
Contacto en Francia
El ex integrante de la ESMA estuvo a punto de ser protagonista de una conspiración internacional. A cambio de intervenir en un secuestro le habían ofrecido, desde una usina conspirativa francesa, mejorar su situación judicial en París. Este relato, que no puede dejar de leerse con suspicacia, ayuda a mostrar cómo se maneja, a veces, el submundo de la ilegalidad política.
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DICEN en el brumoso entorno del capitán (RE) Alfredo Astiz haber recibido a fines de 1995 y desde una usina conspirativa parisiense la oferta de mejorar la pesada situación judicial del marino en Francia. Para aliviar la condena a prisión perpetua en ausencia, había que cometer otro delito. La moneda de cambio tenía un rostro definido: Jean Michel Boucheron, ex alcalde de Angouleme. Había que secuestrarlo en la Argentina y entregarlo con vida en un tercer país.
La iniciativa -un remedo operacional del caso Eichmann- naufragó luego de furtivas conversaciones en distintos puntos del mapa y con interlocutores que, como es de suponer, escamotearon identidades.
El fracaso de las negociaciones tuvo un efecto inesperado: por motivos desconocidos, Boucheron, avezado en el ejercicio de la escapatoria, terminó poniéndose a disposición de los tribunales de su país.
Antes de que eso ocurriera, el círculo de Astiz había desechado participar del complot.
La historia de lo que no sucedió parece propia de alguna garganta fantasiosa. No puede dejar de leerse con suspicacia, máxime cuando relatos de este tenor sobrevuelan los pasillos de las comunidades de inteligencia. Estos suelen deleitar los paladares de la mano de obra desocupada.
Pero, se sabe, la realidad suele superar a los ejercicios de ficción, más en los submundos donde muchos acontecimientos se terminan construyendo con retazos de narrativas inverosímiles.
"No confirmo ni desmiento esa información. Ya no soy más el jefe de la Armada, así que no me corresponde pronunciarme", dijo con aire críptico el almirante (RE) Enrique Molina Pico.
"El señor embajador Paul Dijoud está dispuesto a hablar de cualquier tema excepto los casos Astiz y Boucheron", previno, por su parte, el agregado de prensa a la embajada francesa en Buenos Aires, Jean Rey, al ser consultado sobre la cuestión.
"En razón de mis tareas profesionales tuve conocimiento de que hace muchos meses hubo personas trabajando en un proyecto como ése", reconoció en tanto Juan Aberg Cobo, amigo personal y asesor de Astiz.
Boucheron había sido alcalde de una localidad de la provincia de Charente, a 100 kilómetros de Burdeos. Fue también legislador del Partido Socialista y secretario de Interior para las colectividades territoriales por un mes. Era un político en ascenso hasta que lo acusaron de haber realizado millonarias estafas y huyó de Francia. Al igual que Astiz, fue juzgado en contumacia. A diferencia del ex integrante de los grupos de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), le faltó la legislación providencial que evitara su encarcelamiento: la obediencia debida.
Boucheron llegó a Buenos Aires en 1992 con su novia, Agnés, y una cuñada, Nadine, todavía recordada en algunos ámbitos porteños por su belleza y alguna que otra excentricidad. Casi cuatro años después del arribo, su nombre sería prenda de una fallida transacción que comenzó a gestarse en la Ciudad Luz.
Octubre de 1995. París
Todo, dice uno de los protagonistas, comenzó por azar. El abogado, parte del selecto entorno de Astiz, aterrizó en el aeropuerto de Orly con la certeza de su virtual invisibilidad. Por dos días consecutivos revisó en el tribunal parisiense el cuerpo principal de la causa que se le siguió al marino por la desaparición de las monjas Alice Dumon y Leonie Duquet durante la última dictadura militar argentina.
Fue durante esa estada que el letrado recibió un llamado desconcertante.
-Quisiera reunirme con usted-, le dijeron con un inequívoco acento francés.
