Coronavirus. Matilde Rusticucci. "Hay que entender que es posible vivir en un mundo menos contaminado"

La climatóloga dice que la epidemia, al mostrar los efectos de la disminución de la actividad humana en el medio ambiente, es una oportunidad para impulsar modos de vida más amigables con el planeta
Adriana Balaguer
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30 de mayo de 2020  

Matilde Rusticucci
Matilde Rusticucci Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Toda su vida ha estado pendiente del clima. Ahora, en cuarentena, mira la atmósfera desde su ventana y el mundo a través de las redes. La han emocionado los cielos más azules y la vida silvestre que por estos días parece ganar protagonismo en distintos lugares del planeta. "No quedan dudas de que compartimos el mundo con los animales y que los que contaminamos somos los humanos -dice la climatóloga Matilde Rusticucci-. Hoy se ve el mundo más natural, como debería ser para que todos tengamos una mejor salud" . De todos modos, no se hace grandes ilusiones ni supone que la crisis climática vaya a resolverse de un día para otro. Rusticucci es científica, no cree en magia.

Doctora en Ciencias de la Atmósfera, licenciada en Ciencias Meteorológicas, investigadora principal del Conicet y profesora de la Universidad de Buenos Aires (UBA), tiene una mirada global sobre el momento de excepción que nos toca vivir. En parte por estar en contacto con colegas de todo el mundo: ha sido autora principal del Panel Intergubernamental sobre cambio climático (IPCC) en los informes elaborados en 2004 y 2014. Creado en 1988, este prestigioso organismo internacional obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 2007.

"Ya arreglamos la Tierra una vez, hagámoslo de nuevo": así se llamó la charla TED que Rusticucci, que pasa con soltura del registro académico al lenguaje de la divulgación, brindó a mediados del año pasado. Allí planteaba que, así como la humanidad encontró el modo de reducir el agujero de ozono , hoy podría avanzar de manera concreta hacia una reducción del calentamiento global . "Hay que entender que necesitamos industrias más limpias, que en vez de los micros que usamos debemos tener mejores trenes, mejores subtes, usar más las bicicletas en las ciudades. Hay muchas medidas que se podrían tomar", insiste, al tanto de que las soluciones existen y están disponibles.

¿El Covid-19 puso en pausa el cambio climático?

La contaminación atmosférica sin duda disminuyó porque no se emiten tantas partículas al aire, producto de la disminución del transporte y de la actividad en general. Al no estar trabajando, las industrias no contaminan el aire. Esto es lo primero que sucedió, y es lo que nos llevó a ver los cielos mucho más celestes, las aguas más trasparentes y los animales ocupando espacios que parecían solo del hombre. No quedan dudas de que compartimos el mundo con los animales y que los que contaminamos somos los humanos. Hoy se ve el mundo más natural, como debería ser para que todos tengamos una mejor salud.

Se ha ido incluso cierto olor desagradable del aire.

No solo se ha ido el olor que aporta el dióxido de carbono, sino también el que da el ozono topoférico. No están en las mismas proporciones que antes. Fue una detención importantísima a nivel mundial y efectivamente se notó mucho cómo aflojó la contaminación. Si bien ciudades como Beijing, Santiago de Chile o México no pararon de la misma forma, arrojaron imágenes de mayor limpieza ambiental. Lo de Venecia con el agua transparente, las imágenes de los lobos marinos en las costas argentinas subiéndose a la calle porque no había ni autos ni gente que los molestara? Hasta escuchamos ruidos que antes no escuchábamos, hay un silencio nuevo.

¿Las personas expuestas a altos niveles de contaminación ambiental tienen más posibilidades de infectarse con un virus como el Covid-19?

No he visto que se haya estudiado eso todavía. Pero seguramente los virus prenden más en cuerpos que no tienen defensas. Y sí se sabe que la contaminación afecta a la salud y deprime el sistema inmune. Claramente, si pudiésemos identificar esa relación de que todos vamos a estar más sanos si tenemos un buen sistema inmune, si estamos mejor alimentados, con un aire más transparente, menos contaminado, seguramente estaríamos preparándonos mejor para cualquier pandemia.

