
El diálogo es imprescindible
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Una sociedad que no dialoga no es sustentable. ¿No será que andamos flojos en disenso? Ponemos en duda si el llamado al diálogo político fue oportuno. El diálogo, aun tardío, nunca será inoportuno, porque es un valor que la sociedad debe propiciar siempre. "Los países tienen abiertas sus embajadas y cuando se presenta un conflicto grave las cierran; debería ser al revés, porque es entonces cuando más las necesitan", dice Roger Fisher, director del Harvard Negotiation Project.
La libertad de expresión, ser oído y peticionar a las autoridades son derechos constitucionales vigentes. Pero no hay norma aún que garantice el diálogo. Los abogados estudian comunicación, conflicto, negociación y mediación en una breve materia al final de la carrera. La carencia de formación en la cultura del diálogo tiene otros ejemplos. En las escuelas no se presenta esto como objeto de estudio, cuando en realidad deberían formarse ciudadanos colocando el diálogo como valor, y dotarlos de conocimientos y entrenamiento para facilitarlo y transformar la sociedad desde cualquier ámbito de actuación.
¿Estaremos formando analfabetos en materia de diálogo colaborativo y construcción de consensos? Tal vez no resulte exagerada la expresión. La última instancia institucional de convocatoria al consenso antes de esta fue el llamado al Diálogo Argentino (2001). Nadie debería sorprenderse de semejante ausencia, porque los dirigentes y los ciudadanos no han sido formados para eso. Einstein decía: locos son los que pretenden obtener resultados diferentes haciendo siempre lo mismo.
Abusamos de la confrontación destructiva y denostativa. Se confunde con demasiada frecuencia el tratamiento de los temas, el problema con la persona que lo plantea, y eso suele nublarnos la mirada. En educación, podríamos incorporar por ley a la enseñanza pública la formación en procesos de comunicación, prevención y abordaje de conflictos, negociación y mediación, colocando el diálogo colaborativo y la construcción de consenso como valor social y objeto de estudio.
En la gestión pública se podría crear la Secretaría del Diálogo, donde se garantizara al ciudadano la posibilidad de dialogar participativamente de manera institucional y reglada. Cuando se superponen dos monólogos, la existencia de alguna falsedad en alguno de ellos (o a veces en ambos) no encuentra el límite que proveen los procesos de diálogo facilitados mediante la comunicación de doble vía, hablando por turnos y practicando la escucha activa para mostrar que quienes dialogan comprenden, sin que eso implique hacer concesiones.
No serían necesarios recursos extras. Los docentes están entrenados en prevenir y abordar conflictos; solo falta organizar sus contenidos y decidirse de una vez por todas a incorporar la mediación escolar como herramienta más que idónea. Véase, por ejemplo, el programa desarrollado en la Escuela Pública N° 18 de Tigre, que lo está implementando con éxito.
Y en la administración pública solo requeriríamos algunas mesas y sillas. Los encargados de implementar el proceso de diálogo colaborativo y construcción de consensos serían los mismos que gestionan políticas públicas, ya remunerados, en tanto esta actividad estaría incluida dentro de sus funciones. La Secretaría del Diálogo debería implementar el ejercicio de esta garantía.
La ley de mediación, 24.573/95, ahorró juicios mediante acuerdos. Los casos no acordados, pero que tampoco derivaron en juicios, revelan la convicción de que no asistía razón a quien estaba dispuesto a litigar, o que, más adelante, se acordará fuera del proceso, habiendo morigerado pretensiones. Ejemplo de un cambio cultural operado hacia la concordia social como valor. No deberíamos asustarnos por esta ambiciosa idea de modificar la enseñanza ni crear un organismo dedicado a implementar el diálogo institucional.
Creo que sí deberíamos asustarnos (o comprometernos ante la evidencia que nos interpela) frente a la enorme incultura y aversión que los argentinos tenemos por el diálogo institucional. Seguimos discutiendo sobre si diálogo sí o diálogo no, o sobre los puntos de su agenda (como si pudieran definirse sin dialogar) o si debemos participar o no por su aspecto temporal. La simple referencia a lo que estamos discutiendo demuestra que en nuestra querida Argentina nos falta formarnos en el diálogo como valor, se puede implementar la mediación escolar y se puede institucionalizar el diálogo en la gestión de políticas públicas. Todo eso, con una moderada inversión económica.
Siempre hay que dialogar. Lo importante es tener alguna formación y una humilde vocación. Eso es condición necesaria, tanto en el ámbito de la familia como en el de la patria.
Abogado-Mediador; vicerrector de la Universidad Nacional de Hurlingham
Alejandro Arauz Castex




