
Charles Murray: "La corrección política crea tabúes"
El especialista en ciencias sociales defiende al director de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers, que acaba de ser vapuleado por la comunidad científica y por los medios tras sus declaraciones sobre la mayor predisposición genética de los hombres para las ciencias duras
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NUEVA YORK
Un "tsunami intelectual". Así calificó la prensa norteamericana al escándalo desatado días atrás por las palabras del presidente de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers, en las que se refirió a las diferencias genéticas que, más que las socioculturales, podrían explicar por qué hay tan pocas mujeres en los puestos clave en ciencias duras.
Un maremoto se le vino encima. El rechazo que provocaron esas declaraciones entre sus pares (varias científicas se levantaron y se retiraron de la sala, grupos de poder de distintos sectores del mundo académico exigieron su renuncia, importantes donantes de la Universidad retiraron su apoyo) y en la prensa (que ha mantenido titulares sobre el tema desde entonces) fue tal que Summers debió pasar el resto de la semana disculpándose.
"Grave error", opina el especialista en ciencias sociales Charles Murray, autor del flamante libro Human Accomplishment: the Pursuit of Excellence in the Arts and Sciences 800BC to 1950, un trabajo de estudio estadístico sobre el logro intelectual en la historia que fue calificado por The Washington Post como brillante.
Murray, que escribió el polémico artículo "Sí, hombres y mujeres tienen habilidades distintas" en The New York Times como respuesta al debate, va un paso más allá y asegura que, "de haberse mantenido firme en su postura, hoy Summers sería un héroe nacional".
"Hay mucha gente en los claustros, pero también entre el público general, que piensa que la reacción que obtuvo no sólo estuvo totalmente fuera de lugar sino que fue antiintelectual. O mejor dicho, fue digna de un "macarthismo" intelectual. Si en vez de echarse atrás Summers hubiese dicho "Precisamente de esto se trata en una universidad: de discutir cuestiones interesantes y controvertidas, haciendo lugar para las distintas voces. ¡Maduren por favor!", eso hubiese encontrado un apoyo enorme. No todo el mundo aprecia que la corrección política determine temas prohibidos en el ámbito académico", señaló a LA NACION.
-¿Cuál es su opinión personal sobre los comentarios de Summers?
-Los comentarios de Summers, realizados en un encuentro supuestamente off the record, fueron moderados. Ofrecieron una suerte de hipótesis interesante, si bien no comprobada hasta ahora, según la cual las diferencias innatas entre los sexos podrían explicar por qué hay tan pocas mujeres en las principales facultades de ciencias e ingeniería, y contó una historia sobre su hija en la cual la naturaleza pareció tener más fuerza que los determinantes socioculturales. A juzgar por el furor que le siguió, uno podría concluir que Summers estaba proponiendo un idea radical sostenida solamente por anécdotas personales y algunos locos de los márgenes del mundo científico. La verdad es exactamente la opuesta. Si se consultara a todos los investigadores que trabajan sobre la inteligencia, o mejor dicho, sobre el repertorio congnitivo de hombres y mujeres, la enorme mayoría aceptaría que los sexos son distintos y que los genes claramente están implicados.
-¿Cuánto tuvo que ver la corrección política imperante en el mundo académico norteamericano en la reacción?
-La corrección política hace referencia a la ideología de los intelectuales de izquierda para quienes la igualdad es el valor supremo, tanto en lo económico como en lo social, cultural, sexual, racial, etcétera. Lamentablemente esto no se traduce en que todas las personas tengan las mismas oportunidades, sino en la negación de que cualquier diferencia entre seres humanos pueda tener algún componente que no sea estrictamente sociocultural. Por eso no pueden tolerar la idea de que hombres y mujeres puedan llegar a tener diferentes tipos de habilidades cognitivas.
-¿Cómo evalúa la reacción de las universidades frente a la de los medios de comunicación en Estados Unidos?
-La reacción en las universidades, de condena absoluta en su mayor parte, fue un desastre. Los medios de comunicación, en particular las páginas de opinión de los diarios, fueron mucho mejores, han publicado muchas y muy buenas columnas de algunos de los grandes especialistas en defensa de Summers. En las crónicas sobre el asunto, en cambio, no vi prácticamente a ningún periodista que señalara que Summers no hablaba de una teoría loca que se le pasó por la cabeza sino que hacía referencia a un cuerpo muy sólido de estudios científicos sobre las diferencias innatas entre hombres y mujeres.
-¿Cómo resumiría los estudios científicos de los últimos años sobre las diferencias entre los sexos?
-Por un lado están quienes estudian los efectos de las diferencias socioculturales o del ambiente sobre la manera en que hombres y mujeres operan y, por el otro, están quienes estudian la influencia genética. Los resultados de los primeros, en lo últimos años, han sido aburridísimos, y no han aportado nada nuevo. Por ejemplo, hay unos 172 estudios sobre la crianza que demandaron gastos enormes e involucraron a 28.000 niños para llegar al resultado de que chicos y chicas son criados hoy básicamente de la misma manera salvo que a dos tercios de los varones se les desincentiva a jugar con muñecas. Eso no explica nada. Es trivial, caro y poco interesante. En cambio, la genética y la neurociencia constantemente nos están trayendo fascinantes nuevas posibilidades sobre por qué la mente funciona de una u otra manera determinada, lo mismo que la biología evolucionista desde el punto de vista teórico. Un ejemplo reciente sería La diferencia esencial, libro publicado en 2003 por Simon Baron Cohen de la Universidad de Cambridge, en el cual se presenta una teoría unificada de la cognición masculina y femenina. Este estudio bien puede ser un punto de inflexión histórica.
