
Cultura pública, cultura privada
Por Gustavo López Para LA NACION
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Cuando decimos que una sociedad crece decimos que avanza en términos económicos, que genera más recursos, que logra incorporar a más actores sociales porque éstos alcanzan un mayor grado de acceso a los bienes de la sociedad, en un proceso de equidad. En definitiva: cuando, de manera concreta, mejoramos la calidad de vida.
Esto se aplica también a la cultura de Buenos Aires, que se encuentra en una etapa sostenida de crecimiento y proyección. En plena expansión, las industrias culturales se nutren de un valioso patrimonio tangible e intangible y de una producción artística y cultural rica y fértil, que hacen que el sector sea uno de los principales factores de desarrollo humano y social.
Pero crecer es también superar prejuicios, revisar concepciones equivocadas, abandonar posturas estériles. Ambito plural y diverso, de fuerzas en movimiento y de creación permanente, la cultura obliga a encontrar formas de relación fructíferas en los sectores que la expresan. Quienes nos desempeñamos en la gestión pública de la cultura en la ciudad de Buenos Aires entendemos que nuestro desafío pasa, de manera primordial, por asumir el papel de articuladores con capacidad para integrar las distintas áreas del campo cultural.
Algunos todavía tienen la visión de que los ámbitos público y privado son sectores en pugna, con diferencias irreconciliables que les trazan caminos paralelos y separados. Con este tipo de escenarios, los distintos actores sociales nos vimos siempre en la obligación de andar por alguno de esos dos carriles, desconociendo al otro.
En la ciudad de Buenos Aires, estos prejuicios están siendo dejados definitivamente en el pasado. Estamos trabajando con decisión y entusiasmo para entablar relaciones de cooperación y de intercambio entre todos los sectores: el público, el de las empresas, el de los creadores, el de las organizaciones de la sociedad civil, etcétera. La nueva sinergia resultante de aunar recursos, ideas e intereses ensancha las áreas de acción y multiplica la capacidad de hacer y de pensar la cultura.
La gestión pública no se agota en la organización y la oferta de una agenda cultural, que, no está de más decirlo, es variada y de gran calidad. Estamos concentrados también en construir herramientas de gestión, en generar nuevos espacios para el diálogo cultural, en abrir más caminos para acercar a más gente a la cultura. Como consumidores o como productores, como artistas o como emprendedores. La creación del Observatorio Cultural es un ejemplo de la clase de instrumentos que diseñamos para fortalecer la planificación de políticas públicas en el área de la cultura. El Fondo Cultura BA, de reciente lanzamiento, es un nuevo camino para llegar con respuestas a diferentes actores de la cultura. Otras medidas buscan constituirse en motor de alianzas estratégicas para fortalecer sectores con potencialidad de crecimiento económico, como el Programa de Apoyo a Sellos Discográficos y la colaboración en ferias como Puro Diseño y la semana del arte.
Estamos avanzando también en la creación de marcos legales para la cultura de Buenos Aires. Queremos dotar a la ciudad y a su gente de leyes que promuevan fuertemente la incorporación de los emprendedores privados al quehacer cultural de nuestra ciudad. Ejemplos de ello son la promulgación de una ley de cultura para Buenos Aires y de la ley de mecenazgo, ambas en etapa de diseño.
Así, entre todos, hemos logrado construir las condiciones de posibilidad para instalar esta filosofía de trabajo. Lo hacemos porque sabemos que estamos en condiciones de establecer otra calidad de diálogo entre los distintos sectores de la sociedad. Este giro requirió cambios, tanto dentro del Estado como en el sector privado. Se expresa en una relación de doble vía: por un lado, el sector público apuesta a detectar y apoyar la creación de sus artistas, las iniciativas de emprendedores, el surgimiento de industrias culturales. Por otra parte, el sector privado amplía su campo de visión para, más allá de los negocios, hacer foco en el valor social y cultural que encierran las producciones culturales, expresiones de la identidad de la sociedad.
Hoy es posible visualizar más claramente el lazo que une a una empresa con la sociedad. Hoy son muchas las pequeñas, medianas y grandes empresas de Buenos Aires que entienden que su futuro está ligado al futuro de la gente de su ciudad. Que el crecimiento económico genuino va unido al crecimiento de toda la sociedad, en términos de constituir un tejido social más cohesionado, con mayor educación, más salud, más trabajo, con una identidad cultural fortalecida. En suma, con hombres y mujeres mejor preparados para hacer valer su condición de ciudadanos.
En esta línea están nuestras políticas. Por la reciente Noche de los Museos pasaron más de 35.000 personas, muchas de las cuales entraron por primera vez en esas salas. Otro tanto ocurrió en los últimos años con el Festival Internacional de Tango, con el de cine independiente, con Guitarras del Mundo, con los recitales populares de verano, con la recuperación del casco histórico y con otros circuitos culturales y turísticos de nuestra ciudad. Estos eventos no son un cúmulo de acciones erráticas y efímeras: responden a los ejes estratégicos que nos propusimos desarrollar durante esta gestión y que están ya instalados en las agendas culturales nacionales e internacionales.
Estamos trabajando, con esfuerzo y humildad, para proyectar a Buenos Aires como capital cultural de América latina, como lugar de encuentro, de diversidad. El año 2010 es un horizonte, pero está lejos de ser un límite para la creatividad y la expresión de nuestra identidad cultural.




