
Colesterol para China
Por Neal D. Barnard De International Herald Tribune
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NUEVA YORK.- El Banco Mundial ha demostrado una vez más que la pluma puede más que la espada. O, en este caso, que la hoz segadora de los cereales que han mantenido a los chinos a salvo de los problemas dietéticos, esa plaga de Occidente. Semanas atrás, el Banco Mundial otorgó, de un plumazo, un préstamo de 93,5 millones de dólares a la naciente industria china de las carnes para la construcción de 130 fraccionadoras de forrajes y cinco centros de procesamiento.
La Organización Mundial de la Salud habría procedido de otro modo. Sus estadísticas indican que la dieta china tradicional, rica en arroz y hortalizas, pobre en carnes y casi carente de productos lácteos, ha mantenido a raya las cardiopatías y un sinnúmero de problemas de salud comunes en Occidente.
Al perfeccionar su red de distribución de alimentos, China ha eliminado las carestías que padecen algunos otros países asiáticos. Hoy por hoy, su consumo de alimentos per cápita es superior al norteamericano.
Lamentablemente, en algunas regiones, la carne, las comidas rápidas y los quesos van reemplazando los platos tradicionales a base de arroz y fideos, aun sin la ayuda del Banco Mundial. Esas áreas ya han mostrado la mayor incidencia de problemas médicos de tipo occidental.
Carne versus cereales
Mientras los norteamericanos sagaces están reconociendo la conveniencia de orientalizar sus dietas con arroz, derivados de soja y una mayor variedad de hortalizas, los burócratas del Banco Mundial han decidido promover la occidentalización de la dieta china. En vez de apoyar el uso de los cereales como un componente básico de la dieta popular, sin colesterol, lo destinarán a alimentar el ganado de consumo.
Sin duda, algunos ganaderos se enriquecerán invadiendo paulatinamente los arrozales y los cultivos de hortalizas, pero uno se pregunta por qué el Banco Mundial, habiendo recibido año tras año críticas tan rotundas por sus proyectos de desarrollo económico contraproducentes, ha caído en esta trampa.
Traducción de Zoraida J. Valcárcel





