
Contra el kirchnerismo era todo más fácil
Hay un desafío que el Gobierno tiene por delante y es independiente de lo que pase con la economía, el contexto global o la política partidaria: deberá demostrar que, debilitada la oposición a un nivel de virtual inexistencia, sigue siendo capaz de avanzar de manera coordinada y sin boicotearse a sí mismo
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Hay un desafío que el Gobierno tiene por delante y es independiente de lo que pase con la economía, el contexto global o la política partidaria: deberá demostrar que, debilitada la oposición a un nivel de virtual inexistencia, sigue siendo capaz de avanzar de manera coordinada y sin boicotearse a sí mismo. Con el kirchnerismo enfrente, como hasta octubre, parecía más fácil porque solo bastaba con exponer ese pasado al que la mayoría no quiere volver. Pero construir mirando al futuro en un país estancado que tiene todavía los mismos puestos de trabajo privado formal que en 2012 y la competitividad de 2006 es otra cosa, no exenta de obstáculos.
Hasta ahora, más allá de lo conseguido, la reactivación no se ha dado en la magnitud en que esperaba Milei. En algunas áreas del Gobierno se percibe algo de desconcierto. El equipo económico supone que todo, incluidas la inflación y las ventas, empezará a mejorar a partir de abril. No porque hayan decidido cambiar la política económica. A lo sumo aflojarán la presión sobre las paritarias y renovarán menos licitaciones de deuda con el propósito de liberar pesos que puedan darle impulso a la actividad, pero no prevén modificaciones sustanciales.
Esta larga espera hacia la normalidad siempre es riesgosa en tiempos como los actuales, con sociedades de paciencia corta. De ahí la necesidad que tienen los libertarios de abarrotar de temas la conversación pública, una estrategia comunicacional exitosa que el caso de los vuelos de Manuel Adorni logró interrumpir y, para peor, justo en momentos en que se esperaban buenas noticias de la Argentina Week en Nueva York.
Como el Gobierno atraviesa hasta ahora el proceso casi sin oponentes, su principal obligación consiste en evitar cometer errores no forzados. Lo saben Karina Milei y su entorno, desde donde surgen, principalmente desde la elección de octubre, las decisiones más gravitantes. Esta nueva etapa incluye una reconfiguración de funcionarios y lealtades que habrá que constatar en la mecánica diaria del poder. En el área de Justicia, por ejemplo, donde empezarán a llegar los más de 200 pliegos para nombramientos de jueces y fiscales que el flamante ministro Juan Bautista Mahiques enviará para que los firme Javier Milei. Hay cuestiones formales que deben apuntalar el proceso. Antes de llegarle al Presidente, los pliegos serán revisados por la secretaria de Legal y Técnica, María Ibarzábal, una funcionaria leal a Santiago Caputo que seguramente se encontrará con nombres completamente distintos de los que le venía escuchando a su jefe político hasta la designación de Mahiques, cuando en ese ministerio gravitaba Sebastián Amerio, otro incondicional del joven asesor. Horas antes de que Milei se decidiera por Mahiques, Caputo estaba convencido de que ese nombramiento y el reemplazo de Amerio eran imposibles.
Para que esos pliegos sean aprobados, la Secretaría de Legal y Técnica no deberá presentar objeciones. ¿O alguien intentará forzar ahí nuevos cambios para que todo fluya mejor? Seguramente sí, pero sin garantía de éxito: depende en realidad de los Milei. Hay otras áreas en las que también se podrían detectar tensiones. La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), por ejemplo, conducida por otro funcionario de buena relación con Caputo, Andrés Vázquez. Un organismo desde el que se originan y resuelven cuestiones sensibles. La más actual: la denuncia contra la AFA por presunta apropiación indebida de aportes. También ahí hay rumores de cambios y no es la primera vez. Pasó en septiembre, un mes antes de las elecciones de octubre, y eso llevó entonces a Vázquez a resguardarse a sí mismo y a su equipo: se afilió al sindicato, la Upsafip, y ubicó sin demora en el escalafón salarial más alto a sus siete colaboradores más cercanos, pese a que los ingresos de todos los empleados estaban congelados. Ese lote de promovidos incluyó a su mujer, María Eugenia Fanelli.
Dicen que esta vez Vázquez está menos preocupado. La versión resulta verosímil. Él ya viene diciendo que tiene previsto encolumnarse detrás de la conducción de Karina Milei. “Cambio de escudería”, sonríen en ARCA. Una bomba para el entramado de poder libertario. ¿Deberá negociar? ¿Soltar funcionarios propios? Se sabrá con los días. En el organismo anticipan que Lule Menem ya propuso un reemplazante para José Andrés Velis, jefe de la Aduana, designado por Vázquez.
Es la interna que se dirimió en octubre. Caputo puede haber saludado sin ganas a la hermana del Presidente en la jura de Mahiques, pero aceptó hasta ahora las nuevas condiciones. Y se sumó esta semana a la defensa de Adorni, uno de los funcionarios de Karina. No porque se lo haya pedido ella personalmente, como ocurrió con otros libertarios, sino porque cree que cualquier eventual reemplazo sería peor: incluiría un nombre propuesto por los Menem. “No es gratis ser el gobierno que efectivamente está terminando con cien años de un modelo empobrecedor que destruyó nuestro país para beneficio de los políticos, los empresaurios y sus amigos de los medios. Todo mi apoyo para @madorni”, publicó en Twitter.
No podrá, sin embargo, evitar reproches por la revelación del caso. No haber estado, por lo pronto, al menos al tanto de la filtración del video en que se ve al jefe de Gabinete subiendo en San Fernando al avión que lo llevaría a Punta del Este. Una factura que se acumula con otras que le vienen pasando internamente y por el mismo motivo: no haberlo sabido. Los audios de la Andis, el vuelo del avión de Leandro Scatturice con valijas en tránsito, la repatriación del gendarme Nahuel Gallo a cargo de la AFA.
El Gobierno necesita dejar atrás el escándalo. “Pasó lo de Lago Escondido, mirá si no va a pasar esto”, confió un libertario. Más que el paso del tiempo, lo más rendidor en estos casos suelen ser las buenas noticias. Pero ya no alcanza con la promesa de que se va hacia un modelo competitivo y no prebendario. La pelea con Rocca y Madanes Quintanilla, sobre la que Milei insistió esta semana en Nueva York y volvió a desencadenar la reacción de la Unión Industrial Argentina (UIA), empieza a perder efecto retórico. Y tampoco cae bien en sectores que podrían sentirse ideológicamente en las antípodas de la UIA, pero que temen ser víctimas del enojo presidencial en un futuro. Los banqueros, por ejemplo.
Luis Caputo, ministro de Economía, toma esas embestidas como parte de lo que llama “batalla cultural”, pero es probable que tampoco le causen gracia. Y menos en seminarios organizados para captar inversiones en Wall Street. Esta semana, consultado al respecto por el corresponsal de LA NACION, el ministro contestó que no estaba enterado del asunto. “No vi nada de las noticias. No tuve tiempo”.
Los contrapuntos elegidos por Milei pueden tener hasta algún fundamento válido –una parte importante del establishment económico se mueve desde hace años con la lógica de una Argentina corporativa–, pero también impacto acotado y decreciente entre sus votantes. Si, por ejemplo, un banco o grupo económico compra dólares durante una campaña electoral porque teme una corrida o porque, en realidad, lo que pretendía era provocarla, el daño es exactamente el mismo y no se mitiga buscando culpables. Mandan los resultados.




