El algoritmo como juez

Antonio Boggiano
Antonio Boggiano PARA LA NACION
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28 de abril de 2020  

La última propuesta de reforma judicial fue llamada "democratización de la Justicia" y rechazada por la Corte Suprema. Una futura reforma habrá de contemplar, al menos de modo incipiente, la tesis central del algoritmo como juez. Una reforma actual no podría desconsiderar este asunto. Hemos hecho una breve introducción al tema en 2018. Ahora podemos dar unos pasos más. Siempre auxiliados por los técnicos, sean ingenieros o de materias vinculadas a la inteligencia artificial (IA) en unión con abogados de todas las especialidades y funcionarios de toda índole vinculados a la solución de casos aunque sea de primeras instancias. Suele decirse que los abogados son los primeros jueces del caso.

Pienso en los siguientes pasos en una nueva metodología. El primer paso sería la búsqueda exhaustiva con IA de toda jurisprudencia nacional y de las provincias con los elementos del caso a resolver. Aquí aparece una primera dificultad. Tenemos los elementos, características, singularidades de nuestro caso. No habrá un caso idéntico. Debemos conformarnos con la semejanza más próxima o la analogía más cercana a los hechos y el derecho. Esta es una primera tarea que el abogado debería discutir con los expertos en IA. El segundo paso está vinculado al primero. Habrá que construir un modelo flexible del caso. Cambiando algunos elementos circunstanciales o periféricos. Por ejemplo, si se trata de una nulidad matrimonial, no podemos incluir el divorcio. Si se trata de un homicidio preterintencional, no podemos incluir todos los homicidios. Buscaremos cuándo se da o no la preterintencionalidad. Se podría construir un modelo de prisión preventiva, asunto de tanto interés actual.

Si me fuera consentido aquí cierto tecnicismo, diría que la IA debe tomar en cuenta la teoría de los tipos o tipología jurídica como base de elaboración. Llamo flexible a este modelo porque la pantalla que imagino puede admitir variables no esenciales. Es claro que esta primera labor intelectual no la hará, me parece, la IA. Se requerirán humano discernimiento, sentido común o buen sentido. Podríamos profundizar filosóficamente esta facultad. Pero sin exagerar, pues toda profundización exagerada lleva a la parálisis, y esta, a la denegación de justicia, precisamente lo que la IA debería disipar. Supongamos, pero solo demos por cierto, que hemos alcanzado la adecuada descripción del caso y de su modelo flexible con distintos grados de analogía o aproximación esencial, palabras que alertarían al filósofo más elemental. Eventualmente le pediríamos un estudio bien específico que archivaríamos provisionalmente. Para pensarlo después en busca de mejoras.

Ahora nos enfrentamos a otro problema propio, nos parece a los principiantes, de la IA. Hay que buscar toda la jurisprudencia. Toda. Para eso servirá la IA. Para unos pocos casos no necesitamos un auxiliar tan costoso. ¿Dónde está la jurisprudencia? En los repertorios de jurisprudencia. Pero ellos generalmente se limitan a la jurisprudencia de los tribunales federales y nacionales situados en nuestra ciudad autónoma. Queremos la jurisprudencia de todos los tribunales federal del país. Además, requerimos toda la jurisprudencia de los tribunales provinciales. De sus tribunales superiores e inferiores. La búsqueda debe ser exhaustiva. La IA proveerá un consejo colateral.

En nuestro país hay muchos abogados que han estudiado en países que suponemos que podrían tener alguna experiencia. Así, veamos si en EE.UU. tienen toda la jurisprudencia federal y estadual en IA. Y veamos cómo lo han hecho. Si no la tienen, tendremos que instar a que la tengan, preguntando por qué no la tienen. Por imposibilidad o por desinterés. Si ellos no la tienen, ¿qué podemos esperar de China? Busquemos en el Reino Unido y en los países del common law. Véanse los heroicos trabajos del Instituto Max Planck de Hamburgo, de Friburgo (Br.), de Heidelberg, de Múnich, del Instituto Suizo de Derecho Comparado y en EE.UU. En un tiempo visitaba Columbia y Harvard. Pero no estoy à la page. Me imagino que en nuestro país tampoco será tarea fácil.