-El estereotipo dice que las mujeres recuerdan más a menudo dónde dejaron las llaves del auto que los hombres, pero que éstos leen mejor los mapas. ¿Cómo se explica esto, por ejemplo, en términos de teoría de la evolución?
-Dicho de otra manera, estudios consistentes han encontrado que las mujeres son mejores que los hombres para recordar la ubicación relativa de las cosas dentro de un grupo de objetos conocido, mientras que éstos son más hábiles para representar de manera precisa ambientes nuevos. Al respecto, los psicólogos evolucionistas señalan que, cuando el homo sapiens estaba evolucionando, la habilidad para visualizar mentalmente cómo ir del punto A al punto B y volver al punto A una vez más (lo cual sería hoy algo así como leer un mapa) tenía un gran valor en términos de supervivencia. Lo mismo que la habilidad para reconocer las plantas comestibles de la vegetación en general (hoy, encontrar las llaves en el lío de la habitación). Como los hombres se ocupaban de la caza (ayudados por otras ventajas físicas propias) y las mujeres de la recolección de alimentos, sus repertorios mentales divergieron según lo que la presión de la evolución recompensase en cada caso. Explicar la ventaja que tienen los hombres para rotar imágenes tridimensionales en un laboratorio contemporáneo tiene una explicación aún directa: la habilidad de procesar la trayectoria de objetos en tres dimensiones es una ventaja de supervivencia fenomenal si el conejo está allí, uno está acá y tiene una roca en su mano
-¿Por qué para algunas personas estos resultados son amenazantes?
-Porque consideran amenazante toda diferencia entre grupos, pero esos temores son errados. Podemos encontrar, por ejemplo, que los hombres, como grupo, tienen una ventaja sobre las mujeres, como grupo, para producir matemáticos extraordinarios. Pero saber eso no altera otra cosa: que hay mujeres que son matemáticas extraordinarias. La proporción de hombres y mujeres matemáticos quizá nunca sea igual, ¿pero a quién le importa? Por cada ventaja de los hombres, parece haber otra ventaja de las mujeres. Y en el caso de los matemáticos, lo único que importa es que todas las mujeres con potencial para ser matemáticas extraordinarias tengan la oportunidad plena de llegar a serlo.
-Sí, pero siguiendo con el ejemplo, el saber que las mujeres como grupo tienen una desventaja en relación con los hombres para ser matemáticas, ¿no sacará las ganas a las jovencitas de volcarse a esa área de estudio?
-Es posible. El conocimiento a veces implica cierto riesgo. Por eso, nosotros, los padres, los educadores, los científicos, los empleadores, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para evitar esa reacción. Y la mejor manera es siempre poner las habilidades individuales, y no la pertenencia o no a un grupo, en el centro de nuestra atención.
-¿Por qué en su libro hay una falta comparativa de mujeres en el listado de las contribuciones más significativas para la humanidad?
-EstánVirginia Wolf, Marie Curie y muchas más. Pero en mi libro señalo que en total hay muy pocas mujeres representadas en el inventario de figuras significativas de las artes y las ciencias de la historia de la humanidad por dos explicaciones posibles. Por un lado, que hasta los últimos cien años las mujeres, en su mayoría, no podían acceder al trabajo significativo en las ciencias y las artes, lo cual es básicamente cierto. Pero otra explicación señala que hay diferencias innatas que indican que, en mayor o menor medida, siempre habrá diferencias entre hombres y mujeres respecto a quién llega a los picos más altos de los logros de la humanidad. Mi posición es que aún no tenemos las respuestas finales, pero que debemos ser pacientes puesto que, a la velocidad con que avanza la genética, en un máximo de dos décadas estarán disponibles. Pero mientras tanto, convertir a una de la alternativas en tabú y no abrir el juego al debate y la investigación es antiintelectual y peligroso. En el estudio de los sexos, hay un consistente y creciente cuerpo de investigaciones científicas que nos están ayudando a comprender las habilidades del ser humano. Es momento de aceptar su existencia, su seriedad y su legitimidad.
-En su caso particular, ¿es usted el que lee los mapas y su mujer la que encuentra las llaves?
-En mi caso, sí, yo soy el que pierde las llaves, ¡pero no es que pueda leer un mapa! Todo lo hace ella. ¡Y pensar en cualquier objeto tridimensional me marea! Así que soy un buen ejemplo de la importancia de ver agregados, estadísticas y promedios para estudiar a la humanidad.
El perfil
Formación
Charles Murray tiene 62 años. Estudió historia en Harvard y obtuvo un doctorado en Ciencias Políticas del MIT. Es investigador en el American Enterprise Institute (uno de los principales think tanks de Washington).
Tesis provocadora
En su controvertido libro The Bell Curve, en coautoría con Richard Herrnstein, se metió con distintos temas tabúes. Sostuvo que había diferencias de coeficiente intelectual entre grupos étnicos. "Aclaramos que no sabemos de dónde viene esa diferencia. Puede ser genética o sociocultural", dice.





