
Cartas de lectores
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Divino mensaje
En ocasión del día de ELA (esclerosis lateral amiotrófica), su víctima el exsenador Esteban Bullrich expresó su rebeldía hacia la cruel enfermedad que lo tiene postrado, cuestionando por qué y para que. En su búsqueda encontró una paz que viene de la presencia de Dios. No de sus fuerzas. Manteniendo un amor, esperanza y fe.
Clara Blanco Pinto
blancopintoclara@gmail.com
Trump y la guerra II
Sr. Director de La Nación
Por la presente solicito a Ud., de considerarlo conveniente, se sirva publicar en “Carta de lectores” el siguiente texto en descuerdo con el tinte de la carta aparecida el 21-6-2025 bajo el título "TRUMP Y LA GUERRA", del señor Martín Sagrera Capdevila.
Con el mayor respeto, no concuerdo con la impronta del señor Martín Sagrera Capdevila en su carta del 21-6-2025, sobre el supuesto fracaso de la guerra encarada contra Irán por parte de Donald Trump, los gastos incurridos y la disconformidad que generó en los EEUU.. En primer lugar, deseo recordar que Irán fue el organizador y financió los atentados a la embajada israelí y la AMIA, que ocasionó numerosas víctimas de argentinos. Y de la misma manera obró en la masacre de inocentes en los kibbutz en el sur de Israel, siempre por medio de Hezbollah y Hamas.
De ello entre otras acciones criminales, la actitud de Trump contra Irán, cualquiera haya sido el resultado, que aún no se puede estimar con certeza y menos aún con el correr de la historia, la considero plausible, por cuanto no es una cuestión económica ni de gasto de armamento, sino un tema de dignidad sobre el valor de las personas. Decía José Ingenieros en “El hombre mediocre” que “los espíritus afiebrados por algún ideal son adversarios de la mediocridad; soñadores contra los utilitarios, entusiastas contra los apáticos. La humanidad no llega hasta donde quieren los idealistas en cada perfección particular, pero siempre llega más allá de donde habría ido sin su esfuerzo”.
Osvaldo Oscar Albano
albanoquartarone@hotmail.com
No resignarse
No podemos seguir tolerando basura burocrática. No podemos seguir soportando el robo descarado y la tomada de pelo de los que se la creen. No importa cuál partido o verso nos quieran vender, o somos patriotas o no existiremos. No podemos aceptar que un presidente proteja a un corrupto, ni que un grupo de legisladores pidan la libertad de una cleptómana que nos puso en el grupo de los marginales, socios de los terroristas.
Aceptemos la posibilidad de ser un gran país, hagámoslo.
Esteban Tortarolo
etortarolo@gmail.com
Ideólogos de LLA
Alberto Benegas Lynch (h), ¿lo habrán sentido mencionar? Escribía en 1999 en Editorial Atlántida, página 147 infine “...cuando me refiero al pensamiento jeffersoniano, más bien se alude a protestas exteriorizadas con la suficiente pasión para mantener a los gobernantes en brete y, de paso, refrescar quiénes son los que mandan en última instancia y quiénes son los empleados y subalternos, ya que en las esferas del poder se suben los humos con facilidad y la alfombra colorada marea hasta producir insoportables delirios de grandeza”. Fin de la cita. ¿Ustedes creen que era profético?
Juan Manuel PEIRE
peirejuanmanuel@gmail.com
La moral
Creo que el 1° de marzo de este año Milei dijo, entre otras cosas, en el Congreso Nacional: “La moral es una política de Estado”. Estimo que se refería a su gobierno. Qué bueno sería que los gobiernos consideraran y actuaran con seriedad con los principios de la moral y la ética. Pero muchas autoridades nacionales y provinciales, cuando están en funciones, no actúan con esas bases. Es lamentable. Generalmente, en mayor o menor grado, se olvidan de estos principios. En cambio, son reemplazados por la corrupción. Incluso en la actualidad es lo que predomina. Los que hemos vivido en la Argentina durante muchos años, en el momento de votar siempre dudamos. No sabemos quién puede ser el menos malo. Así nunca veremos a la Argentina que soñamos.
Horacio Martín Doval
hmdoval@gmail.com
Falta cubierta
Nuestro Presidente ha tenido tiempo para festejar fechas patrias en países extranjeros, aunque ellas no nos fueran propias. Sin embargo, en el festejo de nuestro máximo símbolo patrio, la bandera, no tuvo tiempo para tomar la tradicional “Promesa a la Bandera” de cientos de niños de nuestras escuelas. Por suerte, cumpliendo su función, nuestra señora Vicepresidente sí lo hizo, cubriendo ese muy importante momento para nuestros niños y jóvenes.
Jorge Fernando Peyon
noyepfj@gmail.com
Propiedad privada
No salgo de mi asombro al leer la declaración de los obispos argentinos oponiéndose a declarar inviolable la propiedad privada. Propone a la tierra como un bien común y hace consideraciones políticas tales como que el proyecto “atenta contra la soberanía de nuestra tierra, de nuestros alimentos, de nuestros bienes comunes, y el derecho de los pueblos a autodeterminarse”. A mis años, recuerdo haber oído este discurso retrógrado allá por los setenta. A decir del papa Francisco, “la tierra es nuestra hermana que nos cuida y nos alimenta”, lo que considero una falacia dado que los que nos alimentan son los propietarios de la tierra quienes producen los alimentos. La tierra por sí misma es un bien que el Creador nos legó para que el hombre pudiera proveerse de alimentos y otros recursos. Para que ello ocurra, los proveedores de alimentos deben tener la seguridad que nadie avanzará sobre sus bienes, ni ningún estado podrá decidir sobre su propiedad. El derecho de propiedad está protegido por los mandamientos 7 y 10, en los cuales no solo se prohíbe robar, o sea apropiarse de los bienes ajenos, o sea los bienes que pertenecen a “otro”, sino que, además, en su décimo mandamiento, ni siquiera se permite desear los bienes ajenos. En ambos casos la propiedad “del otro”, o sea, la propiedad ajena (del latín alienus: de otro), forma parte del decálogo que Moisés recibió del Creador. La visión de los obispos tendientes a sovietizar la propiedad de la tierra es a todas luces fruto de una ideología política que ha demostrado su fracaso absoluto, dado que no solo no promueve el bien común, sino que alimenta la pobreza general de los pueblos.
Cristián A. Bengolea
cbengolea@gmail.com





