
Centennials y billeteras digitales
Tanto jóvenes como adolescentes consideran al celular como una extensión de su propio cuerpo. Hablamos de una generación que nació y creció en un entorno digital. Están programados de manera nativa para acceder a cualquier servicio, información o dato desde su teléfono. Y en el caso de los servicios financieros esta tendencia se acentúa ya que no conciben la dinámica de atención y procedimientos que tiene el sistema financiero tradicional, que aún hoy sigue muy centrado en la presencialidad y la atención en sucursales.
En este sentido, y gracias al mindset típico de los nativos digitales, las billeteras electrónicas están contando con una gran aceptación entre la población sub 18. En parte por la posibilidad habilitada por el Banco Central durante 2019, que dispuso que los menores de entre 13 y 17 años pueden tener cuenta bancaria y tarjeta de débito propias. A esta posibilidad formal también hay que sumar un uso más informal de las billeteras virtuales, ya que muchas de las plataformas permiten la asociación de tarjetas de los padres, a través de las cuales los jóvenes realizan compras y pagos con QR, se adhieren a membrecías de juegos, suscripciones digitales, entre una multiplicidad de operaciones.
Es aquí donde el diseño de la experiencia de usuario, la usabilidad y la simpleza para realizar pagos, transferencias, recargas y otras operaciones van a definir qué tan aceptada o competitiva sea una billetera para este segmento en particular. Los adolescentes y jóvenes están acostumbrados a interfaces intuitivas y sin fricciones, y por eso son mucho más exigentes en ese sentido que los usuarios mayores, que estamos más "mal acostumbrados" a sistemas y aplicaciones antiguas y con UX más complejas.
Antes de la cuarentena por la irrupción del coronavirus, hubo en el país un gran impulso en el uso de las billeteras virtuales asociado, especialmente, a una primera gran ola en el desarrollo de los pagos a través de código QR, cuando almacenes, comercios de cercanía, estaciones de servicio y locales de comida rápida incorporaron esta forma de pago. Y si bien hoy los protocolos de distanciamiento físico están impulsando esta opción de pago sin contacto, también es real que toda esta situación, en un punto, ha frenado su desarrollo por las menores oportunidades de uso debido a la gran caída del consumo generada por el aislamiento.
Todo indica que una vez finalizado el período de aislamiento por la pandemia el consumo se reactivará, y con él veremos una profundización de la tendencia de adopción y crecimiento de la frecuencia de uso de las billeteras virtuales, potenciada también por el salto exponencial en el uso de los pagos digitales que veremos en el país a partir de la implementación del QR interoperable, una evolución del sistema que lo hará realmente masivo, al estilo de lo que sucede en China y en otros países.
El futuro de las finanzas personales habita dentro de los teléfonos celulares y los pagos en efectivo, poco a poco, irán desapareciendo como producto de un cambio cultural que llegó para quedarse y que se está viendo acelerado por los efectos de la pandemia.
CEO de Moni







