
Cuando llamar “juego” a las apuestas deja de ser inocente
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Cada 17 de febrero se conmemora el Día Internacional del Juego Responsable. Más que una efeméride, es una oportunidad para detenernos y revisar una confusión que se volvió habitual en el debate público: la de llamar “juego” a lo que, en realidad, son apuestas.
Puede parecer un detalle menor, una discusión semántica. No lo es. El lenguaje no solo describe la realidad, la moldea. Y cuando se usan las palabras equivocadas, se difuminan los riesgos y, a veces, se banalizan los problemas.
Los chicos juegan. Y eso está bien. Es necesario.
El juego, en su sentido más amplio, es parte del crecimiento. Jugar es aprender, compartir, perder y volver a intentar. Es una actividad formativa, social e imprescindible para el desarrollo.
Las apuestas, en cambio, son otra cosa. Introducen otra lógica: una lógica mercantil, con expectativa de ganancia, riesgo de pérdida y repetición. Especialmente en el entorno digital, donde la disponibilidad permanente y la inmediatez pueden potenciar conductas compulsivas, esa diferencia no es menor. Es estructural.
Sin embargo, en los últimos años se fue instalando una narrativa que diluye esa frontera. Publicidades, plataformas e incluso discursos cotidianos utilizan la palabra “juego” para referirse a apuestas. No se trata de un error ingenuo. Es una forma de suavizar el mensaje, de normalizar una práctica que, sin regulación ni controles, puede generar daños profundos.
Los datos acompañan esta preocupación. La ludopatía infantil y adolescente dejó de ser un tema marginal para convertirse en una problemática extendida. Es una adicción reconocida, con consecuencias reales en la salud mental, el rendimiento escolar y la vida familiar de los chicos. Nombrarla con claridad no estigmatiza: permite abordarla.
Bajo la firme decisión del Jefe de Gobierno, Jorge Macri, ese abordaje es hoy una realidad en la Ciudad de Buenos Aires. La protección de los menores frente a las apuestas se volvió una política pública que se encuentra a la vanguardia de lo que se está haciendo a nivel mundial.
Ahora bien, hablar de juego responsable también implica decir algo más: para los adultos, apostar de manera legal, informada y medida es clave para evitar conductas patológicas. El problema no es sólo cuánto se apuesta, sino dónde, cómo y bajo qué condiciones. Cuando existen reglas claras, controles efectivos y herramientas de autocuidado —como pausas, autoexclusión y verificación de identidad—, el riesgo disminuye de manera significativa.
Desde Loteria de la Ciudad establecemos normas, controles y límites en los sitios legales de apuestas para cuidar. Pero eso no se hace en soledad. El trabajo es conjunto: con los operadores habilitados, con el sector, con otras áreas del Estado y también con nuestros pares de las loterías provinciales. A través de la Asociación de Loterías, Quinielas y Casinos Estatales de Argentina (ALEA) se coordinan políticas, estándares y acciones comunes.
Combatir el juego ilegal es parte central de ese esfuerzo. Allí donde no hay licencia, no hay controles ni responsabilidad frente al daño. En los últimos dos años, se avanzó con más de dos mil bloqueos de sitios web y perfiles en redes sociales, además de talleres y acciones de concientización en escuelas, clubes y espacios comunitarios, alcanzando a decenas de miles de chicos, adolescentes y familias. Es importante destacar el rol de la Fiscalía Especializada de Juegos de Azar y de Apuestas (FEJA), a cargo de Juan Rozas, creada en la órbita del Ministerio Público Fiscal durante esta gestión, que ha traído resultados altamente positivos y, hasta el momento, únicos en la Argentina.
Pero el control, por sí solo, no alcanza. El juego responsable también se construye con diálogo. Por eso impulsamos la campaña “Hablar es ganar”. Cuando el tema se conversa en la familia, en la escuela, en los clubes, el riesgo disminuye. Cuando se pone en palabras, se vuelve visible. Cuando se nombra de forma correcta, se puede enfrentar.
Llamar a las cosas por su nombre es una forma de responsabilidad pública.
El juego es juego.
Las apuestas son apuestas.
Menores y apuestas, nunca.




