Comunitarismo no es tercera vía
Por José Enrique Miguens para La Nación
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La reunión anual de la Asociación de Bancos de la Argentina, que se inicia hoy, está dedicada a la llamada tercera vía y de ésta se habló abundantemente en la reunión de Buenos Aires de la Internacional Socialista. En ambas, equivocadamente, se vincula la tercera vía con el presidente estadounidense Bill Clinton y el primer ministro británico Tony Blair, por lo que creo conveniente aclarar las cosas.
La tercera vía es una tentativa política europea de resucitar el socialismo (hoy púdicamente denominado socialdemocracia). Se inventó, como confiesa uno de sus principales voceros intelectuales, el sociólogo británico Anthony Giddens, "para dar carnadura teórica al esqueleto que dejó la muerte del socialismo".
En cambio, tanto Clinton y su vicepresidente, Al Gore, como Blair son comunitaristas. En teoría política, el comunitarismo es el único movimiento intelectual que ha podido criticar con argumentos de fondo tanto al liberalismo individualista como al colectivismo socialista. Exponiendo los principios comunitaristas en sus campañas, Clinton y Blair consiguieron desalojar del gobierno a los republicanos en los Estados Unidos y a los conservadores en Gran Bretaña.
El sueño americano
En los Estados Unidos, ya en 1988 el filósofo Michael Sandel, desde la revista The New Republic, sostuvo que el comunitarismo era la única filosofía política que podía ayudar al Partido Demócrata a recuperar su perdido liderazgo intelectual en la democracia norteamericana. Los comunitaristas dieron el contenido a las dos campañas victoriosas de Clinton y son sus proveedores de ideas desde el Progressive Policy Institute. Un prestigioso comunitarista, William Galston, tiene el cargo de asesor del presidente para la política interior y otro, el sociólogo Amitai Etzioni, el padre del comunitarismo, es su asesor personal. En su discurso inaugural como presidente, dijo Clinton: "Necesitamos un nuevo espíritu de comunidad [...]. Si no lo adquirimos, el sueño americano continuará disolviéndose".
Inspirado por el comunitarismo, Tony Blair expurgó del Partido Laborista los viejos modos del socialismo estatista y resultó elegido con un impresionante apoyo popular, que todavía hoy está entre el 70 y el 80 por ciento. Cuando todavía era candidato, fijó muy bien su posición la corresponsal de La Nacion Graciela Iglesias: "La fuente de Blair no es Karl Marx sino [...], ante todo, el filósofo norteamericanoisraelí Amitai Etzioni, autor del concepto de comunitarismo". Poco después de asumir Blair, la revista Newsweek afirmaba: "Desde sus primeros días en la política ha escrito sobre la importancia de la comunidad, a veces con fervor religioso. Sus principales asesores dicen que uno de sus mayores activos es su empleo del pensamiento comunitario".
Al socialista Anthony Giddens se le atribuye ser asesor de Blair. Pero en una entrevista que le hicieron A. Medosh y W. Waesche en diciembre de 1997 negó "ser asesor o algo parecido", y agregó que además no se lo permitiría su cargo de director de la London School of Economics. También se distanció de él en una entrevista que le hizo William Underhill, publicada por La Nacion. En su reciente libro The Third Way. The Renewal of Social Democracy (Polity Press, 1998) toma aún mayor distancia: "La reciente apropiación de la tercera vía por Bill Clinton y Tony Blair ha encontrado una fría recepción por parte de la mayoría de los socialdemócratas del continente, así como de los críticos de la vieja izquierda de sus respectivos países", que los acusan de querer vender un neoliberalismo recalentado.
Para salir de una alternativa trágica
Curiosamente, es la misma acusación que, sin entenderlo, hacen a Blair un artículo de The Economist de diciembre de 1998 y los conservadores que lo atacan. Blair aclaró muy bien su posición en el folleto acerca de sus ideas políticas que le publicó aprobatoriamente la vieja Sociedad Fabiana de Inglaterra, que siempre fue antimarxista, se opuso al estatismo socialista y estuvo a favor de las comunidades de base y de la moralización de la sociedad civil.
Conociendo el uso partidista que suele hacerse de los conceptos políticos, no es de extrañar que cada una de las partes trate de apropiarse del caudal político de la otra difuminando las diferencias. Esto explica que Clinton y Blair hayan organizado un seminario con Romano Prodi cuando era primer ministro de Italia, y que coqueteen con la tercera vía: hay trece países europeos con gobiernos socialistas y no les conviene oponerse a ellos. A su vez, los renovadores de la socialdemocracia europea quieren envolver al comunitarismo en su tercera vía para así captar al electorado independiente.
Pero nosotros, si queremos salir de la alternativa trágica entre el individualismo liberal y el colectivismo socialista, que encadenó el pensamiento político de la cultura moderna hoy agonizante, necesitamos tener las ideas bien claras. Si queremos iniciar un verdadero cambio en la sociedad civil y en la organización auténticamente democrática de la política, es mejor orientarnos por el movimiento comunitarista que se está afirmando en el horizonte de nuestra cultura actual. (c) La Nación
José Enrique Miguens es abogado y sociólogo, autor de Política sin pueblo, Platón y la conspiración antidemocrática (Emecé).

