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Cristina se encuentra en una encrucijada dramática

Sergio Berensztein
Sergio Berensztein PARA LA NACION
Presentarse a elecciones podría debilitar a la expresidenta, pero quedarse en el Senado no resuelve el tema de su hija
Presentarse a elecciones podría debilitar a la expresidenta, pero quedarse en el Senado no resuelve el tema de su hija Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
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15 de marzo de 2019  

La estrategia electoral de Cambiemos de cara a los comicios de este año parte de una hipótesis que los principales líderes de la coalición gobernante prefirieron convertir en axioma: enfrente habrá un kirchnerismo radicalizado, liderado por la expresidenta. Es necesario que la vieja grieta, surgida hace más de una década durante la revuelta del campo y atenuada ahora por el lógico desgaste y, en especial, por el fracaso de la gestión, recupere su vigor para polarizar una vez más a la opinión pública. Pretenden de este modo galvanizar las preferencias de, al menos, un número crítico de votantes que, sumado al piso que mantiene Macri a pesar de la crisis, permita ganar el ballottage aunque sea por un margen mínimo, como ocurrió en 2015.

Frente a este escenario, CFK intenta manejarse con disciplina, prudencia y cierto criterio. Cierra acuerdos en las provincias, se mantiene bastante callada, se reúne con múltiples referentes políticos y sociales y hace que sus voceros se encarguen de diseminar ideas como que "es otra persona", que "está abuenada" o que "se encuentra trabajando por la unión nacional". Una curiosa e infrecuente (y tal vez inconsciente) autocrítica: sugiere que la "otra Cristina", la de antes, no solo no era buena, sino que su liderazgo dividía (como en efecto ocurrió) a los argentinos.

Esos ingentes esfuerzos no lograrán convencer al largo tercio más anti-K/antiperonista que constituye la base más sólida y fiel de Cambiemos, quienes se mantienen inmutables aun frente al pedido de clemencia por la salud de su hija que por estos días CFK diseminó por las redes sociales. Pero apuntan a reconquistar, como ocurrió entre 2009 y 2011, al segmento heterogéneo y menos politizado de la sociedad, que luego de la mencionada revuelta fiscal por la resolución 125 y de haber votado por candidatos de oposición en 2009, volvió a apostar por Cristina, que obtuvo el recordado 54% en 2011. La expansión económica fue clave para motivar ese giro. ¿Esta dura recesión inflacionaria y la volatilidad del dólar podrían ayudarla en esta coyuntura tan compleja?

Para beneplácito de los estrategas del oficialismo, la expresidenta y muchos de sus seguidores se encargan de manera casi cotidiana de que ese abnegado esfuerzo sea, generalmente, en vano. Es cierto que Cristina prefiere ignorar el patético colapso político, económico y ahora también energético de sus aliados y socios chavistas para no entrar en la trampa que le plantan desde el Gobierno. Pero sus dramas personales y familiares la inducen a cometer groseros errores, tal como se puso en evidencia con el desesperado intento de voltear la causa de los cuadernos que ella misma se encargó de adelantar desde su banca de senadora. Sobre todo, porque aquella maniobra en nada hubiera podido afectar al resto de las casos judiciales en los que es investigada, incluyendo los que afectan a su hija Florencia y que le generan una especial y entendible preocupación. Por eso denuncia una supuesta "inexistencia del Estado de Derecho" para rechazar in toto las investigaciones sobre los casos de corrupción, que considera una persecución personal.

Por si esto fuera poco, sus adláteres echan sal en las heridas de los sectores moderados e independientes. Francisco "Paco" Durañona, intendente de San Antonio de Areco, propuso una original reinterpretación del republicanismo: una Corte Suprema militante que convalide las iniciativas de un próximo gobierno nacional y popular. Días atrás, Roberto Feletti había adelantado la política económica de una eventual nueva gestión K, que contempla la profundización del ya extremo intervencionismo estatista de los anteriores mandatos, una de las principales causas de la actual crisis. Hasta el propio Alberto Fernández confesó hace un tiempo que extrañaba el cepo...

Algunos observadores sugieren que CFK podría optar, a lo Evita, por un renunciamiento histórico y excluirse del proceso electoral. ¿O bien autoexiliarse en Cuba? Esto implicaría un cambio dramático en el curso de esta elección y fortalecería las chances del peronismo moderado. No faltan razones para justificar semejante decisión. Una derrota la dejaría mucho más débil de lo que está: se trataría de la quinta en diez años (las anteriores fueron las de 2009, 2013, 2015 y 2017) y de la cuarta consecutiva.

Pero si triunfase, a lo Pirro, volvería para presidir una Argentina ingobernable. Los mercados monitorean con obsesión la evolución de los sondeos y los resultados de las elecciones provinciales. Cualquier posibilidad efectiva de un retorno de CFK dispararía una corrida cambiaría y bancaria de dimensiones homéricas. En un clima de absoluta desconfianza, la devaluación, la inflación desbordada y la fuga de capitales empujarían al país a un nuevo default en el marco de una crisis financiera que costaría muchísimo revertir. ¿Qué haría con el programa acordado con el FMI, cuyos vencimientos comenzarían a poco de iniciarse su gestión? En el plano internacional, ¿querrá profundizar sus peleas con Estados Unidos, en un escenario en el que la aún principal potencia mundial está congelando las cuentas de los familiares y entenados de los jerarcas bolivarianos? Si emulase al último Alan García y abandonase el populismo para abrazarse al libre mercado, arruinaría el legado que tanto aprecia y perdería el apoyo que aún mantiene. Y si profundizase su modelo, el caos con el que llegaría al gobierno se tornaría aún peor.

La suerte de Macri parece entonces depender menos del hasta ahora frustrante ciclo económico que de la decisión que vaya a tomar su principal adversaria política y, por el momento, única contrincante con chances de disputarle la reelección. Algunos sospechan que podría estar negociándose una suerte de pacto de impunidad frente a los escándalos de corrupción que la involucran y que están siendo investigados. ¿Entre quiénes? ¿Con qué clase de reaseguros? ¿Quién puede garantizarle a la expresidenta que si facilita el retorno del peronismo al poder, con el candidato que sea, su suerte en la Justicia sería menos esquiva? "La evidencia está: en la mayoría de los casos la instrucción ha sido impecable y las causas tienen una dinámica casi imposible de detener", sugiere un veterano penalista. ¿Existen acaso posibilidades de otorgar un indulto sin antes completar el debido proceso y probar los delitos que se le imputan? Suponiendo que eso fuese tolerado por la opinión pública, no parece ser legalmente posible, al menos en el corto y mediano plazo, de acuerdo con nuestra jurisprudencia: debería antes haber una condena. En consecuencia, coordinar en la práctica algún tipo de contubernio que garantice la impunidad parece casi imposible. Dicho argumento puede constituir una oportuna chicana para el debate electoral a los efectos de continuar polarizando a los votantes, pero no parece estar fundamentado en información probada ni en mecanismos efectivos que garanticen su implementación.

Cristina Fernández de Kirchner se encuentra en una encrucijada dramática: si participara de la elección, podría salir debilitada, cualquiera que sea el resultado. Como si hubiera caído en un pantano: su opción menos mala parece ser quedarse inerme en el Senado y aspirar a conseguir de sus colegas el mismo tratamiento que obtuvo Carlos Menem. Pero eso no resuelve la situación de sus hijos. ¿Habrá preferido erigir su propia Puerta de Hierro en el Caribe?

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