
Datos
"Se cometió un error metodológico. Se armó mal el universo por medir, o se construyeron mal las preguntas, o se recolectaron mal los datos..."
(Del sociólogo Artemio López, cuyas encuestas predecían un amplio triunfo del gobernador Rovira.)
Nos acaba de llegar una encuesta que dice que el 25 por ciento de las encuestas son ridículas, el 36 por ciento, erradas; el 22 por ciento, mal hechas; el 13 por ciento, compradas, y el 14 por ciento, inventadas. Estábamos a punto de sacar una gran nota que hundiera el filoso cuchillo del análisis en la carne fresca de estos datos, cuando un colega puntilloso dijo que pasaba algo raro, porque la suma de los parciales daba 110 y no cien. Aunque al hacer la cuenta vimos que nuestro compañero tenía razón, nos fue imposible evitar una maldición en el fondo dirigida a él mientras tirábamos el informe al tacho.
Es que adoramos las encuestas. Todo el mundo muere por ellas. Un vecino que detesta los gritos me confesó que se aficionó al programa de Tinelli cuando se enteró de que hacía 30 puntos de rating. Otro le pidió el divorcio a la esposa al cumplir ocho años de casados para no ser menos que el promedio y un tercero se encuentra en un dilema físico por tratar de cumplir con la estadística que dice que los argentinos tenemos un televisor y medio por familia.
Los médicos adoran las encuestas. ("Lo siento por usted, pero el remedio que le he dado causa infartos apenas en el uno por ciento de los casos.") Los políticos adoran las encuestas, excepto el gobernador Rovira, que comenzó a odiarlas de un día para otro. Y el Presidente, sobre todo, adora las encuestas. No sabría gobernar sin esos datos. Cada mañana consulta a los augures y husmea en el aire la tendencia imperante. Después de lo de Misiones, se lo ve muy dispuesto a convertirse en paladín de la lucha contra la reelección indefinida. Así, piensa para él, si rema a favor de la corriente, podrá quedarse muchos años calentando el sillón de Rivadavia.






