Contener al núcleo duro, el nuevo desafío de la oposición
Los armados para las PASO exhiben las divisiones internas en Juntos por el Cambio
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A pocas horas de la presentación de los candidatos para las PASO, Juntos por el Cambio, el principal frente opositor, comenzó a mostrar su propia grieta que algunos redujeron a un enfrentamiento entre “palomas” y “halcones”, mote ganado de acuerdo con la actitud que tuvieron frente al gobierno kirchnerista y, también, en cuanto a la defensa realizada del gobierno de Mauricio Macri una vez que dejaron el poder.
Prácticamente desde principios del año pasado, Horacio Rodríguez Larreta era el número puesto para ser el principal candidato a la presidencia en 2023. Con un firme acuerdo con la Coalición Cívica de Elisa Carrió y uno no tan firme con un sector de la UCR, siempre lideró las encuestas de imagen a nivel nacional respaldado en una mirada positiva edificada en la valoración de su gestión como alcalde porteño. Sin embargo, no por decisión propia, pero esa carrera presidencial largó tanto tiempo antes que se transformó en una maratón, con mucho desgaste, producto de lidiar con la marcha de la pandemia y los embates del gobierno nacional.
Fue allí donde aparecieron, de acuerdo con la mirada de sus seguidores, los halcones y las palomas. Los primeros representados por Patricia Bullrich, Fernando Iglesias, Waldo Wolff, entre otros, que se plantaron desde el primer día contra el gobierno de los Fernández, y no escatimaron críticas al gobierno, sobre todo al recorte de las libertades públicas y, además, le pusieron el cuerpo para defender cada embate contra la gestión de Macri. De a poco se fueron quedando con la representatividad del núcleo duro de Juntos por el Cambio, ese sector que comenzó a tomar fuerza durante la campaña presidencial de 2019, con las marchas y actos en donde claramente se percibía la movilización de sectores que no solían ganar la calle. El exministro Hernán Lombardi, uno de los colaboradores más cercanos a Macri, en su momento llamó a esa movida inusual para la política local “la rebelión de los mansos”. En esas movilizaciones, donde no faltaron los reclamos republicanos y la oposición al populismo, comenzó a germinar un reclamo de un sector de la sociedad dispuesta a no entregar esas banderas que, en el último año, estuvieron presentes en cada marcha opositora realizada en distintas fechas patrias. Pero además allí nació una especie de pacto que señalaba por un lado que “apoyaban el proyecto republicano para contener al populismo” y por otro una exigencia “para que los que pretendan representarlos estén a la altura del desafío”.
Nació una especie de pacto que señalaba por un lado que “apoyaban el proyecto republicano para contener al populismo” y por otro una exigencia “para que los que pretendan representarlos estén a la altura del desafío”.
Este núcleo duro dentro del espacio opositor no es mayoritario, según algunas encuestas, pero sí es el que tuvo mayor protagonismo mientras atravesamos la pandemia. Y termina siendo un dolor de cabeza para el armado político del principal candidato de la oposición.
“Horacio tiene que gestionar, no es un líbero; de todos modos, se plantó con el tema de la presencialidad en las escuelas y este año las mantuvo abiertas, fue a la Corte Suprema con ese reclamo y también por el recorte de fondos. No es verdad que no haya enfrentado con dureza al kirchnerismo; lo hizo. Pero su estilo no incluye sobreactuaciones, puede gustar o no, pero se plantó siempre frente a los embates del gobierno nacional contra los porteños”, dicen cerca suyo.

