Carta abierta al presidente Mujica

Rolando Hanglin
Rolando Hanglin PARA LA NACION
Usted se mandó la 'argentinada' de declararse víctima, en lugar de guardar el silencio discreto que constituye su estilo
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8 de julio de 2014  • 14:44

Quiero que usted sepa, señor presidente, que yo soy uno de los muchos admiradores que usted tiene en la Argentina. O sea que, si alguna palabra que yo escriba le molesta, tráteme con indulgencia. No lo tome a mal.

La Argentina y Uruguay son dos países idénticos, casi la misma nación, y a la vez totalmente distintos. Opuestos. ¿Cómo es posible? Bueno, no lo sabemos. Es un misterio.

Los argentinos somos patrioteros, a veces nos destacamos por fanfarrones. En nuestro país, cualquier ignorante puede encumbrarse en cargos y honores. Los niños y los jóvenes son consentidos. Los viejos nos comportamos como adolescentes. Pretendemos estar siempre a la última moda. En cambio, el uruguayo habla en voz baja, respeta a los mayores, se obliga a una educación exigente y rechaza la ostentación. Habla de su país como "el paisito", no mata por cualquier motivo. Es poco amigo del fanatismo. Es cierto que –como usted suele decir- el uruguayo no se mata trabajando. Pero tampoco simula ser más de lo que es. Al contrario: frecuentemente, los argentinos que vamos a Punta del Este, observamos que el muchacho que trae en bicicleta el pedido de la carnicería, o el vendedor callejero de diarios, se expresa mejor que un gerente de banco, diputado o ministro argentino.

El uruguayo habla en voz baja, respeta a los mayores, se obliga a una educación exigente y rechaza la ostentación

La gran diferencia está en la educación: todos los uruguayos hacen el secundario, y además tienen una noción modesta y realista de la ubicación de su país en el mundo. Es cierto que son poco ambiciosos, pero tal vez por eso se destacan por su honradez.

Dentro de este país que tiene su estilo, usted ha venido a presentarse como un político diferente. Sigue viviendo en su chacra de siempre (que no es una estancia, sino un campito), renuncia a la residencia presidencial y al coche oficial para continuar manejando su Volkswagen modelo 89, que para usted "está nuevo", e incluso hace donación de su sueldo, porque le alcanza y sobra con el estipendio de su mujer, la senadora Lucía Topolansky.

Sabemos que usted ha sido tupamaro y que pasó años en la cárcel, pero salió de allí con ánimo de concordia y muy maduro en sus ideas. Los últimos 40 años no pasaron "al cuete" para usted, señor presidente, y eso es una gran cosa. Lo hemos visto esperando su turno en un hospital público, como cualquier jubilado. Los turistas argentinos muchas veces lo saludan en alguna parrilla de la ruta, donde usted paga su cuenta como todo el mundo, y saluda atentamente a los desconocidos que se acercan a darle la mano.

Usted anda sin custodia, sin helicóptero y prácticamente en alpargatas. Ya lo vimos también en su chacra, ayudando a un vecino al que se le volaron las chapas del techo, por un ventarrón

No estamos acostumbrados a eso. Usted anda sin custodia, sin helicóptero y prácticamente en alpargatas. Ya lo vimos también en su chacra, ayudando a un vecino al que se le volaron las chapas del techo, por un ventarrón. Y la TV europea lo retrató, charlando sin apuro, mientras acariciaba a sus perros, que no son mastines napolitanos ni dogos de Burdeos sino perritos feos, de campo. Cuando un periodista le dice: "Señor Mujica, muéstreme sus tierras, sus sembrados", usted (tal vez tomándole el pelo) le da a oler una maceta con una plantita de menta o yerbabuena. Y también lo vimos enfrentar a una asamblea de gremialistas en huelga, con estas palabras: "Ustedes están para servir, no para servirse".

O sea: cualquier cosa menos demagogo. Todo, menos consumista, snob, pedante. Créanos si le decimos, con todo respeto, que a usted le quedan bien las alpargatas y la boina.