¿Puede el clima incidir en la difusión del virus?

No hay nada que pruebe que el clima sea determinante para la difusión del virus. Aparentemente no hay una relación directa. Lo que existe es una relación obvia y estacional, sabemos que en el invierno todos nos contagiamos de gripe? Tiene que ver con la circulación de los virus, con los ambientes cerrados. La Organización Meteorológica Mundial y la Organización Mundial de la Salud tienen una oficina conjunta y hasta ahora no han determinado que el clima sea un factor clave para la difusión y adquisición del virus.

¿Hay una nueva contaminación producida por desechos médicos, como los barbijos u otros productos que hoy abundan?

Entiendo que para los desechos médicos existe un protocolo desde siempre. Ahora debería ser más estricto aún. Lamentablemente nuestros médicos se han enfermado demasiado, y quizás sea porque no lo siguen. El tratamiento de los residuos fue una de las primeras cuestiones que trató el Ministerio de Salud, ni bien comenzó la pandemia . Hay gente experimentada atenta a esto, incluso también en lo que respecta al tratamiento de residuos patogénicos.

¿La cuarentena también afecta la elaboración de los pronósticos meteorológicos?

Complica el registro. Los pronósticos se alimentan del estado de la atmósfera en cada momento. Cómo está a nivel global, medida en superficie, en estaciones. Si bien un gran input de datos lo dan los satélites, que están funcionando bien, nos faltan los aviones que en trayectoria nos van mandando datos de temperatura, presión, humedad, viento. Esa información, que es el 80% de la que usamos habitualmente, no está. Además, hay países en América latina -no la Argentina, que consideró que el Servicio Metereológico Nacional es una de las actividades esenciales- que directamente no van a recoger los datos a las estaciones manuales. Por todo esto, hay menos precisión en el largo plazo. Como mucho, se puede registrar qué pasará en cinco o seis días.

¿Cómo imagina que será el medio ambiente el día después de la pandemia?

Si no hacemos nada para valorar este momento, todo seguirá igual y continuará la marcha hacia la crisis climática. Tenemos que entender que podemos vivir mejor si el aire está menos contaminado. Esto con respecto a la contaminación, que es el día a día, pero en relación con el cambio climático es aún peor, porque es en otra escala. Hay que entender que necesitamos industrias más limpias, que en vez de los micros que usamos hoy debemos tener mejores trenes, mejores subtes, usar más las bicicletas en las ciudades. Hay muchas medidas que se podrían tomar.

¿Mejoró la conciencia ambiental?

Hasta ahora quienes están regresando de la pandemia demuestran que no han cambiado mucho. Las industrias chinas, por ejemplo, que son el principal emisor, ya están nuevamente en actividad como si nada hubiera sucedido. La baja de gases que provocó la cuarentena puede que haya disminuido el efecto invernadero, pero estamos hablando de entre un 1% y 2% que, si no se hace nada, rápidamente quedará en el pasado. Para ingresar en una nueva normalidad, hay que promover la industria limpia y reemplazar las energías que estamos utilizando por energías renovables.

¿El efecto rebote, tan deseado desde el punto de vista económico por los sectores productivos del mundo, podría modificar los registros positivos que vimos en el ambiente durante la cuarentena?

Sí, lamentablemente esto puede pasar. Lo que también puede suceder es que no todos salgan a producir a la vez. Pero Estados Unidos, que casi no paró, y China, que está produciendo otra vez, harán que los gases que provocan el efecto invernadero se recuperen rápidamente.

Los gobiernos están saliendo al rescate de las empresas en crisis. ¿Le parece razonable otorgarles subsidios a cambio, por ejemplo, de un mayor enfoque ambiental?

