Cuestión de roles en la pareja

Daniel Della Costa
Daniel Della Costa LA NACION
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18 de febrero de 2010  

La presidenta de los argentinos se despachó días pasados contra LA NACION porque este diario negó los días de prisión que ella dice haber soportado durante la dictadura. Por fortuna esta vez no acudió, para hacer la desmentida, a su reservorio zoológico ni a citas alteradas de clásicos castellanos. Todo lo cual llama la atención por dos causas. Una, porque altera una simpática costumbre, que parece haberse detenido en chanchos, pollos, buitres y perros. Y otra, porque dada la multitud de problemas que acosan al Gobierno, que haya aprovechado, otra vez, un acto oficial y su transmisión por TV sólo para quejarse de un medio gráfico es, por lo menos, curioso. Ya que, dadas las penurias por las que atraviesa la población para poner el churrasco diario sobre la mesa de la cocina, tal vez podría haber aprovechado la circunstancia que se le presentaba para anunciar, por ejemplo, el subsidio a la marucha y al bife de cuadril.

Que no haya ocurrido nada de esto puede tener su explicación. Acaso el matrimonio presidencial tenga los roles bien diferenciados. Ella tal vez se ocupe casi exclusivamente, aparte de su cuidado personal, de mantener encendidos los pebeteros del altar progre de los 70, que se corresponden también con aquellos años felices del noviazgo y el matrimonio. Y él de todo lo demás. En consecuencia, y como él acaba de ser operado de un fiero contratiempo en la carótida, lo único que subsistiría de la acción presidencial, por el momento, sería lo referido a los 70, y de allí que todo se reduzca, por el momento, a ese tópico. Para que asome una solución para los gravísimos conflictos que hoy debe enfrentar al Gobierno y para aprovechar los buenos negocios que se le pueden presentar a la pareja pari passu el ejercicio de la presidencia hasta fines del año que viene, habrá que esperar a que el hombre se reponga y vuelva al ruedo con toda la energía, ecuanimidad y simpatía que se le reconoce.

Entre tanto, a la prensa, especialmente a la opositora, le queda, más allá del clima turbulento que ha sabido crearle el matrimonio, una satisfacción: es la preferida de los Kirchner, que sin duda no dejan de leer hasta la última coma o, al menos, esa recomendación estricta es la que le hacen a sus empleados de la oficina de prensa del Gobierno. Algo fácil de deducir, porque así como muchas veces se han quejado de lo que publican sobre ellos los medios opositores, jamás tuvieron una palabra, ni de agradecimiento ni de nada, por los forzados periodistas leales, que bien se matan por hallar algo bueno, dentro de la actual barahúnda, en los diarios, las revistas y en la TV oficial. Donde, como ocurrió hace muy poco, no se les ocurrió nada mejor que sacarla a ella de la pantalla cuando lucía sus mejores galas y manifestaba lo mejor de su facundia, para pasar un partido de fútbol.

"Maestro -dijo el reo de la cortada de San Ignacio, sumido y extenuado-, ¿hasta cuándo voy a estar a dieta de milanesas de soja y agua de la canilla para poder llegar a fin de mes? Le juro que lo escucho a Rivero cantar aquello de "pucherito de gallina con viejo vino carlón» y hasta me vienen ganas de morfarme el disco de 33." © LA NACION

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