
Concertar o exhibir firmeza
Hasta en círculos gubernamentales se admite que el paro general convocado para hoy se hará sentir fuertemente.
La curiosa confluencia de los distintos sectores sindicales, a partir de demandas no necesariamente coincidentes; el guiño cómplice de algunos gobernadores que, sin avalar la medida de fuerza directamente, la convalidaron al anunciar que no descontarán el jornal a quienes no vayan a trabajar, y las cada vez más evidentes diferencias ideológicas que afloran en la coalición oficialista han colocado al Gobierno en situación incómoda.
El paro se produce en momentos en que recrudece el debate dentro de la Alianza. Las declaraciones de Fernando de Santibañes sobre la necesidad de otros ajustes alentaron la catarsis de no pocos legisladores oficialistas, que vieron la forma de cuestionar indirectamente la marcha del Gobierno con sus críticas al jefe de la SIDE y mano derecha de Fernando de la Rúa.
Santibañes encarna el sentimiento de una parte del establishment , especialmente los sectores financieros, que advierten con preocupación que el primer mandatario demora casi tres semanas en concretar el ajuste luego de su anuncio o que un día se decide el cierre de la imprenta del Congreso y al día siguiente el vicepresidente Alvarez resuelve dar marcha atrás con la medida. Desde ese frente se le reclama más convicción y menos vacilaciones al Gobierno, sobre todo a la hora de los ajustes.
En grupos de la Alianza se teme que esos sectores estén impulsando la dolarización de la economía y hasta el reemplazo de José Luis Machinea por alguien más ortodoxo como Ricardo López Murphy. Quien más en serio parece tomarse ese peligro es Raúl Alfonsín, que ayer convocó a un "diálogo sistemático" con todos los sectores políticos, económicos y sociales para acordar una salida a la difícil situación nacional y enfrentar al "neoliberalismo". Su convocatoria surgió luego de varios diálogos con Eduardo Duhalde, a quien sólo conoció personalmente dos meses atrás, durante un encuentro organizado por el justicialista Rodolfo Gil y el alfonsinista Mario Brodersohn.
Hay dos interpretaciones acerca de la actitud de Alfonsín: según la primera, la jugada del ex presidente ayudará a De la Rúa si el paro de hoy es importante. Como el jefe del Estado no puede convocar a una concertación sin que este llamado sea visto como una resignación ante el sindicalismo, Alfonsín lo hace un día antes como titular de la UCR, de modo que se descomprima algo la tensión con el gremialismo sin que De la Rúa pague el costo político. La segunda interpretación, recogida en fuentes alfonsinistas, en cambio, indica que nada de esto se hizo por acuerdo entre los dos líderes del radicalismo. Más allá de esas versiones, lo cierto es que para Alfonsín la política es concertar; De la Rúa, en cambio, necesita exhibir autoridad y firmeza.







