
Cultura de la vida y de la muerte
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Aunque las apariencias sean las de tiempos de paz, hay elementos que permiten pensar que estamos inmersos en una guerra global de otro tipo: una guerra entre dos modos de plantearse lo que son los seres humanos.
Por una parte se insiste en la igualdad y dignidad esenciales de todos los humanos. Por la otra, se vuelve a algo peor que la esclavitud ya que se considera que hay vidas humanas sin valor, despreciables o utilizables como animales o cosas.
Es la guerra entre la Cultura de la Vida y la Cultura de la Muerte. Como no hay derecho sustentable sin el derecho a vivir, hay una necesidad en sostener que toda vida humana es valiosa y debe por ello ser respetada y cuidada, también cuando es débil e indefensa.
En ese sentido me pregunto si la historia no nos enseña que el arma poderosa de la Cultura de la Vida es la verdad más que contestar estadísticas. Si lo fuera, su victoria no consistiría en vencer, sino en convencer. Y convencer mostrando y utilizando los otros compañeros de la verdad: la belleza, la bondad, la felicidad, el amor.
Entonces, ¿y si nos empeñamos en comprender a las víctimas de esta avanzada a favor del aborto tendiéndoles una mano? Poniéndonos en "sus zapatos" más que afeando lo incongruente de su postura -tantas veces no querida, no entendida en su profundidad- podríamos mostrarles la verdad de lo contrario, y en este caso de la bondad de la maternidad y del amor que pueden dar y recibir del ser inocente e indefenso que llevan dentro.
Cuando una cosa -¡una persona!- se conoce bien, a fondo, no sólo en sus niveles de manipulación científico-tecnológica, sino también en su misterio y belleza más profundamente humanas, si hay sincero amor a la verdad en el que conoce, entonces surge la benevolencia: la admiración, el respeto y el amor por ese ser y en consecuencia se le protege y se le ama.