¿Cómo se habían enterado de su presencia?, dice que se preguntó. Creyó haber viajado en el más absoluto silencio. ¿Quién lo buscaba? Pese a las dudas, aceptó la cita. Las condiciones de la reunión fueron pactadas por las dos partes: de noche y al aire libre.
El encuentro tuvo lugar en uno de los jardines cercanos a la torre Eiffel. El abogado fue abordado por un hombre de unos 65 años, vestido con un piloto gris oscuro. Como en las películas. Sin mayor protocolo quiso saber hasta dónde era capaz de llegar para solucionar los problemas que lo desvelaban. Lo desconcertó el conocimiento de los detalles de su vida y la del capitán (RE).
-Puedo mejorarle la situación-, ofreció.
_¿A cambio de qué?
-Es prematuro hablar de eso. Sepa igualmente que tenemos afinidades ideológicas. Pasé la mitad de mi vida luchando contra la izquierda.
-Aún no logro entender...
-Para mí es fundamental saber cuál es la predisposición de Astiz frente a esta posibilidad-, lo atajó el francés.
-Voy a consultar este tema. Necesitaría saber dónde puedo llamarlo.
El abogado se llevó de regreso a Buenos Aires la promesa de discutir la oferta y una tarjeta personal con los datos que necesitaba.
-Puede ubicarme a cualquier hora- le dijeron antes de la despedida. De vuelta a la Argentina, el letrado relató el encuentro detalladamente. Astiz y su gente decidieron seguir avanzando para saber qué cartas estaban en juego.
Un gourmet acosado
Por entonces, los tiempos de vida apacible de Boucheron ya habían concluido en la capital argentina.
En 1993, y con el dinero que trajo en sus valijas, había adquirido una casa estilo Tudor de dos pisos en la calle Ciudad de La Paz 1410, barrio de Belgrano. Allí vivió y puso en marcha un restaurante de comida típica francesa. Lo bautizó Agnes, en homenaje a su novia. Tenía capacidad para 30 cubiertos, a un costo de 40 dólares por comensal. Boucheron fungía como cocinero. Las dos mujeres se encargaban de las mesas. En una de las paredes del restaurante colgaba una fotografía del anfitrión con Alain Delon. Entre sus clientes VIP se encontraba parte de una colectividad francesa que desconocía quién era verdaderamente el dueño.
"Agnes, Comida regional francesa", estuvo abierto hasta que la Justicia de Francia libró un pedido de captura internacional del chef. Boucheron fue condenado en junio de 1994 a cuatro años de prisión por malversación de fondos. "¿Cómo es posible que un intendente diputado, con su único salario, haya podido pagar una Ferrari, un Porsche, un Aston Martin, un crucero en las Antiguas con nueve invitados y varias partidas de caza en Zimbabwe", quiso saber el presidente del jurado al dar el veredicto.
Marzo de 1996. Buenos Aires.
Alguien, más allá de los tribunales ordinarios, ya estaba paralelamente detrás de la sombra de Boucheron.
Así lo sabría el amigo de Astiz en marzo de 1996.
Previamente, un hombre que se identificó como Patrick Gimel lo contactó telefónicamente desde su habitación del hotel Intercontinental de Buenos Aires.
El supuesto Gimel dijo ser director internacional de una empresa francesa ubicada en la Rue de Rocher, París. La razón de su llamado era acordar un nuevo encuentro entre los protagonistas de la reunión de octubre en París. Astiz pidió que esta vez se llevara a cabo en un país neutral: Uruguay.
Abril de 1996. Punta del Este
Gimel no abrió la boca ese día. Siguió atento y circunspecto el detalle de una plática en la cual cada protagonista medía sus palabras. La charla involucró nuevamente al emisario de Astiz y el misterioso francés del perramus con el que caminó sin ruta fija por los Campos Elíseos. Los tres se sentaron frente a frente en la galería de una mansión ubicada en el paraje Rincón del Indio.
-¿Sabía usted que hay gente trabajando en Francia para encontrarle una solución al tema Astiz?-inquirió el francés.
