
Caso Epstein. Siglo XXI, cambalache
Poderosos, millonarios, nobles, plebeyos, moralistas e inmorales, todos en la misma isla
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No es tan sencillo hablar de lo mismo. Ni entender lo mismo. Hasta en el mismo idioma. Ni ver lo mismo. Y muchos menos querer verlo. Las palabras denotan y también connotan. El significado objetivo, único, de un término no siempre sirve para que dos personas se comprendan. El contexto, la cultura, la geografía, la temporalidad pueden complicarlo. Es que hay significados subjetivos. Pero a veces confluyen y no divergen. Pasa con el término que mejor define el caso Epstein. Promiscuidad. No se me ocurre una palabra más apropiada. Según el diccionario de la Real Academia de la lengua española, promiscuidad significa “relación sexual poco estable con distintas personas”. Clarito. Pero en forma más popular el vocablo remite, curiosamente, a su etimología, que implica “mezcla desordenada”, referida a personas que se confunden “sin distinción”. No necesariamente con sexo de por medio. El estridente revoltijo de personajes influyentes, poderosos, millonarios, nobles, plebeyos, inmorales y moralistas unidos y reunidos en la infame galería del pederasta lo confirma. El dinero, el sexo y el poder son una muy eficaz mezcladora. En la misma isla, todos manoseados. Siglo XXI, cambaleche. La ficción imita a la realidad. Y se queda corta.