Habiendo, supuestamente, encontrado toda la jurisprudencia, la próxima etapa es la comparación de la jurisprudencia con nuestro caso y modelo flexible. Estoy plenamente dispuesto a ser corregido en esta metodología tanto por los juristas como por los ingenieros y técnicos en IA. No basta con la comparación para proceder enseguida a extraer la misma solución. Hará falta un estudio de los fundamentos de los precedentes. A veces nos ayudan, pero a veces nos parece una solución no acertada jurídicamente, notoriamente injusta, inspirada en ideologías. Nunca olvidaremos que un magistrado de alta jerarquía dijo que el Código de Vélez era "oligárquico" (sic). ¿Desecharemos las soluciones que algunos consideran oligárquicas? Los jueces de Justicia Legítima ¿tienen una percepción de las justas soluciones distinta de los jueces que no lo son? No lo sabemos. Al menos por ahora.

Llegamos a este punto delicado: ver si los precedentes contemplan un caso análogo y si su solución nos parece aceptable, justa, constitucional, razonable. Esperamos proseguir. ¿Es verdad que la IA creará poetas, músicos, empresarios y hasta amantes espirituales que nos colmarán de felicidad? Alguien diría que prefiere morir antes que ser amado por un robot. Pero he leído que se asegura la sustitución de jueces por IA. Quizá sea necesario apelar desde ya a la imaginación y ponerse a trabajar con una máquina o artefacto judicial en cuya "creación" o fabricación hayamos participado. Como juez me parece interesante "crear" jueces. El artefacto o robot juez es un modo de hablar inapropiado, porque el robot podrá presentar al juez proyectos de sentencias. Algo parecido, aunque no tan acabado, como el proyecto de un secretario del juez. Este tendrá que hacer los últimos ajustes para su decisión final. No pretendemos un sustituto, sino un buen auxiliar del juez humano. Por ahora ni siquiera puedo imaginar un juez algorítmico autosuficiente. Solo el juez podrá determinar humanamente una pena de 8 a 25 años para un homicidio. Es claro que pensamos a oscuras. Tal vez sea un pensamiento imaginativo o una imaginación controlada razonablemente, si no caemos en presunción. Solo podemos intentar cierta práctica con los métodos expuestos y aun mejores. Todos estamos llamados a esta tarea que requerirá teoría del derecho y aun filosofía, como se habrá advertido.

La Constitución es una ley. No un poema. No será suficiente un artista. Aunque hay autores que han hablado del arte del derecho; quizá del romano. Hoy se espera del juez algo más que un artista o, si les parece, algo menos. No esperamos en cada caso una sorpresa deleitable. Hoy se habla nuevamente de reforma judicial. Sugiero tomar en consideración la IA como método de mejorar, por un lado, la certeza jurídica, con todo lo que ella traería como ventaja económica que tanto requerimos. Y, por otro, tratar de alcanzar una Justicia más rápida o mucho más rápida y mucho menos costosa. Los expertos en IA augurarán otras ventajas. Nosotros conservaremos solo el proyecto de empezar. ¿Podrá ayudar la IA en las presentes circunstancias de pandemia? Se dice que la IA predijo esta calamidad. Me pregunto si no podrá también ayudar a vencerla. Vivimos en un mundo que conocemos y dominamos solo en parte. A veces sentimos que minúscula. Es verdad que todos estamos igualmente en peligro. Tal vez, la IA haga más asequible un cierto derecho a la igualdad. Un remedio o una vacuna sería universal. Pero su aplicación, no.

Exjuez y expresidente de la Corte Suprema. Académico ubique docendi

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