Ahora bien. Hagamos a un lado las performances de Uruguay y la Argentina en el Mundial de Brasil.Todos sabemos que el delantero uruguayo Luis Suárez (la figura del equipo) mordió al jugador italiano Giorgio Chiellini,cosa que el árbitro mexicano Marco Antonio Rodríguez (conocido como "Chiquidrácula") no advirtió. Al final, Uruguay eliminó a Italia, que salió del Mundial como ya habían salido Inglaterra y España. Pero en esta época de cámaras, videos, portales de noticias y blogs, miles de personas denunciaron el mordisco de Suárez. El muchacho terminó severamente sancionado, el equipo uruguayo en shock y, al final, eliminado. No importa si la sanción fue excesiva o no, si los europeos aprovecharon para eliminar a un país sudamericano de los que tanto molestan, o si Chiellini gesticuló como loco para atraer la mirada del mundo. Lo cierto es que, ya desde el jardín de infantes, los niños (especialmente los varones) muerden a las maestras o a sus compañeritos y son reprendidos. ¡Comienza la educación!

No importa si la sanción fue excesiva o no, si los europeos aprovecharon para eliminar a un país sudamericano de los que tanto molestan, o si Chiellini gesticuló como loco para atraer la mirada del mundo

La FIFA pudo hacer otra cosa. Pudo dirigirse, mediante un comunicado, al jugador Suárez, para decir lo siguiente: 1) Usted ha cometido una grave agresión. 2) Esta agresión no forma parte del código del fútbol, como otras, por ejemplo el codazo, la plancha, el trancazo, el rodillazo en el muslo ("la paralítica") y otras bien conocidas por todos. 3) La pelota no estaba en disputa en ese momento, y usted no obtuvo ninguna ventaja deportiva. Su equipo tampoco. 4) El árbitro Rodríguez no advirtió el mordisco, no pitó la infracción ni la incluyó en su informe arbitral. 5)La FIFA debe salvaguardar su imagen equitativa y, en custodia de ese valor, lo obligará, después de concluido el Mundial, a seguir un tratamiento psicológico para curar su tendencia a morder, que entra francamente en el campo de la patología. 6) Teniendo en cuenta que usted ya lo ha hecho en tres oportunidades durante partidos oficiales, que se desempeña en ligas de alto nivel profesional y que pertenece a un país, el Uruguay, que ostenta valiosos pergaminos en la historia del fútbol, le recomendamos que cumpla esta indicación y se reporte a las autoridades de esta Federación.

Punto. Esto es algo que la FIFA pudo hacer y no hizo. Veamos ahora quiénes son los autores de la sanción contra Suárez, integrantes del Comité de Disciplina de la FIFA. El presidente es el señor Claudio Sulser, de Suiza. El vicepresidente, el señor Kia Tong Lim, de Singapur. Y los dieciocho miembros, desconocidos delegados de Tonga, Congo, Panamá, Islas Caymán, Islas Cook, Pakistán y otras naciones que carecen de relieve en el mundo del fútbol. Más aún, tenemos serias dudas de que en las islas Cook exista una liga de fútbol. Estos dieciocho delegados deberían provenir de Inglaterra, Italia, Francia, España, Brasil, Uruguay, Argentina, Colombia. ¿Quién convocó al disciplinador de Caymán, por ejemplo, y a cambio de qué favores? ¿Qué autoridad puede tener una persona que no pertenece al mundo del fútbol?

Usted, señor presidente, acudió al aeropuerto de Carrasco y aplaudió el gesto psicótico de Suárez

Todo el tema del Comité de Disciplina de la FIFA huele mal. Dicho comité puede actuar ante cualquier acción anormal, aunque el árbitro no haya mostrado a Suárez la tarjeta roja. Pero había mil maneras decorosas de tratar este asunto, que es claramente extrafutbolístico. Por otra parte, no puede tratarse a Suárez como a un patadura cualquiera, porque es un destacado deportista, y no se puede castigar de ese modo a la selección uruguaya, que pertenece al grupo exclusivo de los campeones del mundo.

Usted, señor presidente, acudió al aeropuerto de Carrasco, aplaudió el gesto psicótico de Suárez y afirmó para el mundo entero que "los dirigentes de la FIFA son unos viejos hijos de puta".Qué lástima: usted se mandó la "argentinada" de declararse víctima, en lugar de guardar el silencio discreto que constituye su estilo.

Dentro de cien años, usted y yo no estaremos en este mundo. La historia dirá que don Pepe Mujica fue un personaje irrepetible, un presidente que hizo casi ostentación de pobreza, lo que le valió el respeto y la admiración de todo el planeta. Pero, pero, pero… en una ocasión, con motivo del Mundial de Brasil 2014, no estuvo a la altura de su educación.

Perdóneme este amable reproche.

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