Cómo evitar la recaída

Daniel Della Costa
Daniel Della Costa LA NACION
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11 de febrero de 2010  

Todo el mundo quisiera ser camionero. No sólo por el placer de circular con esos armatostes como si se tratara de una Harley Davidson, sino porque con los sueldos fabulosos que ganan ya ni se fijan en las camioneras que les hacen señas desde la banquina: ahora se meten en la pelea con los jugadores de fútbol por las starlets de Mar del Plata y Carlos Paz. Pero ya se sabe que estas circunstancias no suelen durar. Hoy casi todos los gremios se lanzan a luchar por aumentos equivalentes a los de los hombres del volante y de la barriga prominente, impulsados tal vez no tanto por la envidia como por esa vieja conocida de los criollos: la inflación.

Una circunstancia que también debería preocupar al Gobierno, especialmente si toma en cuenta que la híper apresuró los días de Alfonsín en la Rosada, mientras que la estabilidad le permitió diez cómodos años a su sucesor, el inefable Carlos Menem, a pesar de los altos índices de desempleo. Lo cual pone de manifiesto, por un lado, la inoportunidad de este episodio quirúrgico padecido por el copresidente y, por otro, invita a bucear en las razones que lo llevaron a padecer esa circunstancia. Porque mucho se ha hablado de que lo provoca el estrés. Pero si fueran los nervios, como lo sostiene cualquier señora de barrio mientras manguerea la vereda, ¿cuál es la causa que lo ha afectado hasta el extremo de provocarle esa cruel dolencia? Una, sin duda, el doble empleo, ya que mientras funge como copresidente y le indica a su compañera lo que tiene que hacer y decir, también, como se ha visto, tiene que ocuparse de los negocios de la familia.

Agréguese a ello el infortunio de toparse con adversarios ingratos, como Julio Cobos, Martín Redrado o, ahora mismo, Carlos Reutemann, que ha sorprendido a todos diciendo que a los argentinos les bastaría, para estar contentos, con que los Kirchner "no se hayan afanado la Casa Rosada y la Plaza de Mayo" cuando se vayan. Pero sin duda lo que supone el mayor riesgo para su salud es esta tendencia suya a meterse en honduras que no domina, lo que le ha costado fuertes reveses con el campo y la pérdida de la mayoría en el Congreso, sin que por ello cediera ni un tranco de pollo en su pretensión de gobernar el país a piacere , comprando aliados y votos como compra tierras y hoteles, con la guita de su abuelito el usurero, según dichos de su incondicional D´Elía. Y así es como ahora mismo, cuando la insidiosa inflación golpea otra vez, y fuerte, a las puertas de la Patria, no se le ocurre nada mejor que pelearse a muerte por unos miles de millones de dólares cuyo destino no será otro que seguir alimentando la hoguera con nafta especial. Un empeño en el que, por la salud del país y hasta por la suya propia (hay que tener cuidado con las recaídas), no debería insistir.

"Maestro -dijo el reo de la cortada de San Ignacio-, ¿vio que los brasucas andan anchos porque forman parte del BRIC, que son los países que se van para arriba? Bueno, ¿quién le dice que nosotros, con Lupin y señora, no formemos pronto el tetrabrik y los reventemos a esos agrandados?" ©LA NACION

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