
Cuidar la riqueza ictícola
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Un reciente informe del Instituto Nacional de Desarrollo Pesquero (Inidep) ha puesto otra vez sobre el tapete el tema de la prohibición de la pesca de la merluza hubsi, establecida para todo este año. Se trata del principal recurso de la llamada flota fresquera con asiento en Mar del Plata. La medida se funda, por supuesto, en el riesgo inminente de extinción de la especie.
El alerta sobre el peligro de que se agote el caladero de la merluza se viene formulando desde 1993. Por supuesto, la cuestión es compleja y presenta múltiples aspectos, que conviene revisar ordenadamente.
En primer lugar, no hay dudas en cuanto a la necesidad de preservar el recurso ictícola a toda costa. Es claro que si la merluza desaparece, todo lo demás carecería de sentido.
En segundo término, es difícil eludir las implicancias sociales del problema. En el puerto marplatense trabajan de modo directo o indirecto 20.000 personas, afectadas a la pesca o a su procesamiento ulterior. Si la prohibición se hace efectiva, por lógica se agravará el desempleo, ya alto en la ciudad -asciende al 17 %-, y se reducirán los ingresos que la industria genera para la comuna (un millón de pesos diarios).
Por lo tanto, si la prohibición se hace efectiva o se establecen cupos restringidos hay que buscar soluciones alternativas para la flota fresquera (intensificar la pesca de otras especies, por ejemplo).
En tercer lugar, debe advertirse que la extinción de la merluza obedece, en buena medida, a la pesca clandestina, realizada por buques-factoría que arrasan con la fauna ictícola merced al uso de medios tecnológicos desproporcionados. Los recursos para el control de esta piratería son insuficientes y los ardides para fluctuar de modo zigzagueante en los límites del Mar Argentino les permite a los intrusos realizar sus capturas y escapar después de la vigilancia.
A esta conducta ilegal se suma el hecho de que, dentro de los convenios establecidos con la Unión Europea, se han fijado exclusividades para los caladeros de langostinos que benefician a flotas de otros países. Asimismo, han existido irregularidades y sospechas de sobornos referidas a la anterior gestión con relación a la extensión de permisos de pesca. Este aspecto reclama un esclarecimiento a fondo y el consiguiente castigo, si corresponde.
Este cuadro permite apreciar que las salidas positivas exigen cuidar el recurso, buscar alternativas que aseguren el trabajo y la producción, perfeccionar los controles y, cuando resulte aconsejable, renegociar compromisos internacionales.
Las autoridades deben obrar sin demora y con visión amplia para reencauzar una actividad que ha venido consumiendo los recursos naturales por un exceso de ambición en el afán por alcanzar niveles de exportación elevados. Nada más parecido al cuento de los huevos de oro. El recurso precioso en riesgo de desaparecer son, en este caso, los peces.