-A mí no me consta- respondió el abogado.
-Yo se lo confirmo.
-¿Y qué papel nos corresponde a nosotros?
-Eso se sabrá a su tiempo.
El ex alcalde de Niza, Jacques Medecin, involucrado en numerosos casos dolosos en su país, vive en Punta del Este en una de las casas más vistosas de ese paraje. Ante una consulta, negó enfáticamente haber sido el anfitrión de ese encuentro.
"Desconozco esa reunión. Estoy alejado del mundo, dedicado sólo a mi esposa y mis hijos. Sobre Boucheron sólo sé que es socialista y que su caso de defraudación alcanzó a muchos millones de dólares. ¿Astiz? Sí, me acuerdo de su problema judicial...".
Buenos Aires
Nadine Cojan esparcía su aura de mujer llamativa por el restaurante de la calle Ciudad de La Paz. Se había iniciado en las competencias automovilísticas en la Copa Damas, una categoría que tenía como estrella a la ex modelo Delfina Frers. "Nadine y Boucheron eran dos estafadores profesionales que alquilaban coches y después no los pagaban", señalaron fuentes de la organización de esos certámenes. "Cualquier hombre _agregaron_ era, más temprano que tarde, dominado por ella. Como corredora, sin embargo, era mediocre. En marzo de 1996, en Río Cuarto, intervino en su última carrera y volcó." Nadine le pedía a su cuñado más y más dinero del que podía darle. Justo cuando las reservas se habían dilapidado y los problemas empezaban a arreciar. Boucheron buscaba consuelo y un espacio de proyección diferente en el estudio de abogados Bussi _el hijo del gobernador tucumano_, Yabrán y D´Amico. En marzo de 1995, el gobierno argentino había dado curso a los pedidos de extradición de Francia. El 17 de agosto de ese año, el subcomisario Eduardo Musto lo detuvo por orden del juez federal Jorge Urso. Un mes más tarde, recuperaba su libertad después de cubrir una fianza de 50 mil dólares.
Los días en la Argentina ya no serían tan festivos.
Mayo de 1996. París
En el tercer encuentro entre el emisario de Astiz y el francés se develó el misterio. El abogado dice haber escuchado la propuesta en un restaurante parisiense. El interlocutor se comprometía a interceder en favor del marino. Este, le dijo, debía secuestrar a Boucheron. Le remarcaron que se trataba de un procedimiento irregular en el cual no deberían tomar parte los gobiernos de ambos países.
El francés dijo llamarse Jean Picquart, posiblemente otra máscara. Nunca invocó instancias paraoficiales ni pertenencia puntual. Apenas hizo gala de su antiguo currículum: teniente coronel (RE), ex comando que participó de la guerra en Argelia como parte de la temible Organización Ejército Secreto (OAS) y entrenador de militares argentinos en técnicas antiterroristas.
El abogado no quiso correr riesgos. Al retornar, decidió contar la oferta a un hombre con llegada al gobierno del presidente Carlos Menem. La respuesta, según las fuentes consultadas, fue una contundente negativa. "La Secretaría de Inteligencia no manejó esa información", dijo Joaquín Alonso, número tres de la SIDE. "En ningún momento fue consultado el gobierno", advirtió el secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan.
Julio de 1996. Punta del Este
Con el mismo telón de fondo de la reunión anterior en el Uruguay volvieron a encontrarse el emisario de Astiz y su interlocutor. Sin inmutarse, oyó la respuesta negativa del abogado. Le estrechó la mano y lo despidió hablando un perfecto castellano.
El rumor de la tentativa de secuestro llegó a oídos de Boucheron. "Yo lo escuché y le avisé que se preparaba algo", dijo otro protagonista de la represión ilegal de los setenta, el capitán (RE) del Ejército, Héctor Vergez, persona de escaso crédito en el trasegado mercado de las informaciones. "Boucheron tenía terror a vivir algo así."
Lo cierto es que cinco meses después de fracasadas las conversaciones en Punta del Este, el juez Jorge Urso decidió la extradición del ex alcalde. Y Boucheron, contra toda previsión, se abstuvo de apelar la medida.
