela es gran espacio de convivencia, como también lo fue en su momento de otra forma el conventillo. Allí vivían personas de distintos orígenes. El conventillo, para decirlo de manera altisonante, fue un factor de unidad nacional, un sitio de convivencia de italianos, españoles, judíos y árabes. Allí mezclaron palabras, aprendieron técnicas gastronómicas. El sainete se basa en esas experiencias.
-Entonces se hablaba a la par de "cuidar la lengua" frente a la influencia inmigrante. Se decía que podía "destruir la identidad nacional". Y se le asigna a la misma literatura una función. Leopoldo Lugones se convierte en una suerte de custodio de la pureza del lenguaje, función que el mismo Borges parodiaría.
-Pero, quiérase o no, la influencia de la inmigración se fue dando en todos los campos. Roberto Arlt es una de sus expresiones. El tango es otra. O en el lunfardo. Eso no se podía evitar más allá de los grupitos nacionalistas de prácticas a veces violentas.
-Si el inmigrante anglosajón era el anhelado cien años atrás, ¿cúal es ahora el modelo?
-No se imaginan ningún tipo de inmigrante europeo.
-Hace unos años se quiso impulsar la llegada de inmigrantes del Este europeo. Ante ese rumor, en Bucarest los rumanos se agolparon desesperados frente a la embajada.
-Ese fue un mero recurso. La Argentina está hoy cerrada mentalmente a la cuestión inmigratoria.
-La Argentina, a partir de la convertibilidad, ¿se ha transformado en un país base para que los inmigrantes envíen a sus familiares remesas en dólares, de la misma manera que lo es Estados Unidos en relación con América Central y el Caribe?
-No lo sé, pero en la medida en que nuestros vecinos pasen por situaciones económicas difíciles es evidente que la Argentina, a pesar de ofrecerles trabajos duros y mal pagos, será vista como una especie de tierra de promisión.
-¿El legado alberdiano de "gobernar es poblar" entonces sigue vigente?
-Ese es un lema permanente. No ha perdido vigencia. Con ir a la Patagonia alcanza y sobra para corroborarlo. Uno la transita y la ve tan vacía...
-No faltan quienes muestran recelo ante la presencia de chilenos.
-Eso es ridículo. Son personas que van a trabajar y no a hacer espionaje.
-Parte de las construcciones geopolíticas.
-Ese es un gran macaneo, un invento nazi que después se refinó. Un invento, un verdadero invento.
Presidente coreano
LA historia es una forma de comprender el presente desde los escenarios del pasado, y también permite alumbrar parcelas de futuro, pero nunca hacer profecías. Eso Luna lo sabe, aunque se preste a su ejercicio circunstancial.
-Nuestros dos últimos presidentes fueron descendientes de gallegos y de siriolibanés, respectivamente. ¿Imagina a un hijo de surcoreano sentado en el sillón de Rivadavia en el siglo XXI?
-Si el pueblo lo vota, ¿por qué no? Habría que ver cómo sería ese hombre.
Perfil
- "Quien más quien menos tiene hoy en la Argentina un abuelo inmigrante", sostiene Luna nacido en 1925. Pero en su caso, a la hora de establecer un principio, debe remontarse al siglo XVI. Los primeros Luna llegaron a la provincia de La Rioja. Por parte materna, el historiador tiene un abuelo asturiano.
- Tal vez una necesidad de indagar en sus propios orígenes lo ha llevado a encontrarse con la historia argentina como objeto de estudio y divulgación. El 45 , Perón y su tiempo , Los caudillos , Historia integral de la Argentina , Soy Roca , Sarmiento y sus fantasmas , son algunos de sus trabajos.
- Luna fue secretario de Cultura de la ciudad de Buenos Aires en 1986. La función pública no volvió a tentarlo.
- Ya lleva casi tres décadas al frente de la revista Todo es historia , una rareza editorial argentina que no ha perdido continuidad.
- Fue el autor de los textos de dos obras notables de la música popular: Mujeres argentinas y la Cantata Sudamericana , ambas con música de Ariel Ramírez.
- Acaba de publicar La cultura desde la Independencia hasta el centenario , un libro derivado de su Historia integral en el que pasa revista a las transformaciones que fueron teniendo lugar en el país.






