Cuando en el recinto hubo disparos de muerte
Por Jorge Camarasa De la Redacción de La Nación
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En el invierno de 1935 hubo ruido de disparos en el Senado de la Nación. Un senador fue asesinado a balazos, un ex diputado y un ministro resultaron heridos de bala, y una investigación sobre el comercio de carne, que ponía en jaque al poder, quedó en la nada.
La investigación había sido iniciada por el senador santafecino Lisandro de la Torre, un antiguo radical devenido demócrata progresista, y se proponía averiguar las actividades de los grandes frigoríficos.
Desde 1933, con la firma del pacto Roca-Runciman, la industria de la carne había quedado en manos de ingleses y norteamericanos. Los grandes frigoríficos clasificaban a voluntad los tipos de cortes, mataban los animales, congelaban la carne para la exportación y comercializaban los sobrantes en el mercado interno, al tiempo que pagaban a trabajadores, transportistas y al Fisco lo que ellos mismos determinaban.
En septiembre de 1934, De la Torre había pedido la formación de una comisión investigadora para determinar las ganancias de esos frigoríficos, y durante las primeras averiguaciones se habían descubierto embarques de carne clandestinos a bordo del buque Norman Atar, ocultamiento de documentos contables de la firma Anglo, y vinculaciones con el negocio de funcionarios de los gobiernos del general Uriburu y de Agustín P. Justo, que en ese momento ejercía la la presidencia del país.
Los adversarios que el senador tenía por delante eran fuertes: Federico Pinedo, ministro de Hacienda; Luis Duhau, ministro de Agricultura, y el presidente del Banco Central, Raúl Prebisch.
Entre el 18 de junio y el 23 de julio de 1935, la interpelación había ido subiendo de tono y la madeja del negociado comenzaba a desenredarse. Ante una ciudadanía azorada, quedaba al descubierto un monopolio extranjero que actuaba con protección oficial, amparado legalmente por leyes especiales que se habían hecho a medida.
De la Torre tenía pocos aliados en el Senado, y quien debía haberlo sido, aún no podía participar de las sesiones. Enzo Bordabehere, de 46 años, un uruguayo de Montevideo nacionalizado argentino, era senador electo por Santa Fe desde 1934, pero al momento del debate aún pugnaba para que le reconocieran el título, y debía conformarse con asistir al recinto como observador. Eran años de una política discrecional y fraudulenta, que el historiador José Luis Torres bautizaría para siempre como "década infame".
El fin de la discusión
El martes 23 de julio de 1935, los ánimos estaban caldeados en la Cámara alta. Desde la semana anterior el debate se había ido personalizando, y De la Torre polemizaba directamente con los ministros Pinedo y Duhau. El santafecino tenía condiciones de orador y alternaba la ironía con la precisión y el análisis.
Según una crónica de La Nación del día siguiente a los hechos, "el curso del debate fue cambiando de tono y clima (É), al punto que ya en las últimas reuniones los oradores llegaron a personalizaciones desusadas en el recinto, que hicieron presumir incidencias violentas", pero nada hacía pensar que un senador pudiera ser asesinado en pleno recinto.
Minutos antes de las cuatro de la tarde, De la Torre estaba en uso de la palabra cuando fue interrumpido por el ministro Pinedo, quien respondió a sus imputaciones llamándolo mentiroso y calificando de "mulatos" a quienes aplaudían a su interrogador.
-¡Ya le he dicho que es un insolente y un cobarde! -respondió el senador, al tiempo que se levantaba de su banca y avanzaba hacia la mesa-riñón donde estaba Pinedo (testigos consultados por La Nación dirían después que De la Torre "se expresó en forma injuriosa acerca de la vida privada del ministro").
Luis Duhau, que compartía la mesa con su colega de Hacienda, se interpuso en su camino, y de un empujón lo tiró al suelo. Mientras los anteojos de De la Torre rodaban hasta la primera fila de bancas, los gritos y las campanas del recinto acentuaron el caos.
Enzo Bordabehere, que estaba en una de las escalinatas de la sala, a metros del lugar del incidente, corría para ayudar a su amigo cuando recibió los disparos. Fueron tres tiros, dos en la espalda y uno en el costado, que acabarían con su vida unos minutos más tarde en el hospital Ramos Mejía. Durante el tiroteo, también fueron heridos Duhau y el ex diputado Mancini, que presenciaba la sesión.
El hombre que había disparado, un ex policía llamado Ramón Valdez Cora, fue detenido tras su crimen y llevado a la comisaría del Congreso. El 28 de septiembre de 1938, tres años y dos meses después del homicidio, fue condenado a 20 años de prisión.
En realidad, cumplió 18: en 1953 fue liberado por buena conducta, y murió nueve años más tarde sin haber despegado los labios para comentar lo sucedido. En los días previos al asesinato había sido visto conversando con el ministro Duhau, en la puerta de la casa de éste, y con el senador Antonio Santamarina.
El escándalo de las carnes fue el primero de una serie de negociados que conmoverían a la sociedad, y Enzo Bordabehere no sería el único político muerto durante aquella "década infame".
Mientras el conservador platense Uberto Vignart se jactaba desde el Congreso diciendo: "¡Soy el diputado más fraudulento del país!", los concejales de Buenos Aires cobraban dinero para prorrogar la concesión a la Compañía Hispanoamericana de Electricidad (Chade), y una operación inmobiliaria en la que participaban diputados conservadores y radicales duplicaba el precio de los terrenos de El Palomar que el Ejército compraría para ampliar el Colegio Militar.
Víctor Juan Guillot, uno de los diputados que había recibo soborno por la operación, tuvo un último gesto de vergüenza: cuando fue descubierto, se suicidó.