El desafío inesperado al que se enfrenta Rodríguez Larreta es contener ese foco opositor dentro de sus propias filas. En cuanto a nombres, no debería tener inconvenientes. La lista de candidatos de su sector incluye a Fernando Iglesias, un reconocido “halcón”, Paula Olivetto, una de las espadas de Elisa Carrió que lleva adelante desde hace años una lucha contra la corrupción y denunciando mafias, Martín Tetaz, que como economista y comunicador fue un conspicuo crítico del gobierno, o la historiadora Sabrina Ajmechet, que tuvo un rol destacado en la campaña “Abran las escuelas”. Podrán gustar o no, pero es cierto que no se les puede discutir su pertenencia al espacio opositor y su firme presencia en todo momento.
Lo que no termina de conformar al sector duro, es que la lista no sea encabezada por Patricia Bullrich sino por la exgobernadora María Eugenia Vidal, a quien ese sector le señala un comportamiento tibio o ausente en todo este tiempo. Esa queja colectiva, que se percibe diariamente en las redes, puede poner en duda un triunfo rotundo de la lista encabezada por Vidal. Aunque sigue siendo favorita, hace crecer las chances de las listas que encabezan Ricardo López Murphy, por un lado, y Adolfo Rubinstein o Beto Brandoni por el otro.
Esta semana, en su programa en LN+, Jonatan Viale preguntó a Jaime Durán Barba sobre el futuro político de Mauricio Macri; básicamente si lo veía alejado de la política. El consultor no dudó al responder: “La política es una enfermedad que solo se cura con la muerte”, dejando en claro que el expresidente no piensa apartarse de la vida pública y será parte necesaria en la construcción y el armado de una alternativa.

Con sus modos distintos, Macri no ejerce un liderazgo personalista y autoritario como estamos acostumbrados en la política local. El expresidente intenta que todo Juntos por el Cambio entienda que no hay 2023 sin 2021. Por eso, y para ordenar la interna dentro del PRO, es que cedió ante las presiones y pidió armar listas de unidad gestionando que sus candidatos más cercanos, como Patricia Bullrich y Jorge Macri, dieran un paso al costado. Eso le podría traer algún enojo del sector más duro, que pedía sostenerlos e incluso participar de una primaria. En Juntos por el Cambio le reconocen a Macri su forma horizontal de compartir el liderazgo. No es común que un expresidente participe de una reunión con otros miembros de la coalición de igual a igual. En el peronismo sería imposible ver a Cristina Kirchner debatiendo decisiones de modo colectivo como si los otros fuesen sus pares.
No es común que un expresidente participe de una reunión con otros miembros de la coalición de igual a igual. En el peronismo sería imposible ver a Cristina Kirchner debatiendo decisiones de modo colectivo como si los otros fuesen sus pares
La pregunta que queda flotando es si Macri podrá contener al espacio duro sin ser protagonista. Se trata de un sector que quiere que el expresidente tenga chances de jugar su “segundo tiempo”, pero que a la vez se siente desilusionado porque va viendo cómo quedan relegados sus alfiles, en medio del armado opositor en una elección demasiado importante. Para el consultor político Carlos Fara, “el 2021 no es una elección de medio término, sino la prueba de clasificación para 2023. Esto significa que ya empezó la futura elección presidencial”, basando su hipótesis en algo comprobable: no hay liderazgos consolidados como en otras elecciones previas a las presidenciales.

Por su parte, la Unión Cívica Radical encendió sus esperanzas detrás de la candidatura del neurocientífico Facundo Manes en la provincia de Buenos Aires, que enfrentará en las PASO a Diego Santilli, que acaba de instalarse en campaña viralizando una foto de su pelo, haciendo alusión a su apodo de “Colo”, con el lema “Es Juntos”. El vicejefe de gobierno porteño también llevará halcones en sus filas, como Graciela Ocaña y Hernán Lombardi. Y cuenta con el apoyo, gestionado por Macri, de Miguel Ángel Pichetto. A priori, ni Manes ni Santilli serían del agrado de los “duros”, aunque éste último podría capitalizar mejor su posición de opositor, frente a un Manes que no tiene un desgaste de pasado político o de gestión que lo condicione, pero que aún es un enigma para muchos, ya que poco se pronunció respecto a temas puntuales que son de interés y demanda para los bonaerenses.
¿Cuánto de aquel 41% obtenido en 2019 representa el núcleo duro? ¿Será relevante su decisión?¿Acompañarán la decisión de sus referentes de acordar una tregua pensando en 2023?
Todas preguntas que quedan flotando, pero que los candidatos de Juntos por el Cambio deben hacerse porque la prédica populista, con visos autoritarios del gobierno de Alberto Fernández, no hizo más que endurecer ese espacio de la opinión pública, que no solo exige cambios al gobierno, sino también, posiciones más firmes a los dirigentes opositores.
Están enojados y se hacen sentir. Son conscientes de que su mayor fortaleza consiste en saber que solos no podrían ganar una elección, pero sin ellos, ningún opositor podría siquiera ser competitivo.