Empezar por algunas de las herramientas que están disponibles sería ideal, pero en el apuro no sé quién lo podría estar haciendo. Es el momento para decirles "¿vieron que se puede?". Pero no al costo de detener toda la industria, sino cambiando la manera de producir, cambiando la forma de vida. A lo mejor nosotros como consumidores quizás aprendemos algo y se reduce un poquito el consumo. Va a haber una merma por razones lógicas, menos dinero para consumir. Pero se podría aprovechar para promover cambios en la producción industrial y en los medios de transporte, que son los sectores que están marcados: ya se sabe el efecto que pueden provocar en el medio ambiente.

Por ahora solo se ven a algunas capitales del mundo estimulando el uso mayor de las bicicletas, una medida que hoy por hoy tiene sabor a poco.

Cambiar los autos por bicicletas es importantísimo. Aunque es cierto que hay que hacer varias cosas a la vez para que realmente se sienta. Podríamos promover que el transporte sea eléctrico. Nuestros colectivos aún funcionan a gasoil, que es un gran contaminador. Son cambios que deberían hacerse al menos a nivel distrital. Y después, la vieja historia de los trenes: en cualquier parte del mundo pueden hacer grandes distancias en poco tiempo, y te evitan el uso de autos y colectivos que contaminan. Ya se sabe que es lo que hay que hacer. Lo que pasa es que la industria automotriz y la del petróleo lo frenan. Ahora no sé cómo vamos a salir de la crisis en la que está el petróleo, con un precio negativo que es histórico. Tal vez se entienda que es una oportunidad para el cambio. Ahora bien, si vamos por la energía eléctrica, hay que tener en cuenta que su producción tiene que ser limpia y no a través del petróleo. La energía eólica, la solar, la bioenergía, hay un montón de opciones probadas, cuantificadas. Ninguna de ellas reemplaza al petróleo por sí sola -no podés poner paneles solares en todas partes y reemplazar el petróleo-, pero se pueden complementar.

En ese caso, también habría que generar nuevos códigos para la construcción de viviendas.

Claro, si a un edificio le ponés energía solar, todos los espacios que lo integran pueden ahorrar un montón de energía para calefaccionar, refrigerar, iluminar. Hay países donde cada edificio con energía solar hasta puede exportar la energía que le sobra al sistema eléctrico. La tecnología solar avanzó a pasos agigantados. Se la podría promover, al menos, instalándola en los edificios públicos.

¿Algunos cambios ligados a lo laboral, como el home office , que en este momento se está extendiendo, podrían terminar contribuyendo a mejorar el medio ambiente?

Sería buenísimo que pudiéramos aprender de todo esto que estamos viviendo. Se pueden replantear el trabajo y la educación, yendo menos a las oficinas y las escuelas. Hace rato que en la educación francesa, por ejemplo, hay un día a la semana en el que no hay clases o se dictan menos horas. No es algo que se puede hacer de un día para el otro, hay que adecuar todo el sistema, pero se puede ir ensayando. Desde ya que la sociabilización es fundamental. Pero este homeschooling se practica desde hace muchos años, con casos muy exitosos. Creo que podemos aprender mucho de esta pandemia.

¿La implementación de estos cambios podría acelerarse producto de la magnitud de lo vivido?

Mi experiencia de dar clases por Internet -doy una materia de Estadística que siempre fue presencial- es muy buena. Los alumnos están muy conectados, porque justamente como están todo el día en su casa le dedican más tiempo al estudio. Hay quienes invierten cuatro horas de su día para movilizarse a la facultad, y ahora pueden aprovecharlas para estudiar. La gran mayoría tiene Internet y acceso a las computadoras. Para los que no, la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA está viendo cómo facilitarles los medios para que puedan tener computadora y trabajar en casa. Se extraña el cara a cara, pero los alumnos están bastante conectados. Hay que mejorar la conectividad, no es buena en todos lados. Son ajustes. Habrá que trabajar en eso.

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