
Contra el racismo
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LAS Naciones Unidas han convocado a una conferencia mundial contra el racismo, que tendrá lugar en Durban, Sudáfrica, entre el 31 de agosto y el 7 de septiembre próximos. Los objetivos por lograr en este encuentro están así definidos: elevar el nivel de concientización acerca del racismo y la discriminación racial, evaluar los avances alcanzados desde la última conferencia y enunciar más propuestas adecuadas para combatir este mal social, en los niveles nacionales, regionales e internacionales.
Con miras a la reunión mundial ya se han venido realizando encuentros preparatorios, y la Secretaría General ha solicitado de los gobiernos y asociaciones que participen los estudios e investigaciones efectuados, así como la presentación de recomendaciones por debatir. La conferencia tiene como antecedentes valiosos pasos en la materia dados en reuniones como la que trató la prevención y el castigo al genocidio (1948), la que consideró la Convención Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial (1965) y el Año Internacional de la Lucha contra el Racismo y la Discriminación Racial (1971).
Es conveniente precisar, para un mejor entendimiento del tema, el significado de algunos términos que, si bien en el plano de los hechos poseen estrecha vinculación, no aluden a los mismos contenidos conceptuales. El racismo supone una clasificación arbitraria de la sociedad en razas jerárquicamente superiores y otras inferiores. Se afirma -además- que el progreso social depende del dominio de las primeras. Por lo tanto, se trata de dictar medidas discriminatorias en perjuicio de las supuestas razas inferiores, ya sea en materia política, económica o laboral.
La xenofobia, por su parte, alude principalmente a las manifestaciones de hostilidad al extranjero.
La teoría racista fue exaltada en este siglo por Alfred Rosenberg en su forma extrema y promovida por el nazismo de la manera más cruel, a través de la persecución antisemita, sobre todo, pero que también se extendió a los gitanos y a los eslavos. La caída final del régimen impuesto por Adolfo Hitler, la difusión general del sadismo del que hizo gala en la destrucción de millones de vidas y la sanción universal que merecieron estos crímenes alimentaron la esperanza de una declinación notoria de las doctrinas racistas.
Sin embargo, no fue así. Por distintos caminos reapareció la perversa teoría de la década del 60, en la prédica de Enoch Powell, en Gran Bretaña. Luego, en los años 80, se agudizaron los problemas del desempleo y se multiplicaron los actos xenófobos contra los inmigrantes en varios países de los más avanzados: Alemania -con los skinheads-, Francia y otras naciones.
Desde luego, eso no implica que el racismo vuelva a adquirir el protagonismo que alcanzó durante la vigencia del nazismo. Por lo contrario, los grandes progresos del último medio siglo han sido -entre otros- los avances de las minorías negras en Estados Unidos y la anulación de la política del apartheid en Sudáfrica, después de una prolongada lucha que culminó con el ascenso al poder de Nelson Mandela, en 1994.
El supuesto fundamento biológico de la noción de razas humanas predominantes ha sido totalmente refutado por la ciencia. En tanto que las diferencias que se exaltaban antes se apoyaban en aspectos externos de color, talla y forma, la profundización de los conceptos que introdujo la genética permitió alcanzar la intimidad de los cromosomas, cuyo conocimiento llevó a los investigadores a descartar todo sustento real a la noción de raza.
Es evidente que en la perduración de los movimientos racistas subsisten antiguos miedos que siembran prejuicios, como ocurre con el temor a la desocupación y la competencia de los inmigrantes. En otros tiempos, fueron la intolerancia religiosa y la rivalidad económica o sexual. De ahí que cuanto la sociedad global realice para extirpar el racismo y sus secuelas debe ser bienvenido, difundido y apoyado. La prevención no tiene que ceder en su esfuerzo. Cuando bajan las defensas, vuelve a levantar cabeza este trágico mal social, fuente de agresiones, violencias y guerras.