El 24 de marzo de 1997 se entregó a la delegación de Interpol en Buenos Aires. Al otro día desembarcó en París. En la actualidad cumple una condena de dos años en la prisión de La Santé por los cargos que se le imputaban: malversación, complicidad, encubrimiento y otros hechos ilícitos. ¿Fue un juego de herméticas intrigas o el ardid de un fabulador el que juntó los nombres de Astiz y Boucheron cuando ambos eran prófugos de la justicia francesa?
"La Armada no tuvo conocimiento oficial ni extraoifcial de esa operación", señaló el responsable de la oficina de Prensa de la Marina, capitán Héctor Césari.
"Estoy rezando que no aparezca la nota", dijo, por último, Aberg Cobo sobre este mismo artículo.
Su tono no resultó del todo creíble.
Por Gustavo Mura y Adrián Pignatelli
(c) La Nacion
Procesos e impopularidad
EL capitán de fragata (RE) Alfredo Astiz fue condenado a cadena perpetua en Francia por el delito de privación ilegal de la libertad, seguida de torturas. Tiene un pedido de captura internacional que rige en todo el mundo, menos en la Argentina. Fue juzgado de acuerdo con el derecho positivo francés, que determina que "será juzgada toda aquella persona que cometiera un delito contra un ciudadano francés en cualquier lugar del mundo". El parlamento europeo acaba de ratificar el carácter imprescriptible de estos delitos.
En la Argentina hay todavía una causa abierta contra Astiz en la Cámara Federal, impulsada por Méndez Carreras en mayo de 1995 a partir de las declaraciones del ex capitán de corbeta "arrepentido" Adolfo Scilingo.
Cronología de las agresiones a Astiz:
Marzo de 1995:
En Bahía Blanca, un grupo de manifestantes que volvía de un acto de repudio al golpe militar del 24 de marzo de 1976 lo sorprendió tomando un café con otros marinos y lo insultó durante media hora. Astiz se mantuvo imperturbable.
Septiembre de 1995:
En Bariloche, donde transcurrían sus vacaciones, fue declarado "persona no grata" por el Concejo Deliberante. Fue golpeado por el guardaparques Alfredo Chávez, un ex prisionero del centro de detención El Vesubio, y el hecho cobró tal trascendencia que la fecha, 1º de septiembre, es conmemorada en esa ciudad con actos en el Centro Cívico. Astiz inició una querella contra Chávez por lesiones leves que aún se tramita en tribunales locales.
Octubre de 1995:
En el partido bonaerense de Vicente López, los jóvenes Ignacio y Esteban Alonso iniciaron una persecución automovilística tras reconocerlo en el auto contiguo, frente a un semáforo. Astiz respondió a los insultos, y los jóvenes lo golpearon, tras abollar su auto. Astiz llevó la causa a la justicia, pero los jóvenes fueron sobreseídos en enero de 1996.
Mayo de 1997:
En el barrio capitalino de Belgrano, Martín Alsogaray, nieto del ex jefe del Ejército Julio Alsogaray y sobrino del dirigente montonero Juan Carlos Alsogaray -muerto en el monte tucumano-, lo increpó duramente al reconocerlo en un restaurante, lo insultó y abandonó el lugar. Astiz no contestó.
Agosto de 1997:
-El 2, en Gualeguay, Entre Ríos, una joven lo insultó y escupió en la discoteca Xangó. Astiz la tomó por el brazo, pero la joven comenzó a gritar al resto de la concurrencia y a advertir de quién se trataba. Ante los insultos de la gente, el personal de seguridad le sugirió retirarse del lugar, invitación que Astiz obedeció en silencio.
-El 7, en pleno Palermo Chico, en la Capital Federal, un empleado de Argentina Televisora Color, Jorge Oscar Ocampo, lo golpéo, tras reconocerlo como -según adujo- el torturador de su esposa e hija durante la última dictadura militar.




