China vino para quedarse

Diego R. Guelar
Diego R. Guelar PARA LA NACION
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29 de noviembre de 2018  • 16:39

Argentina está viviendo, en palabras del Presidente Macri, "una muy seria tormenta". La superaremos, pero hoy todavía estamos atravesando el ojo de la tormenta.

Tenemos que separar el polvo de la paja. Esta tormenta no está producida por fuerzas naturales, no es un tsunami ni un terremoto; tampoco es producto de una conspiración de fuerzas políticas o ideológicas que, desde los extremos, buscan desestabilizar a las instituciones democráticas. No tenemos partidos políticos opositores o sindicatos, o sectores de la producción que están pretendiendo boicotear el programa económico del gobierno.

La "confianza" es un producto arbitrario y subjetivo, especialmente cuando de dinero se trata. Se gana y se pierde por factores circunstanciales difíciles de prever y de reconducir.

Los resultados electorales de 2015 y 2017 demuestran con claridad que un volumen muy importante de la ciudadanía apoyó –y apoya– el camino que la presente administración puso a consideración del pueblo argentino.

En el panorama internacional, un nuevo e importante socio fue consolidando una seria y bilateralmente beneficiosa relación con Argentina. Los principales capítulos de esta relación suman proyectos por US$30.000 millones en energía, transporte y agroindustria. También un aumento del flujo de turistas e intercambios científicos y tecnológicos, y una creciente comprensión de la sensibilidad popular recíproca a través del tango y el fútbol –Messi, Mascherano y las escuelas "Carlos Gardel" se van transformando en episodios cotidianos para millones de chinos–; así como la carne, los langostinos y los vinos argentinos.

A eso hay que sumarle las recientes aperturas totales de los mercados de carne bovina, ovina y aviar, más la de porcinos a partir de diciembre de este año (conjuntamente con cerezas y miel). Ya tenemos acceso a la mayoría de las frutas y hortalizas (incluyendo las recientes uvas de mesa, arándanos y arvejas). También el mercado de lácteos (quizás el que más viene creciendo en los últimos tiempos), pastas secas, dulces y prácticamente todos los alimentos envasados.

Disponemos de "centros de distribución" en los puertos mas importantes de China –Shanghai, Guangzhou y Tianjin– y de "pabellones virtuales" en los 3 e-commerce más visitados –Alibaba, JD.com y Jumore–.

No hay un solo Lebac, ni Lecop, ni Letes ni Leliqs en manos de fondos o bancos chinos, ni les interesa ésta o cualquier otra operación financiera especulativa de corto plazo. Todos sus proyectos son de largo plazo.

El único Banco Central del mundo que nos ha respaldado es el chino con más de US$10.000 millones de "swaps" , y otros US$8500 que están decidiéndose en este momento, y que podemos aplicar como reservas, o utilizarlos para el comercio bilateral o, eventualmente y previa autorización de la autoridad monetaria china, aplicarlas para cancelar otras obligaciones.

El próximo 2 de diciembre recibiremos en Visita de Estado al presidente Xi Jinping, y firmaremos una cantidad importantes de acuerdos ratificatorios y ampliatorios de los que actualmente están en vigor.

Para aquellos que todavía tienen prejuicios o sienten miedo, es hora que entiendan que la República Popular China es un socio, aliado y amigo que ha venido a enriquecer nuestra vinculación con el mundo. No se opone ni es alternativa a cualquier otra del pasado (los vecinos, la UE, Estados Unidos, Rusia, Japón) o a las que podamos desarrollar en el futuro.

El siglo XXI está seriamente marcado por la irrupción de China como superpotencia. Su consolidación garantizará un mundo más equilibrado y multipolar.

¡Bienvenido, Presidente Xi Jinping!

Embajador argentino en la República Popular China.

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