
Confiar en la Policía
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Esta columna editorial ha señalado más de una vez que la existencia de un fuerte lazo de confianza entre los agentes policiales y la población a la que sirven es uno de los elementos fundamentales de cualquier política de seguridad fructífera y eficiente. Cuando esa confianza falta o está debilitada, la lucha contra la delincuencia se torna dificultosa, pues se relativizan y debilitan los apoyos y puntos de referencia que suele aportar el vecindario, principal interesado en que la acción antidelito sea coronada por el éxito.
Al valor que reviste ese factor de recíproca colaboración entre las fuerzas del orden y la población civil se refirió en estos días, durante su cuarta visita a Buenos Aires, el experto policial norteamericano William Bratton, conocido como "el ideólogo de la tolerancia cero".A su juicio, es indispensable que la gente de cada zona de la ciudad vea y sienta que la policía está al tanto de sus preocupaciones y que está desplegando el máximo esfuerzo para resolvérselas.
El hecho de que los vecinos experimenten la tranquilidad de saber que las fuerzas de seguridad están trabajando intensamente para eliminar todo aquello que genera miedo e incertidumbre en sus barrios constituye un presupuesto de decisiva importancia para toda campaña sistemática y eficaz contra el crimen en sus múltiples manifestaciones. Bratton fue el ejecutor de la política de seguridad que consiguió reducir los índices delictivos en Nueva York durante la recordada gestión del alcalde Rudolph Giuliani. Ya en sus visitas anteriores a la Argentina había hecho conocer algunos de los aspectos de su fecunda experiencia.
El trabajo que desarrolló en las calles neoyorquinas partió de una estrategia para fortalecer y arraigar la actividad policial en los vecindarios y, sobre todo, para lograr que los agentes uniformados se mantuvieran en estrecho contacto con los habitantes de cada barrio y conocieran en detalle sus problemas y sus necesidades.
La tarea se orientó –según la explicación que en estos días brindó Bratton al periodismo– hacia métodos organizativos de descentralización, tendientes a asegurar la continuidad de un mismo contingente policial en las diferentes áreas urbanas o barriales. Por esa vía se logra que cada agente de seguridad se sienta responsable, fundamentalmente, por lo que sucede en el sector que le ha sido asignado y desarrolle vínculos estables con sus habitantes. Eso permite delinear un mapa del delito ajustado a la realidad, ya que los vecinos de un barrio están en las mejores condiciones para brindar información confiable y rápida sobre lo que ocurre en su área.Sobre esa información se diseñan tácticas y políticas preventivas y represivas que responden con la mayor precisión a los requerimientos del lugar.
Tras llamar la atención sobre el actual aumento del índice de robos por habitante en Buenos Aires, que según su información supera al de Nueva York, Bratton reiteró que el concepto de la "tolerancia cero" tiene que ver con la decisión de combatir no sólo contra la delincuencia de alta peligrosidad sino también contra las transgresiones a la ley pequeñas o menores. Se considera que esos delitos de poca monta contribuyen a crear un clima de relajamiento y de desprecio por las normas vigentes que será luego caldo de cultivo para los crímenes de mayor envergadura. Por eso su estrategia en Nueva York incluyó acciones severas para impedir que se tome alcohol en las calles, que se pinten impunemente las paredes, que se ejerza la mendicidad en forma agresiva, que se ofrezcan compulsivamente servicios de limpiavidrios o que haya oferta ostensible de sexo en la vía pública.
Las experiencias del hombre que enfrentó con éxito a la delincuencia en una de las concentraciones urbanas más grandes del mundo deben ser aprovechadas por quienes ejercen responsabilidades de conducción en la policía argentina y deben servir de base –con los ajustes y las adaptaciones que impone el traslado a una realidad acaso diferente– para la necesaria tarea de prevención y represión que el país está reclamando.




